sábado 28/11/20

¿Cuál es el número de muertos tolerable para salvar la campaña navideña?

Salvar la economía y preservar la salud es una quimera en tiempo de pandemia. Hablar con contundencia de salvar la Navidad y no desvelar el número de muertos tolerable como moneda de cambio, no es admisible.

«Teníamos que haber acabado la segunda oleada más claramente para enfrentarnos ahora a la más dura, que es esta de otoño-invierno» (Margarita del Val, viróloga).

Adoptar medidas restrictivas en noviembre con la intención de abrir la mano en diciembre no parece la forma más acertada de proceder; la falsa seguridad que alienta esta solución puede conducirnos  a un escenario más preocupante que el actual, un escenario que nos acerque a una tercera ola sin haber superado la segunda. Las navidades están marcadas por la interacción social como forma de relación, una interacción que se produce en ambientes cerrados;  familias enteras  se desplazan de una comunidad a otra para pasar esas fechas en sus lugares de origen, miles de universitarios  vuelven a casa por vacaciones; sin embargo el coronavirus no se toma ningún día de asueto como pudimos comprobar el verano pasado.

Los médicos advierten que la Navidad no es el objetivo, que lo importante y primordial es salvar vidas; los dirigentes políticos aquejados de un extraño espíritu navideño que les empuja a salvar la economía antes que mantener la salud, no les escuchan; no están dispuestos a aceptar, al menos en público, que este años las fiestas no van a ser normales. Los epidemiólogos aseguran que desde el punto de vista epidemiológico no es realista pensar que la situación va a estar controlada en diciembre; algunos políticos piensan lo contrario; la finalidad del presidente de la Xunta de Galicia, sin un criterio válido que permita agrupar sanidad, convivencia y economía, es salvar las compras  y las fiestas navideñas, decisión que puede traducirse en un repunte de los contagios y en un elevado número de muertos una vez finalizada la euforia de las celebraciones. Moreno, el presidente andaluz asegura que si hay que cerrar Andalucía para salvar la campaña navideña que se haga cuanto antes, salvar vidas le parece menos relevante; Almeida se vino arriba animando a sus conciudadanos  a “tomarse unas cañitas”, “esas cañitas que tanto gustan a los madrileños” y les animó a  salir, relacionarse y consumir, durante los puentes de noviembre; mensaje en rotunda contradicción con el esgrimido por el viceconsejero de Salud Pública y Plan Covid-19, Antonio Zapatero, quien el mismo día pedía a los madrileños que permaneciesen en sus casas; lo que tiene claro el alcalde madrileño es que estas fiestas van a ser diferentes, prueba de ello son las banderas de España con luces LED de la iluminación navideña que se ha sacado de la chistera; Pablo Casado que no iba a ser menos que sus compañeros de partido, puso como condición para  apoyar el  Estado de Alarma  que no se prolongase más allá de ocho semanas; es decir que para Casado debería finalizar el 6 de diciembre en pleno puente de la Constitución. Un poco más de cordura desprenden las palabras de Illa afirmando que hacer un gran esfuerzo ahora para celebrar unas fiestas iguales a las de años anteriores en un planteamiento engañoso, carente de validez.

La responsabilidad ciudadana para limitar desplazamientos y encuentros familiares, es una herramienta fundamental en la contención de la expansión del virus. "Que no nos entre el frenesí navideño como nos entró el frenesí del verano" (Daniel López Acuña, exdirector de Acción Sanitaria de la OMS). Pues lo dicho, que no nos entre.

¿Cuál es el número de muertos tolerable para salvar la campaña navideña?