martes 22.10.2019

Un camino, en una dirección

Una de las cosas de las que me siento más satisfecho es del impulso que hemos dado, conjuntamente con otras organizaciones, a las reivindicaciones feministas

Han pasado tres años desde que asumí la Secretaría General de UGT, y una de las cosas de este periodo de las que me siento más satisfecho es del impulso que hemos dado, conjuntamente con otras organizaciones, a las reivindicaciones feministas, a la defensa de la igualdad de mujeres y hombres, y a la movilización contra la violencia machista y contra cualquier tipo de acoso por razón de género.

Las exigencias de igualdad de las mujeres tienen una larga trayectoria y han estado íntimamente ligadas a las luchas obreras. El acceso al trabajo remunerado, la socialización que conlleva, es un factor clave para la independencia de las mujeres, por lo que resulta bastante coherente que la presión reivindicativa haya derivado en la transformación del Día Internacional de la Mujer en una jornada de lucha mediante la convocatoria de huelgas generales en las dos últimas ocasiones.

Me alegro especialmente de esta parte porque creo que hemos contribuido a asentar en la opinión pública la convicción mayoritaria de que la igualdad de las mujeres es un camino con una sola dirección, que no hay vuelta atrás. Y me parece importante porque el machismo rancio e intolerante, prepotente y cavernario ha cobrado cuerpo en forma de planteamiento político. Es una regresión, frente a la que la mayoría de la sociedad está mejor preparada, más concienciada gracias a las movilizaciones de los últimos tiempos.

Tenemos que situar el centro del debate en las reivindicaciones que han sacado a la calle a millones de mujeres y hombres por todo el país para exigir igualdad, para exigir políticas serias y financiadas adecuadamente para combatir los problemas, que están bien identificados.

Hay que ponerse cuanto antes a debatir y aprobar una ley de igualdad salarial

En el mercado de trabajo, por empezar por el terreno que nos resulta más próximo, hay que ponerse cuanto antes a debatir y aprobar una ley de igualdad salarial que contenga todas las herramientas necesarias para acabar con la brecha salarial. Brecha en la que influyen muchos factores, empezando por los de entrada en el mercado laboral (segregación ocupacional, infravaloración de los trabajos feminizados, desigual reparto social y familiar de las tareas de cuidados, techo de cristal…). El 47% de la brecha salarial en España se explica por la mayor presencia de las mujeres en la contratación a tiempo parcial, y las interrupciones en su carrera laboral (menos cotizaciones, menos antigüedad, más dificultad para los ascensos) son otro elemento importante.

Hay una parte de la responsabilidad que recae directamente en los empresarios y en las organizaciones patronales, que han dado un mínimo paso reconociendo la existencia de la brecha salarial entre hombres y mujeres pero no han ido más allá. Y deberán reflexionar porque son parte del problema y tienen que ser necesariamente parte de la solución. El empresariado español tiene que dejar de buscar excusas, de hacer malabarismos con los argumentos para zafarse de una cuestión que les atañe directamente.

Si realmente nos importa este tema, y yo creo que sí, hay que estar atentos a las propuestas que plantean los partidos políticos; si hablan de políticas educativas para impulsar el cambio de mentalidad, de dotar con recursos suficientes la lucha contra la violencia de género, si consideran o no la creación de colegios para niños y niñas de 0 a 3 años, si tienen previstas estructuras que permitan la conciliación y el cuidado de personas en situación de dependencia, o la equiparación de los permisos entre padres y madres. Hay que verlo, porque es así como se camina hacia la igualdad.

Un camino, en una dirección