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martes. 06.12.2022

Redoblar la acción sindical en un otoño caliente

El sindicalismo español inicia este mes de septiembre un periodo de especial trascendencia para su futuro y para el de la clase trabajadora.

El sindicalismo español inicia este mes de septiembre un periodo de especial trascendencia para su futuro y para el de la clase trabajadora. Primero, a través de un amplio programa de movilizaciones previstas para el otoño: concentraciones, asambleas, marchas, referéndum y, previsiblemente, Huelga General, en un sostenido programa de contestación a la política del Gobierno de Mariano Rajoy, para cuyo éxito la militancia sindical se está organizando junto a centenares de organizaciones sociales y políticas, en defensa del empleo, de condiciones de trabajo dignas, de derechos sindicales y en contra de la política de recortes y el desmantelamiento del Estado de bienestar.

Segundo, e igualmente importante, el sindicalismo se plantea la apremiante necesidad de responder y afrontar, con inteligencia y eficacia, los profundos cambios legislativos, económicos y en el mercado de trabajo que hemos conocido, que condicionan de forma muy profunda la Negociación Colectiva y los cientos de convenios aún sin resolver. Estos cambios reclaman que en este frente hay que concentrar todos los esfuerzos para evitar el riesgo de que la acción general diluya la acción sindical en los centros de trabajo, ya que constituiría el mejor regalo que podría recibir la derecha de nuestro país y el mayor éxito que se cobraría la Reforma Laboral.

La Reforma Laboral pretende debilitar la fuerza de los convenios de sector al intentar convertirlos en una referencia devaluada y genérica, con escasa capacidad vinculante, donde lo negociado fuera del estricto ámbito de la empresa por patronales y sindicatos se presenta como pieza alejada de la realidad de la misma.

Necesitamos readaptar muchas propuestas, incluida la concepción de la propia acción sindical en la empresa, para que sin abandonar ni lo más mínimo el convenio sectorial, podamos corregir la extendida realidad de que en la gran empresa es el convenio de empresa quien regula en exclusiva las condiciones de trabajo, sin referencia al convenio de sector, mientras las empresas medianas y pequeñas tienen como única referencia el convenio de sector y sus mínimos salariales, sin negociación de condiciones colectivas al considerarse las mejoras sobre el convenio de sector como concesiones voluntarias del empresario, muchas veces individuales, y absorbibles en la mayoría de las ocasiones.

La peyorativa reforma de la Negociación Colectiva que ha representado la Reforma Laboral, modificando el equilibrio mínimo que exige el derecho del Trabajo en las relaciones empresa-trabajador, debería ser un estímulo para que el movimiento sindical proceda a una profunda revisión de la actual estructura de la Negociación Colectiva, donde los actuales convenios de sector se modifiquen para convertirse de verdad en instrumentos que faciliten unas relaciones laborales maduras en las empresas. La mejor garantía de que el convenio de sector tenga una eficacia general es que sea un instrumento útil, lo que hasta hoy, hemos de reconocer, no ha sido la virtud de la mayoría de los convenios de sector.

No es buen signo de nuestra Negociación Colectiva que en muchos convenios aún hoy sea novedad la superación de las categorías profesionales, la regulación de la movilidad funcional, la bolsa de horas en la gestión de la jornada irregular para afrontar las necesidades de adaptación puntual a la demanda, como tampoco es buen signo que en los convenios de sector sea novedad la regulación de conceptos como salario variable, individual o colectivo, que conviviendo con salario convenio y otros conceptos fijos, responda a objetivos medibles y objetivables. O que sea una novedad el desarrollo de los derechos sindicales no con formulaciones genéricas o simplemente de mejora cuantitativa sobre la legislación, sino de derechos pensados y formulados precisamente para abordar mayores niveles de participación para abordar precisamente estas cuestiones muy normalizadas en la mayoría de los países europeos.

Que todos o muchos de estos conceptos sean todavía nuevos en no pocos de nuestros convenios colectivos y, en cambio, sean una realidad a veces no negociada en muchas empresas, no hace sino expresar un déficit, y la necesidad de modernizar los instrumentos, estructura y contenidos de la actual negociación colectiva.

Por todo ello es necesario reafirmar la necesidad de una acción sindical con los pies en los centros de trabajo, para afrontar todas aquellas materias que deberían ser hoy más determinantes que nunca en las relaciones industriales y laborales, porque no afrontarlas, o abandonarlas atenazados por la crisis, supondría un grave retroceso en las condiciones de trabajo y en el propio papel y la función de los sindicatos.

Hay que situar, como recogen con claridad Los Criterios para la Negociación Colectiva y la Acción Sindical para 2012 y 2013 aprobados por la Comisión Ejecutiva de la Confederación Sindical de CC.OO el pasado mes de Julio, la necesidad de redoblar en los centros de trabajo la acción sindical sobre el derecho a la formación, la contratación, las políticas de igualdad, la conciliación, la salud laboral, el desarrollo de la carrera profesional... , unido a una contundente ofensiva por ejercer y ampliar al máximo los derechos de información, consulta y negociación de los representantes sindicales sobre la marcha y evolución de la empresa. Por difícil y compleja que sea, la negociación colectiva sigue siendo la responsabilidad y la actividad por excelencia de las organizaciones sindicales y, por ello, es tan prioritaria como las movilizaciones sindicales generales, como hemos visto y seguiremos comprobando en este próximo 'otoño caliente'.

 

Redoblar la acción sindical en un otoño caliente
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