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Los impuestos hablan de nosotros

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Si queremos cohesión social y territorial hay que pagarla. Lo que necesitamos es una reforma fiscal integral que reduzca a la mitad el diferencial de presión fiscal que tenemos respecto a la UE

El asunto de los impuestos es realmente apasionante. Ya sé que muchos y muchas–inmersos como estamos en plena campaña de la declaración de la renta- negarán rotundamente. Pero mi interés tiene que ver con la política, con la ideología y con todo lo que dice de nosotros, y de las formaciones políticas, lo que pensamos en relación con los impuestos. Añado, desde ya, que también es uno de esos temas perfectos para hacer trampantojos que inducen fácilmente a engaños.

En el libro “Pensar el Siglo XX”, escrito hace unos años por Tony Judt y Timothy Snyder, este último afirma en relación con esa cultura estadounidense tan beligerante con los impuestos, que “la mejor defensa de la clase trabajadora, en general, es la aritmética. Y por tanto la política social, desde este punto de vista, debe asegurarse de que la gente sabe echar sus propias cuentas”. Y estoy completamente de acuerdo.

Quién promete bajar impuestos, o eliminar impuestos, no está pensando en los trabajadores y trabajadoras normales, los ciudadanos de a pie. Quienes más recursos tienen no necesitan que la sociedad les provea de casi nada porque se lo pueden costear ellos mismo, ya sea transporte, educación para sus hijos, sanidad, seguridad, etc… Sin embargo, siempre necesitarán las redes de transportes, de suministros, los saneamientos, sistema legal -para la protección de la actividad económica y la propiedad privada cuando menos- los sistemas de comunicaciones, saneamiento, etc…

Necesitan recursos públicos, pero no tantos. Y luego, siempre está el argumento de que lo mejor es dejar el dinero en el bolsillo de los ciudadanos para que hagan con él lo que quieran porque eso genera actividad económica por sí mismo y con ella ingresos tributarios. Porque quienes proponen eliminar impuestos (sucesiones, patrimonio…) o bajar impuestos (IRPF y Sociedades, no IVA), no están pensando en redistribuir la riqueza ni en financiar un estado de bienestar de calidad. Es la privatización de los problemas de la gente, y esa privatización –como señala Judt en el libro señalado- “le quita al Estado la capacidad y la responsabilidad para reparar las deficiencias de la vida de la gente”, y “lo único que queda es el impulso caritativo de un sentimiento individual de culpa hacia las personas que sufren”. La otra opción es considerar que la riqueza que generamos entre todos hay que distribuirla entre todos y todas, y en beneficio del conjunto. Ese reparto es un derecho, es un criterio fundamental de justicia social, y requiere de un sistema tributario justo, en que paguemos todos de manera progresiva, en el que paguen más los que más tienen.

Necesitamos un plan de choque contra el fraude fiscal y contra la economía sumergida, y promover a nivel europeo e internacional la lucha contra los paraísos fiscales y contra la elusión fiscal de las grandes empresas transnacionales

Claro que queremos que haya impuestos, y sin que nadie se escaquee. Un país no es nada si no procura bienestar y justicia al conjunto de sus ciudadanos, y el país es de quienes contribuyen a crearlo. El que no lo hace y se busca las vueltas para no pagar impuestos no es más listo, es simplemente un delincuente.

Si queremos cohesión social y territorial hay que pagarla. Lo que necesitamos es una reforma fiscal integral que reduzca a la mitad el diferencial de presión fiscal que tenemos respecto a la UE en la próxima legislatura, que aumente la tributación sobre el capital, el impuesto de sociedades de las grandes empresas, la renta de los salarios más altos.

Necesitamos un plan de choque contra el fraude fiscal y contra la economía sumergida, y promover a nivel europeo e internacional la lucha contra los paraísos fiscales y contra la elusión fiscal de las grandes empresas transnacionales.