viernes 13.12.2019

Consumo capitalista en la posverdad

La propuesta de consumo a la que apela el capitalismo en la era de la posverdad  se ha transformado en un cambio radical del mensaje; del consumo “para sí” al consumo “en sí”, del bazar a la tableta, de la exhibición al exhibicionismo.

Para este cambio de paradigma el capitalismo apela a dos atributos básicos; el narcisismo primario “porque tu lo vales”  y la completud “elige todo”.

Por una parte traslada a los adultos a la posición infantil originaria, haciéndoles creer que se lo merecen todo por el simple hecho de existir sin límite alguno en la satisfacción de sus necesidades, despreciando intencionalmente que ese periodo de la existencia apenas dura un suspiro y que la vida adulta es una pelea diaria por encontrar un espacio merecedor del amor del otro, una tarea ímproba, en la que nuestro narcisismo se expone constantemente lo que constituye una fuente de sufrimiento no menor. Esa lucha por la aprobación, por el reconocimiento, que está en la esencia de la condición humana se está transformando en una carrera exhibicionista  de consecuencias devastadoras.

La exposición constante nos devuelve una imagen necesariamente imperfecta de nosotros mismos que tratamos de bordear con la perfección del cuerpo y la fantasía de un perfil de juventud perpetua que ya no es el nuestro, para demostrar al mundo que seguimos mereciéndolo todo ya no por existir sino porque “nosotros lo valemos”.

A esta imagen idealizada, a esta distorsión deliberada de nosotros mismos apela el nuevo consumo capitalista de la posverdad.

La propuesta de un ideal que estuvo siempre asociada a la consecución de un logro, lejano pero edificante, ha pasado a convertirse en un negocio cuyos beneficios no parecen tener límite.

Por el lado de la completud, la apelación es de la misma naturaleza, porque la compleutd es la consecuencia del narcisismo, si la vida dio señales tempranas de que no lo merecíamos todo, es sencillamente porque no lo teníamos, o dicho de otra manera, porque lo habíamos perdido, enseguida nos sentaron en el orinal y papá y mamá dejaron de aplaudir y oler el pañal pendientes de la consistencia. En ese momento nos expulsaron del paraíso, lo habíamos perdido.

Pues bien, de repente el nuevo capitalismo con su proliferación de mensajes  de que podemos “tenerlo todo” nos oferta simbólicamente cubrir ese agujero que nos acompaña y nos acompañará a lo largo de nuestra existencia. Se trata de volver al paraíso conduciendo en solitario por carreteras de ensueño que discurren por parajes de ensueño.

Cuidado con el narcisismo, es imprescindible para la construcción de la identidad y el soporte básico para la autoestima que nos permite salir al mundo a competir, pero una exposición exagerada hacia un ideal de perfección que no existe puede acarrearnos mucha angustia y también muchos disgustos, podemos comprobarlo a diario.

Cuidado con elegirlo todo, porque aunque ya los padres no les digan a sus hijos que todo no se puede tener como nos decían los nuestros, cuando te quieres dar cuenta la serie que te gusta está en otra plataforma.

Consumo capitalista en la posverdad