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jueves. 18.08.2022

La democracia no espera

Deberíamos preguntarnos cuanto antes, y con la precisión de un cirujano, por la pervivencia de la democracia...

Deberíamos preguntarnos cuanto antes, y con la precisión de un cirujano, por la pervivencia de la democracia. Sin miedo a separar capas, a abrir tejidos para llegar de forma irremediable hasta tumores para extirparlo evitando hemorragias, pero con la decisión de quien  sabe que se puede acabar la anestesia y en consecuencia aportar un  dolor indecible al cuerpo que está delante sobre una mesa,  cubierto por completo de oscuridad y donde sólo se percibe el campo operatorio. Es la forma única de terminar con éxito una intervención y devolver al enfermo a la normalidad gozosa de su vida. Pero antes, debe el cirujano contar con estudios de tiempos de coagulación, salud cardíaca, oxigenación en sangre, etc. para que la intervención responda al diagnóstico previo y exacto.

“Le llaman democracia y no lo es”. Algunos movimientos ciudadanos han llegado a esta conclusión. Nos queda el nombre pero se nos ha vaciado de contenido

La democracia es una parámetro político, el menos malo, para convivir en  paz y llevando a la ciudadanía al ejercicio de la responsabilidad de sus tareas y a la plenitud de su dignidad como seres humanos.

Nuestra democracia fue el resultado de un esfuerzo de sudor, sangre e incluso muerte de un pueblo rebelado durante años contra una dictadura infame. El triunfo empezó allá por 1.975 cuando desentubaron a España, al dictador le explotó el trombo como una granada y el horizonte se llenó de libertad. Empezó el caminar y hemos llegado a 2.014 dejando atrás tricornios invasores, cafeterías Galaxias sin clientela de sables y cuarteles militarmente cuadrados ante el poder civil.

“Le llaman democracia y no lo es”. Algunos movimientos ciudadanos han llegado a esta conclusión. Nos queda el nombre pero se nos ha vaciado de contenido. No hay democracia. Y los profesionales de la política llaman a estos movimientos izquierdas radicales, antisistema, filoetarras, terrorista de baja intensidad y nos previenen contra sus formas de ver la política con el mismo interés e inyectando el mismo miedo a la ceguera que nos metía la iglesia ante la masturbación. Pese a las autodefensas de los políticos “profesionales” frente a estos movimientos, creo que en el fondo son conscientes de que en este país nos hemos dado cuenta de que no queremos confundir democracia con esa bulimia de poder que ellos ostentan. El pueblo tiene hambre de democracia y precisamente por esa necesidad incuestionable desprecia lo que nos quieren vender como tal. Necesitamos una democracia viva, dinámica que se proponga metas de bienestar para la ciudadanía,  que tiene la impresión de que le están entregando una democracia de plástico como si la hubieran encargado en esos bazares chinos donde venden paraguas y velas de cumpleaños todo mezclado y sin calidad ninguna.

Los políticos son vistos como un problema para la democracia y no como una solución que le dé cuerpo, elegancia y plenitud a esa tarea en favor de la res-pública. Todos los días nos desayunamos con apropiaciones indebidas, sobresueldos, mordidas, dinero arrebatado y evadido. Y ver que mientras unos buscan un trozo de pescado en un contenedor otros están amontonando dinero robado a sus estómagos, no es precisamente un aliciente para apreciar a los políticos.

Aparte la corrupción económica, lo que realmente destruye la democracia es la corrupción de la palabra. Cuando se quiere hacer creer que no ha habido ni hay otros caminos para salir de la crisis (de la estafa, para hablar claro) que matar de hambre los estómagos o dejar sin recursos a los dependientes, el ciudadano toma conciencia de que a los políticos no les importa el bienestar de la población en general, sino el enriquecimiento de los poderosos. Desde que el actual gobierno subió al poder, los dueños del Ibex han visto aumentada su riqueza en un 67 %.

Y ahora vuelven a salir a la plaza pública y sin el más mínimo rubor los mismos que sabía que no podrían cumplir el programa que presentaron, pero que no obstante predicaron y vuelven ahora a soltar como un mantra de la falsedad. María Dolores de Cospedal dice que el Partido Popular “jamás ha engañado a sus lectores”  Y Pons asegura que el gobierno está cumpliendo su programa y que terminará de llevarlo a la práctica cuando termine la legislatura. Y Rajoy se siente contento ante los datos de una EPA que demuestra que hay una miseria que nos llega al cuello. Y Báñez asegura que la recuperación va sobre ruedas. Y Montoro afirma en sede parlamentaria que vamos a asombrar al mundo.

Un gobierno prevaricador que miente a sabiendas está demostrando que le sobra la chulería de sus afirmaciones para reírse descaradamente de los ciudadanos. Y a los ciudadanos nos escuece esa chulería porque uno se imagina a Arriola riéndose en su despacho de las consignas impuestas a los Florianos, a los Pons, a las Dolores, Las Fátimas…

Cuidado. El pueblo no es tonto. Y esos políticos prevaricadores son el mejor caldo de cultivo para la aparición de salvapatrias, de movimientos de polainas, de amaneceres dorados o de ultraderechas como en Francia. La democracia se puede desesperar y convocar fuerzas que nada tienen que ver con las aspiraciones legítimas de todo un pueblo.

La democracia no espera