domingo 25.08.2019

Gracias por entregar el poder a los ultras

Ya tenemos tres trogloditas en los gobiernos de tres países occidentales poderosos. Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en el Reino Unido y Mateo Salvini en Italia. Ellos representan el triunfo de la antipolítica, del hartazgo y de la sinrazón, pero en realidad son el regreso a la más vieja de las políticas, la del machirulo, la del ordeno y mando, la de la raza aria, la del arriba y abajo, la del medievo en plena revolución tecnológica digital. Podremos saber lo que pasa en China o en Yakutia desde nuestro ordenador, masturbarnos digitalmente, creer que lo sabemos todo y que el mundo está en nuestras manos, encender el aire acondicionado -quien lo tenga- desde el coche una hora antes de llegar a casa, viajar por el aire en taxis aéreo, volar con una capa, pero estaremos a merced de imbéciles dispuestos de nuevo a jugar con nuestras vidas, con millones de vidas, por una bandera, por una corporación multinacional, por un fondo buitre que compra casas por miles para que la gente no pueda tener casa. Mientras la Tierra nos expulsa de su seno porque la hemos pisoteado, porque le hemos faltado al respeto gravemente, porque no hemos querido nunca ser conscientes de que no nos pertenece, que es libre y está en su derecho si después de tanta agresión decide crear una condiciones climáticas insoportables para la vida de las personas, seguimos en nuestra pertinaz idiocia suicida, eligiendo democráticamente a patanes irresponsables para dirigir la política mundial en la crisis más grave de todos los tiempos: Nos estamos jugando la supervivencia de la especie y de otras muchísimas especies.

En España teníamos una oportunidad de oro para realizar políticas de contención de la desigualdad, para iniciar el proceso de transición ecológica que nos lleve a eliminar el carbono de nuestras vidas sustituyéndolo por energías limpias y renovables que sean compatibles con la vida, para comenzar a dar a la naturaleza las medicinas que necesita para curar las terribles heridas que le hemos hecho en el último siglo, para eliminar la pobreza infantil y expulsar de la Educación, la Sanidad, las Pensiones y la Dependencia a quienes sólo quieren participar en ellas para enriquecerse disminuyendo costes y, por tanto, atenciones y servicios. No han querido, han preferido jugar al ratón y al gato, hacer el gilipollas, montar una ruleta rusa, y lo pagaremos, ya lo creo que lo pagaremos. El desgaste producido, la vergüenza, el bochorno, el cansancio, la sensación de fraude, de estafa, de estar en manos de incompetentes y soberbios corre como la pólvora entre los votantes de izquierdas, muchos de los cuales no votarán en las elecciones de noviembre que tanto parece desear Pedro Sánchez y que darán el poder a los tres partidos ultras, sumando uno más a los gobiernos trogloditas que poco a poco se van comiendo Europa y el mundo.

Sr. Sánchez, Sr. Iglesias recuerden que en España hubo una persona muchísimo más inteligente y válida que ustedes que presidido la I República española. Se llamaba Nicolás Salmerón, filósofo, jurista, metafísico, historiador y político, fundador del Colegio Internacional y de la Institución Libre de Enseñanza, el centro que formó a las mejores generaciones de científicos, pensadores y literatos de toda nuestra historia. Don Nicolás Salmerón dimitió de la Presidencia de la República por no firmar una pena de muerte, cosa muy habitual en aquellos años en casi todos los países del mundo. Don Nicolás Salmerón amaba a su país, quería lo mejor para él, pero sobre todo amaba a quienes lo habitaban y, encarcelado, perseguido y apartado de la enseñanza muchas veces, lo dio todo por todos a cambio de nada. Ustedes han demostrado que no saben quien fue Salmerón, que no aman a su país, que quieren lo peor para él. Pues bien, ahí lo tienen, en noviembre tendremos a la ultraderecha en el poder si en Septiembre Pedro Sánchez no forma gobierno con Casado, que ya nada se puede descartar.

España no se merece unos políticos como ustedes, y mucho menos el destino que le han preparado. Si no son capaces de negociar para septiembre y llegar a un acuerdo, dimitan y váyanse a sus casas. Por decencia

Las ofertas de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias eran básicamente humo. Competencias en materias que en su mayoría están transferidas a las comunidades autónomas, ministerios con presupuestos raquíticos, en fin, puestos en los que difícilmente se puede llevar a cabo una política que aminore las desigualdades y que supondrían muchos encontronazos con las instituciones periféricas. Aún así pienso que Unidas Podemos debió aceptarlas a última hora, y en todo caso dar el voto afirmativo a la investidura de Sánchez, pasar a a la oposición y apoyar aquellas leyes de marcado contenido social, movilizando al pueblo para combatir las que persistan en la precarización de las condiciones laborales, las que recorten derechos o las que impidan recuperar el dinero prestado a los bancos. No lo han hecho alegando los engaños de los socialistas, pero hay ocasiones que aún sabiéndote engañado hay que tirar hacia adelante para evitar un mal mayor, y el mal mayor lo tenemos a la vuelta de la esquina.

Pedro Sánchez no engaña a nadie. Es un hombre de centro izquierda, lo de izquierda muy entrecomillado, que habría preferido desde el primer momento firmar un acuerdo de gobierno -como hizo hace tres años- con Ciudadanos, incluso con el Partido Popular, grupos con quienes siente más afinidad ideológica y a los que ha llamado repetidas veces para que no bloqueen su investidura. Ha tenido tres meses para negociar y no ha negociado nada hasta las vísperas, cuando era algo tan fácil como hacer un programa común y ejecutarlo con seriedad y eficacia durante los próximos cuatro años, en la seguridad de que tendrían los apoyos suficientes de los partidos periféricos. Ignoro, aunque todos lo sabemos, las presiones que Sánchez haya tenido de los poderes fácticos que reinan en este país, pero hay que saber jugar y como decía Leonardo Sciacia, cuando tu enemigo es más fuerte que tu, quizá lo mejor sea acostarte con él para saber cuales son sus debilidades y atacarle desde dentro. Ya lo hizo Comisiones Obreras durante el franquismo, jugándose el pellejo. Unos no han querido, y los otros no han sabido. Como decían Rufián, lo pagaremos todos muy caro.

Aún están a tiempo de rectificar, aunque no creo que sean capaces de semejante decisión. Pero eso es lo que diferencia a los grandes políticos de los políticos de usar y tirar. Ahora, ténganlo claro: España no se merece unos políticos como ustedes, y mucho menos el destino que le han preparado. Si no son capaces de negociar para septiembre y llegar a un acuerdo, dimitan y váyanse a sus casas. Por decencia.

Gracias por entregar el poder a los ultras