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sábado. 25.06.2022

Gobierno de concentración. ¡Tela de nombre!

Hoy la única emergencia nacional se llama corrupción, y su sinónimo es Partido Popular. (y sálvense sus muchos militantes honestos).

Quienes piensen, si es que lo piensan, que pelillos-a-la-mar, que aquí-paz-y-después-gloria, que no cuenten conmigo. Ni yo soy de los suyos, ni ellos de los nuestros

Los gobiernos de concentración (¡tela de nombre!, leído hoy, Día de la Memoria) que llevan el 'nacional' como apellido son justificables, incluso necesarios, en una situación de emergencia en la que pueda estar en peligro la democracia misma.

Lo que parecen no saber, quizás porque hayan olvidado sus lecturas, tantos notables personajes como los que hoy propugnan un gobierno que tiene como denominador común al PP en su presidencia y dirección, es que esa gran coalición puede no ser la que salve la democracia española sino la que la ponga en el riesgo más alto desde el 23F. La que, lejos de reforzarla, la debilite y pervierta.

Porque hoy la única emergencia nacional se llama corrupción, y su sinónimo es Partido Popular. (y sálvense sus muchos militantes honestos). Sin ética no hay estética, ni política. Y sin memoria.

Y los que aún recordamos que la dignidad de aquel Valverde fue la misma de Aranguren y de Tierno, la de la inteligencia española que empezó a dejar de ser sumisa y complaciente con el dictador y su mugre, no podemos callar... 50 años más tarde.

¿Tan corta y frágil es la memoria? ¿Tanto es el esfuerzo como para no recordar siquiera media decena de hitos de esta legislatura recién pasada? ¿Pueden tener vida tan breve las palabras que dignos representantes del Partido Socialista han levantado contra, por ejemplo, las tropelías de una reforma laboral tan ineficaz como indigna, los efectos de una política fiscal al servicio de los más ricos -amnistía fiscal de añadidura-, aquellos tan miserables de esa prisión perpetua 'revisable', de la ley mordaza, los desahucios, Bárcenas y Rato y preferentes, Wert y su maleducada pulsión al nacionalcatolicismo educativo españolizante (y París bien vale una misa), el expolio de lo público, la sanidad al servicio de 'los nuestros', Gürtel y Púnica y la 'marca Valencia' que no cesa, los dependientes y parados ¡que se jodan!, Fabras del mundo, uníos...? ¿O es que no había detrás de esas palabras corazón, coraje, dignidad, socialismo...?
No entra en mis entendederas, puede que cortas pero no más que las de los notables más notables, que todo ello, y ante la mirada de más de cinco millones de parados y otros tantos millones de pobres, niños incluidos, pueda quedar amnistiado -es decir, en el olvido- y el Partido que los quiere representar y defender, humillado y ofendido.

¿Tan corta es esa memoria, al servicio siempre de 'altos intereses' que ocultan a menudo las más bajas pasiones, que parando en estas tierras que fueron 'de pasar' se haya desvanecido en unos meses el desastre bravucón y paleto de una Cospedal de cigarral y peineta, de cementerio nuclear a buena sombra arrimado, de educación demediada y sanidad en almoneda, de vengativos sentimientos y acciones, riqueza en diferido y Estatuto alicorto?

¿Ya no es infame una ley electoral a la medida y en solitario? ¿Y qué les diremos a las gentes que se la jugaron por tener médico que atendiera sus urgencias? ¿Seremos capaces de decir, a la vez y sin sonrojo, una cosa y su contrario?

Quienes piensen, si es que lo piensan, que pelillos-a-la-mar, que aquí-paz-y-después-gloria, que no cuenten conmigo. Ni yo soy de los suyos, ni ellos de los nuestros.

Sin ética no hay estética. Ni política. Ni dignidad.

Tampoco socialismo.

Gobierno de concentración. ¡Tela de nombre!