sábado 04.04.2020

Neoliberalismo y coronavirus: así que pasen unas semanas

Creo que la principal obligación de cualquier persona que se dedique a informar u opinar sobre cualquier cosa, más si ésta reviste gravedad, es decir la verdad sin crear desesperación en el receptor. La verdad no tiene siempre el mismo color y está claro que todos podemos equivocarnos tanto al informar como al opinar, pero lo que no podemos hacer en ningún caso es mentir a sabiendas ni crear pánico en la sociedad. Hace unos días oí al primer ministro británico hablar como un troglodita, como un bárbaro, como un nazi. Decía el abanderado del Brexit al que han votado muchos británicos pensando que el paraguas de Estados Unidos les favorecería mucho más que el de la UE, que los ciudadanos del país tendrían que acostumbrarse a perder a muchos de sus seres queridos y que eso era mucho mejor que parar la economía. Acogiéndose al más puro y criminal darwinismo social -que siempre estuvo en la base del fascismo- Boris Johnson condenaba a la parte más vulnerable de la población -nuestros mayores- a un futuro incierto y a muchos de ellos a la muerte. No tomaremos ninguna medida que merme nuestra capacidad productiva y esperaremos a que pase un año para que quienes hayan sobrevivido desarrollen anticuerpos, de ese modo seremos más fuertes y podremos iniciar la construcción del nuevo Imperio de Su Majestad de la mano de nuestro amigo Donald Trump. Analizado sus declaraciones desde la distancia, sin perder la serenidad que se debe tener en estos momentos, las declaraciones de Johnson nos colocan ante un tipo de dirigente político sin escrúpulos con claros sesgos del más puro ideario nazi: Nuestros viejos son sagrados y su vida merece tanta protección como la del más joven. Esto no es la selva ni el ser humano un trozo de mierda.

Mucho se han criticado las medidas tomadas hasta la fecha por el Gobierno de España, un gobierno que en todo momento ha hecho lo que le recomendaron especialistas sanitarios: Casado llegó a decirle que sólo se guiaban por la ciencia, quizá, en su opinión, lo mejor habría sido sacar los santos a la calle en conjuros y rogativas y esperar resultados. A toro pasado se dice que debieron tomarse medidas más drásticas desde el principio, pero el problema es que un gobierno tiene que considerar muchos factores, entre otros ver como evoluciona la epidemia, escuchar a los expertos en virología y epidemiología, pero también a quienes desde el mundo de la economía hablan de los riesgos que acarrearía una paralización total del sistema productivo: Desabastecimiento, pillaje, motines callejeros y otras muchas cosas que hay que evitar tanto como la epidemia. En España, al contrario de lo afirmado por Boris Johnson, el sistema sanitario entero se ha puesto al servicio de nuestros mayores y, pese a los brutales recortes que ha sufrido por las políticas ultraconservadoras implantadas por la derecha, está respondiendo bien gracias al esfuerzo de los profesionales sanitarios. Sin embargo, así que pasen unas semanas y esto haya comenzado a amainar, habrá que tener en cuenta unos cuantos factores si queremos seguir existiendo como miembros de una sociedad avanzada e impedir que nos den otra vuelta de tuerca neoliberal.

No, el Estado Democrático no es el enemigo ni un parásito. Se edificó durante siglos para ponerlo al servicio de la sociedad y ahora mismo es el que está combatiendo la enfermedad con todos los medios que le han dejado después de años de políticas económicas fascistas

Hay que cuidar el sistema productivo interior, sobre todo a las pequeñas y medianas empresas. Hay un mínimo que no se puede tocar y se ha tocado hasta lo indecible. En el proceso de deslocalización industrial incontrolada que venimos sufriendo desde hace más de veinte años, se ha llegado a extremos tan inauditos como que fabricantes de alpargatas se hayan llevado la producción de mi pueblo y de otros a China o trasladar los inmensos bloques de piedra caliza o mármol arrancados a nuestros montes al mismo país para que los corten y volverlos a traer pulidos y convertidos en material para la construcción. Eso es pura barbarie, por la destrucción de puestos de trabajo y por la contaminación brutal que esos movimientos absurdos de mercancías producen. Nunca se tendría que haber consentido y jamás se debe volver a permitir: Si no tenemos un sistema productivo interior, pasan cosas como las que ahora vemos, que podemos llegar a no ser capaces ni de fabricar algo tan sencillo como mascarillas o batas de aislamiento sanitario.

No es tolerable bajo ningún concepto ni argumento que durante las últimas décadas se haya atacado al Sistema Nacional de Salud con la saña y la irresponsabilidad con que lo han hecho los gobiernos derechistas. Despidieron médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, personal de laboratorio y mermaron sus capacidades materiales con la única intención de que las listas de espera aumentasen y los enfermos no viesen otro camino que acudir a las clínicas privadas. No lo hicieron porque considerasen que el modelo yanqui era mejor, sino solo y exclusivamente por el negocio. Ahora se habla de contratar al miles de sanitarios para hacer frente a esta epidemia, pero, ¿qué hubiese pasado sin en vez de un coronavirus como este hubiese sido una pandemia hiperagresiva de ébola con una mortandad superior al 50%? La Sanidad Pública tiene que ser considerada como un servicio estratégico y prohibir mediante ley que se le apliquen recortes de ningún tipo, todo lo contrario, ha de ser reforzada para poder hacer frente a posibles futuras enfermedades masivas y al envejecimiento de la población. Lo que han hecho y lo que todavía intentan hacer con nuestras instituciones sanitarias es un crimen de lesa humanidad. 

No, el Estado Democrático no es el enemigo ni un parásito. Se edificó durante siglos para ponerlo al servicio de la sociedad y ahora mismo es el que está combatiendo la enfermedad con todos los medios que le han dejado después de años de políticas económicas fascistas que pretendían reservale solamente funciones represivas para controlar a la población, una población no compuesta ya por ciudadanos sino por productores y consumidores. No son las grandes multinacionales ni las grandes fortunas estatales o mundiales las que están haciendo frente a la enfermedad sino el Estado que construimos entre todos para que todos seamos iguales ante la ley y podamos garantizar, entre otras muchas cosas, el derecho a la salud de niños, jóvenes y viejos.

Por último, no es posible que la Unión Europea siga siendo un entramado burocrático empeñado únicamente en mantener la ortodoxia económica ultraliberal cueste lo que cueste. Esa política fatal nos ha empobrecido a todos y mucho me temo que si no somos capaces de reconducirla radicalmente, cuando todo esto haya pasado, pretendan dar otra vuelta de tuerca reclamando de nuevo recortes y más recortes. Se acabó, si la Unión Europea no se pone al servicio de la democracia y de los ciudadanos, habrá que darla por muerta y fundar otra sobre otras premisas que antepongan los derechos del hombre a cualquier otra consideración. Esta crisis tiene que ser la tumba definitiva de las políticas ultraliberales que tantísimo daño han causado y causan.

Neoliberalismo y coronavirus: así que pasen unas semanas