viernes 17.01.2020

¡Esperanza!

Con admiración a Aina Vidal Sáez, diputada de En Comú Podem


Qué alegría titular estas líneas con el grito ¡Esperanza! y dejar atrás dos artículos tan distintos al de hoy publicados en estas mismas páginas de Nuevatribuna.es, los pasados 2 de agosto y 18 de septiembre, titulados ¡Inutiles! y ¡Que gran error!, que expresaban, creo, el sentimiento de frustración de miles de mujeres y hombres de izquierdas y progresistas de este país. Vimos con seria preocupación el riesgo de que se frustrara la oportunidad de poner en marcha un Gobierno de progreso capaz de afrontar con urgencia los grandes retos de nuestro país, teniendo en cuenta los intereses de los sectores más necesitados de la sociedad, y abrir una nueva etapa de acción política de unidad de las izquierdas.

Hoy es un día de alegría y de ¡esperanza! para hacer realidad el contenido del acuerdo de Gobierno de coalición progresista, firmado por PSOE y Unidas Podemos como base del gobierno que presidirá Pedro Sánchez. Un gobierno que se compromete en la defensa de la libertad, la tolerancia y el respeto a los valores democráticos, que aspira convertir España en un referente de la protección de los derechos sociales en Europa, que se empeña en el crecimiento y la creación de empleo de calidad; en la lucha contra el cambio climático, en impulsar  políticas que garanticen la seguridad, la independencia de las mujeres, la justicia fiscal, la corrección de los gravísimos déficits de nuestro sistema educativo  y el fomento del diálogo para garantizar la convivencia en Catalunya y la normalización de la vida política.

Esperanza, como la definió Vaclav Havel, “no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, salga como salga”. Pero en este caso, por el bien de nuestro futuro y de la justicia social, debe salir bien. No se puede frustrar la ilusión que hoy vivimos millones de personas

Alegría y esperanza que no ocultan las muchas y grandes dificultades a las que se deberá enfrentar, y que precisará  de mucha inteligencia política y también del compromiso, apoyo y la movilización social del mundo de trabajo y los sectores progresistas a la hora de defender las reformas necesarias, que deberán ser profundas, y que sufrirán la contestación radical de las fuerzas de las derechas política y económica en la defensa de sus privilegios, como descaradamente nos han  anunciado.

A pesar de estas previsibles dificultades, como dijo Hannah Arendt, tenemos derecho a esperar milagros, no porque seamos supersticiosos, sino porque los seres humanos, cuando actúan libremente y en comunidad,  “están en condiciones de realizar lo inverosímil e incalculable”.

Podemos mirar el futuro con esperanza si los sectores progresistas hacemos nuestro el cambio que vamos a vivir, si desde el compromiso y la movilización, el mundo del trabajo recupera su protagonismo, empujado por quienes creemos que solo la política del bien común podrá construir una sociedad más igualitaria y justa. Como soporte a los objetivos del programa del gobierno de coalición progresista, vemos múltiples iniciativas en las redes sociales, como la de José Luis López Bulla desde su Blog Metiendo Bulla, un buen ejemplo de impulso de movimientos, foros, espacios abiertos de diversos sectores profesionales, etc.

Esperanza, como la definió Vaclav Havel, “no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, salga como salga”. Pero en este caso, por el bien de nuestro futuro y de la justicia social, debe salir bien. No se puede frustrar la ilusión que hoy vivimos millones de personas. Así que hoy  podemos gritar ¡Viva la esperanza!

¡Esperanza!