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lunes. 08.08.2022

La izquierda se conserva en formol

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La izquierda es incapaz de mostrar su indignación en las instituciones y en las calles, de hacer cristalizar un movimiento de protesta que acabe con tanta barbaridad, entre tanto, no paran de hablar de banderas, como si las banderas y la izquierda tuviesen algo que ver

Hace un par de días pasé por la estación de tren de Alicante. En la puerta un grupo de jóvenes de los Colectivos de Jóvenes Comunistas –casi los únicos que protestan y no se rinden ante el pensamiento único- clamaban contra la masacre que de nuevo perpetra Israel contra el pueblo palestino. Resplandecían las luces navideñas y un grupo de Testigos de Jehová repartían su inefable Atalaya, bien trajeados, inasequibles al desaliento. Los jóvenes comunistas gritaban contra la opresión israelita, como unos cincuenta, pero con voces potentes e incansables. De pronto, una señora que superaba los sesenta y cinco, se detuvo irritada cerca de uno de ellos y de mí, visiblemente alterada comunicó al chico su indignación por la protesta, que juzgaba legítima pero en otro sitio menos céntrico y en otras jornadas menos festivas: Nos vais a amargar la Navidad, dijo. El joven, sin perder la compostura, le espetó: “-Señora, ¿de verdad cree usted que somos nosotros quien le va a amargar las fiestas? ¿A usted no se le ha ocurrido pensar que hay muchísima gente, cada vez más, que hace mucho tiempo que no tiene ningún tipo de fiestas y que la única forma que tenemos los seres humanos de defendernos contra tanto abuso e injusticia es la solidaridad y la lucha? -A mí, déjame de monsergas, yo siempre he votado a los socialistas, pero todos son iguales, quiero que me dejen en paz, bastante tengo yo con lo mío…”. La conversación continuó durante unos minutos entre los cánticos de los jóvenes comunistas, la indiferencia de la mayoría de la gente y la irritación progresiva de la mujer que zanjó la cuestión con un “alamierda” y un meneo de cintura y bolso impropio de su edad.

Este año el Gobierno de Mariano Rajoy ha acabado con la “hucha” de las pensiones mientras cada vez son más insistentes los rumores sobre un posible pacto constitucional para abolir las pagas extraordinarias; los bancos que nos han robado, estafado, tomado el pelo y que se forran gracias a la deuda pública no paran de enviar comunicaciones a sus clientes para que contraten un fondo de pensiones que nadie sabe dónde estará así que pasen treinta años; el crédito, principal labor de los bancos, continúa bajo mínimos salvo que tengas avales o dinero suficiente para responder del mismo; un día sí y otro también, nos dicen que las entidades rescatadas por el Estado con miles y miles de millones, no devolverán el dinero que se les dio porque no les da la gana y porque nadie se lo exige. Entre tanto, te cobran comisiones hasta por mirar el escaparate terriblemente feo de la sucursal donde ya apenas trabaja nadie: La izquierda calla, no dice nada, no sabe nada, está muda, no sabe y no contesta.

En Cataluña, Madrid, Galicia y otras comunidades, como si nada hubiese ocurrido, han continuado privatizando y externalizando servicios sanitarios mientras dejaban sin inversiones y sin personal a los hospitales y centros de salud públicos. Las clínicas privadas han dejado de llamarse así y ahora, para mayor confusión del personal, han pasado también a denominarse hospitales, queriendo con ello equiparar sus deficientes y carísimos servicios a los de la Sanidad Pública. Son cientos los inversores y profesionales que se han forrado y se forran con la salud, con las clínicas-hospitales, con los contratos con el Servicio Nacional de Salud. Se caen techumbres de hospitales públicos en los que no se ha invertido un real desde hace lustros, los profesionales sanitarios están al límite de sus posibilidades, los pasillos y las urgencias saturadas como nunca los estuvieron. La izquierda es incapaz de mostrar su indignación en las instituciones y en las calles, de hacer cristalizar un movimiento de protesta que acabe con tanta barbaridad, entre tanto, no paran de hablar de banderas, como si las banderas y la izquierda tuviesen algo que ver.

Los jóvenes con escasa preparación apenas tienen posibilidad de trabajar, mucho menos de independizarse, tener hijos y hacer su vida. Los jóvenes preparados, tampoco, y cuando la tienen es mediante contratos en prácticas de cien mil clases que posibilitan al “emprendedor” sustituir empleo fijo por precario, pagando sueldos que a menudo no superan los trescientos euros y aumentando su cuenta corriente y su patrimonio de modo absolutamente despreciable. La izquierda tampoco parece darse por aludida y una vez más deja en evidencia su inexistencia ante la injusticia.

Mientras los colegios de curas donde se adoctrina en los valores más reaccionarios reciben cada año una cantidad sorprendente de dinero, las escuelas públicas se mantienen gracias al esfuerzo de los maestros y profesores vocacionales que han de luchar contra la enemiga de la Administración y de muchos de sus compañeros no vocacionales que accedieron al puesto sólo en busca de un sueldo. No hay inversiones, no existe voluntad de dotar de medios materiales y humanos a la escuela pública para formar ciudadanos críticos plenos en sus capacidades, seres humanos solidarios, libres, cultos e incapaces de hacer daño al prójimo. La izquierda parece haber olvidado el significado de la palabra laico, ignorar los principios maravillosos en los que se basó la Institución Libre de Enseñanza, sí ese gigante de la pedagogía mundial que pretendía sacar de cada niño lo mejor de él sin torturarlo con disciplinas para las que no estaba dado, sí, aquel monumental esfuerzo pedagógico que formó la mejor generación de escritores, artistas, políticos y científicos de nuestra historia. Aquí todo consiste en dejar las cosas como están.

Asistimos, muchos estupefactos, a la tiranía insoportable de telefónicas, petrolíferas, gasistas, eléctricas y demás oligopolios que debieran estar en manos del Estado o al menos perfectamente regulados por él. Es imposible hablar cara a cara con los responsables del suministro de internet, móviles, luz, gas, pero aquí no pasa nada, nadie la arma, la izquierda tiene otras cosas que hacer, entre otras mirar a ver quién la tiene más larga, para después ser incapaces de elaborar un programa conjunto de mínimos para echar del poder a quienes han tomado este país como un cortijo en el que están permitidos todos los abusos y todas las cabronadas. No hay ley más que para quien no está protegido, los derechos son papel mojado, las Cortes un lugar perdido en el tiempo. Y esa mujer de la manifestación dice que la dejen en paz quienes todavía tienen el valor de salir a las calles pidiendo justicia, y esos hombres de izquierda, que han sido capaces de entregar todos los medios de comunicación y socialización, a la derecha más rancia de Europa sin que se haya armado la de Dios es Cristo –ahora que estamos en vísperas de Navidad- se conforman con pactar minucias y con el silencio o la crítica inane.

Como se ha visto, y podríamos seguir páginas y páginas, si existe un discurso de izquierda, si existe un programa de izquierda, lo que no tenemos a día de hoy son dirigentes con una talla intelectual, humana y ética capaz de retomar esas banderas, las únicas que la izquierda ha defendido y debe defender si quiere seguir existiendo. En otro caso, tendremos que empezar de cero y barrerlos a todos de una vez para siempre. En formol sólo se conservan los muertos.

La izquierda se conserva en formol