viernes 10.07.2020

Coronavirus ¿sálvese quien pueda, o pacto de cooperación?

“La historia humana es la historia de comienzos libres y no tanto de un proceso inexorable al que deberíamos someternos”. Con esta frase finalizaba Daniel Innerarity la conferencia que dictó en Barcelona en octubre de 2014 y que tuve la suerte de escuchar. La historia de la Humanidad es la historia de comienzos libres.

¡Qué útil sería que fuéramos conscientes de esta verdad en estos momentos tan especiales, en los que nadie duda que empezamos una nueva era económica, política y social! En estos momentos en los que estamos viviendo un “parteaguas” como sinónimo de un hito que marca un antes y un después, como así es, por las consecuencias de la crisis sanitaria.

El arte de la política es saber distinguir en cada momento entre aquello en lo que se puede e incluso se debe mantener el desacuerdo y, aquello que, en momentos como el actual, exige ponerse de acuerdo

Tendríamos que saber que ningún manual de crisis podrá suplir la creatividad necesaria para afrontar el futuro. Hemos oído muchas veces que las crisis son oportunidades, así que en estos momentos no deberíamos malgastar nuestras energías en lamentos, ni en reproches que nos hundan todavía más en el pesimismo y en la parálisis de la fatalidad. Porque el primer objetivo debería ser evitar el riesgo de la tentación, que toda crisis incita, de pensar que la solución está en salvarse cada uno como pueda, en lugar de alentar nuestra inteligencia cooperativa. Depende de nosotros, como personas y como sociedad, que gane el “sálvese quien pueda” o, por el contrario, la cooperación y la suma de esfuerzos. La responsabilidad de las organizaciones políticas, sociales y económicas significa responder con inteligencia este tremendo reto, para estar así a la altura de la complejidad y gravedad del momento.

Dijo Hannah Arendt que en política tenemos derecho a esperar milagros. No porque seamos supersticiosos, sino porque los seres humanos, cuando actúan libremente y en comunidad, “están en condiciones de realizar lo inverosímil y lo inalcanzable”. Porque la democracia no es sólo el menos malo de los regímenes, como suele decirse, sino también, el menos estúpido. Porque en él se puede construir la sabiduría colectiva con el diálogo, la negociación y la cooperación. Podría ser lo mismo que decir que unos “tontos” podemos producir algo sabio, que es, precisamente el milagro que se produce cuando una organización o una comunidad tiene un objetivo común y para conseguirlo trabaja conjuntamente y en equipo. 

Como nos muestran las últimas encuestas, así lo creemos el 70% de nuestra sociedad, favorables a que se negocie un gran Pacto de Reconstrucción Social y Económica como mejor forma para afrontar las consecuencias de la actual crisis sanitaria, económica y social. Un Pacto que sume esfuerzos para acometer la necesaria protección social y los necesarios cambios en nuestro sistema productivo, que potencie la industria, la formación, la innovación y la investigación. Como ha dicho Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol: ”aprovechemos esta crisis, que ha dejado en evidencia nuestras muchas lagunas, para modernizar el país”. Un Pacto para acordar las nuevas prioridades y los necesarios recursos para afrontarlos y que sólo podrán venir de decisiones fiscales.

La gran duda está en si al final se impondrán, una vez más en este nuestro país, los que apuestan por el “sálvese quien pueda”, y con ello nuestra particular cultura política que del acuerdo hace la excepción, y del sectarismo y el enfrentamiento la norma para aparentar firmeza cuando en la mayoría de las ocasiones no es más que miedo a compartir riesgos y responsabilidades.

O, por el contrario, ante la gravedad de la situación y el desasosiego que la previsible devastación económica y social provoca en amplios sectores de la sociedad, la mayoría de líderes políticos, sociales y económicos entiendan que, para ellos y sus organizaciones, el  coste del no acuerdo será más elevados que los del acuerdo. Que entiendan que el arte de la política es saber distinguir en cada momento entre aquello en lo que se puede e incluso se debe mantener el desacuerdo y, aquello que, en momentos como el actual, exige ponerse de acuerdo.

Es imposible encontrar un momento en nuestra historia reciente en el que se haga más evidente la necesidad de sumar esfuerzos y compromisos para construir, como esta reclamando Pedro Sanchez, un Pacto de Reconstrucción Social y Económica, o como se le quiera bautizar, en el que las diversas fuerzas políticas y los interlocutores sociales imaginen juntos el futuro.

Coronavirus ¿sálvese quien pueda, o pacto de cooperación?