martes. 05.03.2024

Buenos días tristeza

Cuando miras las listas electorales te suenan a ayer los nombres recién estrenados que dicen ser el hoy político recién creado.

Hay días tristes por definición. Cuando el dolor, cuando la muerte, cual la piel se hace astillas porque te explota la tristeza entre los dedos. Descubro que políticamente hay no sólo días, sino también épocas enteras.

Hasta hace dos días nos despegábamos de almohadas tristes, nos poníamos traje y corbata tristes y al camarero del café y la tostada le decíamos de forma automática, buenos días tristeza. Y al compañero de trabajo, y al hijo en la puerta del colegio, y a la pareja falta de caricias porque la última palabra de la noche anterior era también gris, buenas noches tristeza.

Pero eso fue hasta hace muy poco. Prohibido ponerse enfermo porque te podían despedir del trabajo. Prohibido ser mujer en edad fértil porque la preñez conllevaba un castigo laboral. Prohibido ser pobre porque te arrancaban la casa de la piel y te la quemaban con una hipoteca perdurable por los siglos de los siglos. Prohibido ser viejo porque debías darle de comer a dos hijos parados, dos nueras paradas y tres nietos con quinientos euro de pensión. Prohibido ser joven porque te troceaban el futuro. Prohibido tener cincuenta años porque ya eres viejo no encontrarás trabajo ni en Laponia. Prohibido no tener formación porque nadie te ofrecería un empleo. Prohibido ser investigador porque emigrarías a Alemania a servir cervezas. Prohibido exigir dignidad porque eso sólo lo hacen los radicales izquierdistas, antisistemas y empeñados en destrozar la elegante democracia en la que vivíamos. Prohibido exigir derechos porque los pobres sólo tienen obligaciones. Y con esa existencia nos escocían los besos, eran un lujo las caricias, el pincho de tortilla, el hijo como aspiración de la fusión más hermosa, la alegría de ser joven, de pisar la madurez luminosa de la vida, la alegre jubilación como pleonasmo de la existencia.

Hasta hace muy poco fue así. Ahora se divisan elecciones y la tierra que nos prometieron en las anteriores votaciones empieza a vislumbrarse. Los actuales moisés parten en dos el mar que separaba a pobres y ricos. Estos seguirán siéndolo en mayor medida porque así son los designios del dios de derechas, pero los pobres dejarán de serlo porque el gobierno futuro luchará para que la justicia obligue a ponerse de parte de los que menos tienen, porque ahora se ha dado cuenta que hay que crear empleo, subir los salarios, mejorar las pensiones, mejorar la sanidad para que no se mueran los votos enfermos de hepatitis C, para que todos los chavales tengan posibilidad de estudiar, para ahondar en la investigación, para no desahuciar, para manifestarse en libertad, para abortar sanitariamente porque la mujer es propietaria de su cuerpo. Todo eso que se recortó por una herencia maldita que legó Zapatero, ahora se puede poner en pie. Hemos superado la crisis. Se acabaron los estómagos vacíos y sobran los comedores sociales, se pueden triturar por falsas las estadísticas de Caritas porque sólo las mantienen los bolivarianos empeñados en dibujar un país negro en el que la gente sigue saludando, buenos días tristeza.

Hemos dejado atrás la crisis (sólo algunos miopes malintencionados le llamaban estafa) y no quedan bancos ni bankias de aquellos que estrujaban a los viejos. Los responsables de aquel robo al por mayor están en sus casas y todos somos felices.

Y dicen nuestros gobernantes que todo se ha renovado, que la justicia se ha impuesto y que el hombre viejo a dejado paso el bíblico hombre nuevo. Pero cuando miras las listas electorales te suenan a ayer los nombres recién estrenados que dicen ser el hoy político recién creado, candidatos recién bautizados, con túnicas blancas, puros y limpios, nunca pasados por juzgados, que nacieron a este mundo sin romper ni manchar la inmaculada concepción del futuro. Pero esta primavera electoral nace frustrada en si misma. Lo candidatos surgen de su propia cloaca, con hedor a carne corrompida, a estercolero estancado. No se renueva la piel con esqueletos de segunda mano.

No se inauguran amaneceres con cadenas en los pies que atan al pasado nauseabundo. No se difieren los vómitos. La ciudadanía tiene una hernia de hiato que recrudece y regurgita lo ya putrefacto en los estómagos. Nombres corrompidos que estuvieron en los orígenes de la corrupción rodeados de seres estafadores que apolillaron la palabra, los derechos y el dinero de los ciudadanos.

Lo que el ciudadano percibe son discusiones en las cuales cada uno se defiende el otro echándole en cara el ayer. Todos  tienen un pasado que nunca llegará a ser historia. Y ninguno tiene futuro, sino sólo porvenir.

Buenos días tristeza