jueves 28/1/21

Rajoy duerme desnudo

Rajoy se ha vuelto campechano, hace deporte con pantalón corto y calcetines blancos, se toma una caña y besa todo lo que se pone por delante.

Me los dijeron ayer las lenguas de doble filo: Rajoy duerme desnudo. Harto de corbata, de traje, de zapatos italianos y camisas de seda, el presidente siente la necesidad de dejar colgado en una silla todo lo que arrastra su cuerpo atlético durante el día y aprovecha la noche para darse el gusto de verse sin los ornamentos presidenciales. Pero sobre todo, a Rajoy le pesan los plasmas, esas pantallas fronteras entre los ciudadanos, los periodistas y su discurso. El cuerpo le pide cercanía, contacto, chatos en el bar de Manolo o comidas en el Ritz rodeado de albañiles degustando los tapers que la buena de Viri le ha preparado el día anterior para que hagan juego con las fiambreras de los obreretes del andamio.

D. Mariano ha recortado de todo durante estos cuatro años. Han disminuido los servicios sociales, las ayudas a dependientes, las inversiones en educación e investigación, en sanidad y en todo lo que se puso al alcance de sus tijeras salvadoras. Y no iban a ser menos sus apariciones ante la prensa. Pocas veces se ha puesto delante de un micrófono y cuando lo ha hecho ha procurado elegir las preguntas que debían hacerle y los periodistas que debían formularlas. Sin embargo resultaba inevitable que algún plumilla enemigo colara su maligna pregunta para la cual el presidente llevaba preparada la respuesta oportuna. Al presidente le preguntaban por la dimisión de un ministro como Gallardón y él respondía que la economía iba viento en popa y que estábamos siendo salvados del abismo en que nos dejó Zapatero. Le preguntaban por los mensajes amorosos enviados a Bárcenas y Rajoy respondía que la economía iba viento en popa y que estábamos siendo salvados del abismo en que nos dejó Zapatero. Y si algún osado interlocutor le indagaba sobre el número escandaloso de hogares sin ingresos para lo más elementalmente vital, él respondía que la economía…nos dejó Zapatero. Pero hay que reconocerle que alguna vez tuvo iniciativas propias. Recuerden cuando le preguntaron sobre las informaciones de prensa sobre los sueldos en negro. D. Mariano, haciendo un alarde de improvisación, respondió que todo era mentira menos alguna cosa. Ese día los ministros acudieron a palacio para felicitar y felicitarse de la capacidad de comunicación que tenía el presidente.

Pero si había algo de lo que Rajoy se despojaba cada noche era de los plasmas. No soportaba la obligación que le imponían su asesores de hablar a través de una pantalla que separaba a los periodistas de su discurso. Incluso el marido de Celia Villalobos había pensado en poner concertinas en la pantalla por si algún periodista escalaba y llegaba a enfrentarse cara a cara con el presidente. Había que detener en la frontera de la legalidad a quienes deseaban hacerle al presidente preguntas no pactadas o a aquellos que venían de cadenas de televisión que martilleaban con el tema de la corrupción. La corrupción estaba más acá del plasma. Más allá estaba la inmaculada concepción del PP concebida sin pecado original y crucificada por las hordas judeomasónicas.

Ahora es otra cosa. Rajoy se ha vuelto campechano, hace deporte con pantalón corto y calcetines blancos, se toma una caña apoyado en la barra de un bar de barrio y besa todo lo que se pone por delante, desde el pie de la Macarena a la muchacha de ojos verdes y labios carnosos, desde una viejita desdentada a un bebé que llora porque no está acostumbrado a unos brazos presidenciales. ¿Por qué los candidatos besan a todo el que se pone por delante? No lo sé, pero unas elecciones sin besos es como un gazpacho sin sal.

Tal vez los besos dan seguridad a los candidatos. Y Rajoy está tan seguro de que la economía va viento en popa…Zapatero, que tiene que besar hasta el Cristo de Medinaceli. Además es consciente de que él es el único que puede seguir viendo cómo en España empieza a amanecer. Un muchacho con coleta y camisa barata de Alcampo no puede dirigir un país aunque sea doctor en Ciencias Políticas, Licenciado y con master en no sé cuántas disciplinas, ni un imberbe como Rivera porque para franquista se basta él solito, ni el padre de Monedero con VOX donde reside toda la ultraderecha de una país instalado en la mediocridad del centro, ni el guaperas Sánchez que va sembrando tópicos y párrafos grises y sin contenido creador por las plazas de los pueblos. Sólo Rajoy se sabe salvador del mundo que quita los pecados y nos hace dignos del complot de la economía contra los derechos más humanos.

Son las tantas. A esas horas no hay partidos de fútbol ni carreras ciclistas. Rajoy se desvincula de su cargo de presidente y se duerme desnudo como le recomienda el marido de Celia Villalobos.

Rajoy duerme desnudo