domingo 1/8/21

Manos a la obra, Pedro Sánchez y Pere Aragonès

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 Pedro Sánchez y Pere Aragonès se han emplazado a impulsar la mesa de diálogo sobre el conflicto político en Cataluña, o sea iniciar un proceso de negociación. Lo primero que podemos decir es que, si atendemos a la experiencia y a las técnicas que orientan para tener éxito en este difícil arte que es negociar, esta negociación empieza bien, ya que el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha cumplido el primer precepto del manual de negociación que aconseja que la parte de la negociación que se sienta más fuerte debe adoptar un enfoque más relajado y abierto, y ofrecer un dialogo más cordial y conciliador que la otra parte. Y, por ello, debe estar dispuesta a asumir el riego de hacer movimientos al inicio de la negociación, aunque se puedan considerar signos de debilidad. Así es como Pedro Sánchez se está comportando, no solo por los indultos y todo el riego y desgaste que representa esta apuesta, sino también por la actitud que mantiene a la hora de relativizar las afrentas y desaires que recibe de un sector del independentismo catalán, también presente en la mesa de negociación. 

Los negociadores más experimentados saben que siempre se debe intentar crear el adversario que deseas. Por esto, cuando se es más fuerte y se tiene una mejor correlación de fuerzas, lo más inteligente, aunque suene extraño, es reducir la diferencia para que la negociación se inicie con la mejor fluidez. Evitando cometer el "error del dominador", echar en cara al otro su ventaja, hiriendo así su identidad e incrementando el sentimiento de enemigo. Algo que se convierte en la mayoría de las ocasiones en un obstáculo casi insalvable para llevar la negociación a buen fin.

No podemos tener ninguna duda que, a las dos partes, tanto a Pedro Sánchez como a Pere Aragonés, los acompañan expertos y primeras figuras en las técnicas de negociación y por esto veremos, con más o menos claridad, como se van siguiendo los pasos preceptivos de toda negociación que aspire al acuerdo.

Veremos cómo se cumple el primer paso y condición, que es la de separar a las personas del problema. Eso que tantas veces hemos oído: “Duro para los argumentos y suave para las personas”. Esto es, atacar al problema con severidad y dureza apelando a criterios objetivos y razonables, y a la vez mostrar cordialidad, respeto, amistad y comprensión hacia la otra parte con la que se negocia. Al fin y al cabo, es la que tomará la decisión de aceptar o no el trato.

El segundo paso que veremos es como, poco a poco, se irán sustituyendo las posiciones extremas y las demandas imposibles por la búsqueda de intereses compartidos y compatibles. Es el momento que genera la máxima tensión en cada una de las partes de la negociación, el de aterrizar y dejar los grandes objetivos “innegociables”. El momento, podríamos decir, de abandonar la “razón” y abrazar lo “razonable”.

A continuación, si todo va bien, la negociación entrará en el “tercer paso”.  Precisamente cuando se agrandará el espacio de materias y conceptos del conflicto a negociar. Surgirán las nuevas ideas y las propuestas que “agrandarán el pastel“, como se suele definir en el argot de la negociación. Es cuando se romperán los estrechos límites del círculo cerrado en el que se iniciaron las negociaciones, el círculo en el que se encerraban las posiciones de inicio, las que se han presentado insistentemente como inamovibles.

Hoy sabemos que el éxito de esta negociación no está escrito. Pero tenemos derecho al optimismo y a exigir profesionalidad en una negociación que será larga, que requerirá confianza, contactos discretos y comunicados que irradien pedagogía en lugar de incendiar todavía más la ya difícil situación.

Parece que por ahí apunta la estrategia de Pedro Sánchez y también la de Pere Aragonès. No sabemos cuál será el final de esta apuesta, pero sabemos lo mucho que nos jugamos y los muchos y poderosos sectores que esperan y harán lo imposible para que fracase.

Hoy votamos a favor del optimismo: estamos superando la pandemia, los índices económicos son esperanzadores. Y el acuerdo alcanzado por Gobierno, Sindicatos y Patronal para modernizar y reforzar la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Así que, dejemos que lloren los cenizos, tan bien representados por las derechas nacionalistas, española y catalana,  del “cuanto peor mejor”.

Manos a la obra, Pedro Sánchez y Pere Aragonès