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viernes. 07.10.2022

No hay sindicato sin emoción de la militancia

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El pasado 31 de diciembre José Luis López Bulla en su muy activo Blog ‘Metiendo Bulla’ cerraba el año con un artículo titulado ‘La fascinación del sindicalismo’ donde de nuevo propone a las direcciones de CCOO y UGT, que inicien e impulsen, dentro y fuera de sus estructuras sindicales, el diálogo, el debate y la reflexión, que circulen el aire y las ideas para superar la ‘crisis’ y afrontar  el porvenir y la renovación del sindicalismo del siglo XX para poder responder con eficacia a las exigencias de la realidad del mundo del trabajo, de los trabajadores y trabajadoras de hoy, del siglo XXI.

Sugiere la necesidad de conocer el estado de ánimo y emocional de las gentes de los sindicatos, y cómo están viviendo los y las sindicalistas su compromiso con los valores y la misión de la actividad sindical, en unos momentos de dificultades provocadas por la crisis, y por el profundo cambio representado por la globalización y la revolución tecnológica. También por el desconcierto ante los fuertes ajustes y los despidos en los propios sindicatos, y el lógico sentimiento de incomprensión que causan los constantes ataques y campañas que han debilitado el prestigio de la función de los sindicatos y la reputación de sus miembros.

Son muchos los discursos, informes y artículos que se publican diariamente analizando el papel de los sindicatos, unos defendiendo lo hecho, otros alentando al cambio, algunos, incluso, deseando su desaparición. Y se publicarán más propuestas y opiniones, unas críticas, otras de apoyo, afirmando la necesidad, que comparto, de transformar la relación con los problemas, la función y los programas de acción, porque entienden que los sindicatos deberían acometer una profunda renovación.

Pero, como apunta JL Bulla, hay una pregunta imprescindible, que va más allá de los programas de acción y las plataformas reivindicativas, y que las dos confederaciones, igual que cualquier empresa u organización que viva el cambio se deberían responder: ¿Con qué emoción los dirigentes y cuadros sindicales ejercen su actividad día a día? ¿Con qué nivel de ilusión los militantes sindicales viven su compromiso? Porque precisamente la emoción e ilusión de las personas comprometidas es la que constituye la energía más determinante para el éxito en sus objetivos.

Los cambios que se han producido y se siguen produciendo en la sociedad y en la política son muchos y muy profundos. Están exigiendo nuevas formas de comunicación, de lucha y de relación dentro de las empresas, pues deben revolucionar la gestión de las personas, de los equipos que tienen muy poco que ver con los viejos valores de las rígidas y piramidales jerarquías, las viejas estructuras de la empresa fordista, y las organizaciones hechas a su semejanza, como son también los sindicatos.

Cambios profundos en las formas de gestión que hagan de las organizaciones sindicales un ejemplo de participación activa, de modo que, en sus distintos niveles, sea la iniciativa de sus miembros y no la consigna, la base de un liderazgo centrado en empoderar, formar y habilitar a su militancia, en saber escuchar con intuición. Es preciso renovar las viejas formas de dirigir, gestionar y organizar las estructuras sindicales que hoy demuestran ser lentas y estrechas para organizaciones que precisan aprender y comprender constantemente las nuevas complejidades del mundo del trabajo. Nuevas formas de gestión y dirección que salgan del círculo del erre que erre, de la costumbre. Que rompan la monotonía y la falta de emoción tan extendida que viven tantos ámbitos de la militancia sindical. Urge mejorar y abrir de par en par las puertas de la innovación, formar a la gente, comunicar mejor dentro y fuera, mimar la discrepancia para potenciar la participación, y evitar vivir de lo que fueron aciertos del pasado.

Conscientes de que, en la  mayoría de ocasiones, la auténtica exploración no puede limitarse solo a la búsqueda de nuevos territorios y nuevos programas de acción, sino que debe ser también capaz de aprender a ver con nuevos ojos la realidad presente. Porque es muy posible que también ahí estén muchas de las soluciones, empezando por la necesidad de recuperar el valor de la militancia y conseguir mirar hacia el futuro desde la acción, el coraje y la confianza, que han sido siempre valores intrínsecos del sindicalismo. Ofrecer a la militancia una organización con espíritu de servicio y transparente, donde se reconozca el esfuerzo y el  trabajo bien hecho de su gente, que es mucho. Unas organizaciones empáticas, capaces de escuchar, humildes e inquietas por aprender y formarse, y donde la militancia  sepa que está compartiendo su implicación y su compromiso con los mejores. 

Como en el cuento de Eduardo Galeano en la historia del niño a quien su padre llevó a descubrir el mar, y fue tanta la inmensidad ante sus ojos, que el niño tartamudeando pidió al padre que le ayudara a mirar. Nuestras organizaciones sindicales ante la complejidad de los cambios, la dureza de las críticas y reproches que están recibiendo, están en el momento de pedir a la militancia sindical: ‘ayudadnos a mirar’. Ayudadnos a mejorar, por que de estudios, informes generales y tesis, tenemos llenas las estanterías y los despachos. Ayudadnos a recuperar la emoción y la ilusión de representar a los nuestros, a la clase trabajadora. Porque sin esta emoción e ilusión podrá haber muchas estructuras, locales, anagramas, delegados, secretarías y órganos de dirección. Pero no habrá sindicato.

No hay sindicato sin emoción de la militancia