viernes 13.12.2019

¿Qué habéis hecho con la Universidad?

El Plan Bolonia supone la voladura integral de la Universidad española y la expulsión de la misma de las clases menos pudientes.

Bolonia es un modelo universitario retrógrado, clasista y excluyente

En 1817 Fernando VII, el rey felón, decretó el cierre de las Universidades debido al efecto pernicioso que las teorías liberales defendidas por muchos profesores causaban en la juventud española, al mismo tiempo decretó la reforma de las escuelas básicas para cortar de raíz la ponzoña anticristiana en la que se educaba a los súbditos infantiles de  su católica Majestad: “Aunque el arreglo de los estudios mayores del reino, como más urgente y perentorio, exigía un pronto y eficaz remedio para curar las llagas que las malas doctrinas habían causado en la juventud y preservarla de nuevos estragos, todavía mis paternales desvelos por la cristiana y esmerada educación de los niños me hacían desear la mejora de las escuelas de primeras letras, donde todos recibieran la doctrina indispensable para que sean buenos cristianos, y vasallos aplicados y útiles en las diversas ocupaciones y ministerios de la vida civil y religiosa”. Miles de profesores y maestros fueron despedidos, encarcelados y exiliados mientras que quienes pudieron seguir dedicándose a la enseñanza lo hicieron bajo el yugo del catecismo y el cirio.

Pese a los intentos liberales acaecidos tras la muerte del rey felón, la situación de las universidades españolas no mejoraría hasta que en 1876 Francisco Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón y otros destacados catedráticos universitarios se negaron a seguir adoctrinando a la población en el dogma católico, hecho que supuso su expulsión de la Universidad y el nacimiento de la mayor y mejor empresa educativa de nuestra historia: La Institución Libre de Enseñanza. Basada en las teorías pedagógicas y filosóficas de Pestalozzi, Krause, Alfredo Calderón y del propio Giner, la Institución, perseguida por todos los gobiernos, educó a millares de jóvenes en libertad, buscando en cada uno de ellos su mejor aptitud, de modo que al cabo treinta años había logrado formar la mejor generación de pedagogos, científicos, literatos, artistas y políticos de toda nuestra historia. La llegada de Franco al poder supuso también la del nacional-catolicismo a la Universidad, una universidad desierta y huera de la que habían desparecido la mayoría de los profesores educados en la ILE dado que fueron asesinados, depurados o exiliados: El renacimiento glorioso de la Universidad Nacional de México se debió sin duda a la inmensa aportación del exilio español. A un profesorado mediocre y gris, salvo algunas excepciones que habían logrado escapar a exterminio franquista, se unía que la mayoría de las universidades y escuelas universitarias sólo admitían a ricos o a enchufados afines porque todos tenían números clausus, de ahí que las profesiones se perpetuaran de padres a hijos, nietos y bisnietos, quien era hijo de abogado, sería abogado, quien lo era de ingeniero sería ingeniero y juez el de juez.

Durante los últimos años del franquismo, pero sobre todo a partir de la muerte del tirano se produce un cambio drástico en el panorama universitario español: Muchos padres quieren que sus hijos cursen estudios universitarios convencidos de que de esa manera su vida mejorará. En unos años, la universidad elitista y familiar del franquismo se vio asaltada por miles y miles de jóvenes que ya no pertenecían a las estirpes del régimen sino a la clase media y en menor medida a la trabajadora: Sin en 1959 el número de universitarios ascendía a 170.602, en 1999 la cifra superaba 1.580.000, equiparándose España por esas fechas a la media que regía en Europa desde hacía décadas. Fue importante la inversión hecha por los gobiernos socialistas de los años ochenta y noventa, para comprobarlo basta darse un paseo por las universidades de cualquier capital de provincia española, la de Alicante sencillamente excepcional. Sin embargo, el mundo comenzó a cambiar en 1996 con la llegada de Aznar y su troupe circense a los poderes. A los pocos meses de ocupar la Moncloa, Aznar decretó la liberalización del sector universitario y comenzaron a salir como setas en otoño lluvioso las universidades católicas en las que se daban títulos a cambio de dinero, muchas veces sin que fuese preciso tener aprobada la selectividad. Los hijos lerdos de familias con dinero vieron abierto el camino para poder colgar un título en el comedor de casa  y acceder a la empresa o el ministerio de papá con muchísimo menos esfuerzo que quienes estudiaban y estudian en la pública, porque la cosa lejos de arreglarse se ha enquistado y las universidades católicas siguen expendiendo títulos a granel sin ningún tipo de control estatal.

Si a esa puñalada trapera asestada al sistema universitario español, añadimos el brutal impacto que el insensato Plan Bolonia ha causado en nuestras universidades públicas, podemos concluir que estamos a un paso de regresar al sistema que imperó durante la dictadura. España ha sido el país europeo que más interés ha mostrado por implantar las directrices de Bolonia. Así, nuestros hijos se ven obligados a pagar matrículas cada día más intolerables y excluyentes, a hacer en cuatro años lo que antes se hacía en cinco y a pagar unas cantidades de dinero inasumibles para obtener el Máster, que no es otra cosa que la privatización directa del último curso de carrera. Pero no para ahí la cosa, siguiendo las directrices ultraconservadoras y mercantilistas de la UE, España se prepara ya para la estrategia 2020, que supondrá que los grados universitarios tendrán una duración de tres años y que los otros dos, los de la especialización, se cursarán también vía Máster privado, pagando el estudiante o su familia la totalidad del coste de esos dos cursos, sin becas y con microcréditos a pagar por el implicado o sus padres en un plazo determinado. El Plan Bolonia supone de facto, la voladura integral de la Universidad española y la expulsión del sistema educativo superior de las clases menos pudientes, reservando ese ámbito educativo para aquellos que tienen rentas más altas. En definitiva, se trata de una vuelta al pasado ya vivido, ya sufrido, un regreso a la caspa y al privilegio sin que los problemas verdaderos que arrastra la universidad española sean atajados de una vez por todas. Bolonia es un modelo universitario retrógrado, clasista y excluyente que ofrece como única solución a las carencias universitarias, la expulsión económica de cientos de miles de estudiantes e investigadores dentro de un plan que pretende poner como modelo el pasado.

Mucho se habla últimamente de la corrupción universitaria, de los pésimos métodos de selección de personal docente que utiliza. Es cierto que la Universidad española sigue rigiéndose por la endogamia, que para ser profesor hay que tener padrino y esas cosas, pero siendo esa una rémora grande, no es menos cierto que en las últimas décadas de la Universidad española han salido médicos, físicos, informáticos, filólogos, historiadores, biólogos, sociólogos e ingenieros de primera fila que hoy se rifan países como Alemania por su alta cualificación y la negativa del Gobierno español a propiciarles una salida profesional en nuestro país. España está siendo saqueada –en esto también- de sus mejores cerebros, formados aquí, con dinero de aquí, se ven forzados al exilio económico y regalar sus conocimientos a países que no han invertido nada en ellos. Pero no se preocupen, con la política educativa del Partido Popular y el Plan Bolonia, en breve nos veremos obligados a importar profesores, médicos y abogados del Norte de África, nuestro ámbito natural.

¿Qué habéis hecho con la Universidad?