jueves 28/1/21

Dios no es catalán

Dios no es catalán. Es más bien Pelayo de Asturias o Fernando el del espíritu que impera y moriremos besando la sagrada bandera.

Dios no es catalán. Es más bien Pelayo de Asturias o Fernando el del espíritu que impera y moriremos besando la sagrada bandera

Pelayo es rocoso. Es piedra preciosa, monumento altivo, con una virgen al fondo porque los guerreros españoles siempre llevan una virgen en la grupa de sus corceles blancos. Pelayo, el alfa de la uniformidad española, tiene su santina asomada sobre unos lagos que aparecen y se ocultan con la velocidad de una niebla repentina. Y es que Pelayo es el brazo armado de dios como todos los luchadores por la patria que hemos tenido en la historia. El batallador es la parte visible de un dios empeñado en construir un todo anexionando, pueblos con pueblos, lenguas con lenguas, almas con almas. Y así hasta vencer al comunismo e implantar al soldado que nos llegó de Africa, que culminó la santa cruzada y fue generalísimo de todo por la gracia de Dios.

Fernando es el de nuestra España gloriosa que nuevamente ha de ser la nación poderosa que jamás dejó de vencer. Es el elegido de dios para expulsar al moro sin ni siquiera agradecer sus aportaciones a la medicina, a la filosofía, a la cocina y a esa arquitectura que hace de la filigrana del aire la hermosura de la piedra tallada como si de esculpir un amanecer se tratara. Y Bobadil lloró, aunque un hombre macho no debe llorar, que dice el tango. Lloró, porque decir adiós a Granada era como arrancarse la hermosura de cuajo.

Fernando e Isabel  tanto monta, monta tanto. Era una lista cremallera que inauguraba la modernidad. Expulsaron al moro, al judío porque no podíamos aguantar que la virgen de Pelayo y el dios en cuyo nombre reinaban los jerarcas católicos fueran desbancados por un dios con turbante. La islamización que hoy tanto temen algunos estaba prevista en aquella expulsión y fueron después nuestros ministros del interior los que modernizaron las defensas y sembraron de muros con cuchillas las fronteras. Ya no había que ir a luchar. Mientras Fernández Díaz comulgaba o rezaba el santo rosario, los africanos se desgarraban solitos la piel y manchaban de sangre enemiga el imperio de Cristo Rey. Condecoraron a cientos de vírgenes, les asignaron altas graduaciones militares y Morenés impuso el fajín de capitana general a las guerreras que daban su protección a las milicias que luchaban por la patria sacrosanta en contra de los herejes. Porque por encima del amor evangélico están los intereses de un occidente cristiano como el que defiende el primer ministro húngaro. “Cristo nos defenderá de esos que huyen de la muerte en Siria porque no son cristianos”, porque no traen a una virgen a la grupa de su espanto. Traen sólo miedo, angustia, amor a la vida y esperanza limpia.

Pero ahora lo importante es dejar claro que Dios no es catalán. La unidad de España –ha dicho el cardenal Cañizares- es obra del Espíritu Santo. No es producto de la Constitución, como se empeña en decir Rajoy, ni debe preocuparnos el infierno hacia el que caminan. Los catalanes, si se separan, se van a un infierno no porque los ignore Europa o dejen las nacionalidades (el concepto de nacionalidad no lo tiene claro Rajoy, ni falta que le hace) ni por los corralitos ni por cosas por el estilo. Se van al infierno porque disparan directamente contra el espíritu santo y esto es imperdonable. Y además –aunque esto no lo argumenta nadie- tendrán que devolvernos a la Moreneta porque sólo los vencedores como Pelayo, Fernando y Rajoy primero de Europa tienen derecho a llevar una virgen en su séquito.

Dios es de derechas y más concretamente del Partido Popular. Por eso puede actuar a través del cardenal Cañizares. Y por eso el príncipe de la iglesia organizó una vigilia, para pedirle a ese dios de derechas de toda la vida que no se rompa la uniformidad (algunos llaman unidad) de España. Cuando él la reunió en torno a Fernando (católico por supuesto) tuvo que llevar a cabo una gran expulsión. Ahora las expulsiones tienen menos sentido porque las cuchillas se encargan de evitar las entradas. Somos un bar inmenso con reserva de derecho de admisión. Y Antonio Cañizares entiende y bendice esas cuchillas asesinas porque nos libran de una islamización que pervertiría nuestras costumbres cristianas. Pero tampoco quiere la marcha de los catalanes porque a las afueras de nuestras fronteras todo es perversión, permisividad, familias rotas, minifaldas, tangas y según lo que ha detectado el obispo de Alcalá de Henares no se obliga a los homosexuales a mejorar su enfermedad de entrepierna. “No hay razón moral para esa separación” dijo Cañizares.

Dios no es catalán. A Dios se lo han apropiado y es parte del patrimonio artístico de una jerarquía que lo destina a donde quiere sin que permita la coincidencia con los que rompen fronteras con su carne, con los que hacen las divisiones de los países con gotas de sangre. Dios es propiedad de Pelayo y de Fernando.

Dios no es catalán