viernes 27/11/20

Hablemos bien de aquello que funciona bien

Aunque los que entienden de las cosas de las emociones y la personalidad nos digan que es sano hablar bien de los demás, parece que estamos más acostumbrados a subrayar los problemas y defectos que vemos en ellos, puesto que parece mucho más fácil y cómodo dejarnos dominar por lo que va mal de los demás. Pero tengo un amigo que desde hace un par de semanas, con sus crónicas diarias publicadas en su prestigioso y muy seguido blog, está rompiendo esta tesis. Las escribe desde la ambulancia que cada mañana puntualmente le recoge en la puerta de su casa para hacer el viaje, de ida y vuelta, a un hospital que está a cincuenta kilómetros, para su sesión diaria de radioterapia. Es gratificante, ante tanta crítica y expresiones de que “todo va mal y funciona fatal”, leer cada mañana las virtudes de lo bien que trabajan, su puntualidad y amabilidad, las y los chóferes de la ambulancia, la excelente precisión en la organización que aprecia en el hospital y la altísima  profesionalidad del personal sanitario que le atiende.

Quizás si extendiésemos la práctica de hablar bien de aquello que funciona bien en nuestro país nos ayudaría a ganar autoestima. Algo que nos hace mucha falta porque como sociedad la tenemos por los suelos. Somos el país occidental con peor opinión sobre sí mismo, según nos indican todos los estudios que se publican, como los que nos dicen que nos damos un triste 4,8 sobre 10 de valoración, frente al que nos dan los ciudadanos de otros países que casi alcanza el 7 (6,9). Ello nos convierte en el país con mayor diferencia entre el cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás.

Muchas preguntas deberíamos hacernos para encontrar la explicación de la baja autoestima social que padecemos, lo que en definitiva acaba siendo el resultado de la forma como interpretamos nuestra historia y proyectamos nuestro futuro. Nos podríamos preguntar cuánto pueden pesar en esta baja estima social, por ejemplo, las heridas causadas por la Guerra Civil, y el largo periodo de la dictadura franquista. O qué influencia tiene el discurso constante de los nacionalismos vasco y catalán para explicar sus particularidades. Qué efecto tiene el extremado sectarismo que habita en nuestra particular forma de hacer política y que imposibilita reconocer los aciertos y la razón de nuestros contrarios.

Pero si echamos la vista atrás parece que esta actitud ya nos viene de lejos. Solo tenemos que recordar aquella famosa opinión del poeta bilingüe, castellano y catalán, Joaquín María Bartrina (1850-1880), cuando escribió: “oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar donde vio la luz del sol: si os alaba Inglaterra es inglés, si os habla mal de Prusia es un francés, y si habla mal de España es español”.

Quizás deberíamos tomar ejemplo de mi amigo y hacer el esfuerzo de hablar bien de lo que funciona bien y así a ver si elevamos un poco nuestra autoestima como sociedad. Y le hacemos caso al reconocido psiquiatra Luis Rojas Marcos cuando nos dice que “la autoestima conlleva consecuencias positivas para el sano bienestar y desarrollo individual y del conjunto de la sociedad. En cambio, la baja autoestima es motivo de infelicidad y de conductas nocivas”.

Deberíamos hacer un esfuerzo para aprender a valorarnos e intentar justipreciar nuestras cualidades y virtudes como sociedad. Es algo imprescindible en cualquier organización, empresa, colectivo o sociedad que aspire a ser sana. Y ello no significa pasar al chovinismo nacionalista, ni a la autocomplacencia. Se trata, aunque no esté muy bien visto por extraño y poco común, de adquirir conciencia de nuestras virtudes y fortalezas como sociedad, que son muchas. Y desde ahí poder mirar con objetividad nuestros muchos déficits reales para poder impulsar la voluntad de supéralos.

Y podríamos empezar, como hace mi buen amigo con sus crónicas diarias desde la ambulancia, con el esfuerzo de hablar bien de lo que está bien. Así quizás podemos acabar aceptando que somos, como sociedad, mucho mejores que ese triste 4,8. Y ello es particularmente importante y necesario ahora, cuando estamos en un momento tan especial y transcendental, cuando necesitamos un fuerte impulso social en un momento que sin duda macará nuestro futuro para varias decenas de años. 

Hablemos bien de aquello que funciona bien