lunes 13.07.2020

Goebbels contra el “Gobierno social-comunista”

La estrategia de la mentira goebbeliana no es legítima en un Estado democrático, es propia de personas, partidos y países poco desarrollados éticamente que añoran formas de organización autoritarias y clasistas

Ayer miércoles asistimos de nuevo a una sesión bochornosa en el Congreso de los Diputados, donde en principio reside la soberanía nacional. Cada vez que se aproxima un miércoles da más asco encender la radio o la televisión para oír los exabruptos que salen de la boca de la derecha ultramontana dispuesta a repetir mentiras hasta la saciedad en la creencia de que la mayoría de los españoles somos una piara de cerdos a los que se puede llevar al matadero sin el menor problema.

Pero, además, ayer se votó la retirada de honores, reconocimientos y prebendas a los torturadores del franquismo, moción que salió adelante con los votos en contra del Partido Popular y Vox. Si se tratase de una derecha democrática europea hace mucho tiempo que “Billy el Niño” y sus secuaces carecerían de cualquier condecoración y ese debate no habría tenido lugar porque habrían sido condenados penal y políticamente. ¿Cabe imaginar un debate similar en el Bundestag, el Parlamento británico o la Asamblea Nacional francesa? Indudablemente no, los torturadores fascistas fueron condenados y a nadie se le ocurriría hoy, pese al ascenso dramático y suicida de la ultraderecha en todo el continente, abstenerse o votar en contra de una condena moral a Himmler, Eichmann o  Degrelle, quien por cierto vivió maravillosamente en España bajo la protección de su camarada Franco. Y ese es el problema más grave que tiene ahora mismo la reconstrucción de España, que la agenda política la está marcando la ultraderecha liderada por Aznar y representada en el hemiciclo por Casado, Abascal, Álvarez de Toledo y Hernando, señor que haciendo gala de una educación inexistente y de una chabacanería singular llamó coletas al vicepresidente del Gobierno en el Senado, órgano legislativo que no sirve absolutamente para nada.

La ultraderecha se ha propuesto acabar con el gobierno que llaman “social-comunista” como sea, y cuando digo como sea no excluyo ninguna posibilidad porque las están tocando todas

La ultraderecha se ha propuesto acabar con el gobierno que llaman “social-comunista” como sea, y cuando digo como sea no excluyo ninguna posibilidad porque las están tocando todas. No creen en la democracia porque ni sus educadores, ni sus instructores, ni sus antepasados creían en ella. Tampoco sus libros, periódicos y tertulias, en las que una vez y otra se pone en tela de juicio la legitimidad de un gobierno que a día de hoy goza del apoyo de la mayoría de la Cámara y que caerá en el momento que deje de tenerlo. La situación es gravísima, lo habría sido en cualquier circunstancia pero lo es más cuando estamos sufriendo la peor epidemia que ha conocido el mundo desde la gripe americana de 1918. No digo, ni mucho menos, que ante una coyuntura como ésta la oposición deba estar callada, pero sí afirmo que tendría que estar aportando alternativas constructivas o, al menos, no dedicarse a crear un clima irrespirable de insultos, bulos, descalificaciones y manipulaciones: Muchos, durante el franquismo, creímos que “El Lute” era el enemigo público número uno porque todos los días el parte nos machacaba con invenciones truculentas que hablaban de su gusto patológico por la sangre. Goebbels dejó una huella imborrable en España: Mentir es vencer.

Pero veamos cual es la terrible andadura del gobierno “soviético” que domina España y amenaza con convertirla en un inmenso sovjós. Sabiendo los peligros que entrañaba, el Gobierno autorizó la manifestación del 8 de Marzo para que la epidemia se expandiese exponencialmente en Madrid y de ese modo cargarse al Gobierno de María Santísima de las Privatizaciones. Evidentemente, ese día sólo se celebró en Madrid y otras ciudades españolas, las manifestaciones que tuvieron lugar en París, Berlín, Bruselas, Amsterdam o Londres nunca sucedieron porque así lo dice Pablo Casado, porque así lo dicen muchos medios, porque las imágenes, las fotografías que podemos ver todos están trucadas y manipuladas por el KGB que dirige Irene Montero. Tampoco ese día tuvieron lugar miles de partidos de fútbol, misas, mítines en lugares cerrados ni hubo concurrencia en los bares y restaurantes del país. Esas cosas sólo ocurrieron en la mente calenturienta de progres y gentes de mal vivir. Sin embargo, pese a las calumnias y mentiras, lo único que sabemos con certeza es que el 8 de marzo ni la OMS ni el organismo de emergencias de la UE ni nadie absolutamente había alertado sobre la posibilidad de una pandemia, para eso tuvimos que esperar al 11 de marzo, aunque Casado, Abascal y los informes de De los Cobos asegurasen que ya se sabía todo desde antes que el virus apareciese en Wuham. Tres días después, el gobierno decretó el Estado de Alarma que ha evitado decenas de miles de muertes y que tanto ha irritado a la ultraderecha, secularmente dispuesta a defender los derechos y libertades de los españoles aún a costa de perder vida y hacienda, que el alma no porque esa sólo es de Dios.

Ante la situación de extrema gravedad, el Gobierno decidió abrir una línea de crédito de cien mil millones de euros para autónomos y empresas pequeñas, dar por primera vez en la historia una prestación por desempleo a más de un millón de autónomos, posibilitar que más de tres millones y medio de trabajadores fuesen cubiertos por ERTES con cargo al Erario para procurar que no se destruyesen sus puestos de trabajo y que pudiesen comer mientras durase la epidemia, prohibir los despidos, desahucios y cortes de suministros esenciales de luz y agua y, entre otras muchas medidas, crear un Salario Mínimo Vital para erradicar la pobreza endémica que las políticas neoliberales de décadas han creado en nuestro país. Al mismo tiempo, el Gobierno dispuso confiar la dirección de la lucha contra la epidemia -en un evidente ejemplo de sectario amiguismo- al Dr. Simón, epidemiólogo nombrado por Mariano Rajoy que ha comparecido casi todos los días, con paciencia y serenidad encomiables, a explicarnos lo que en cada momento se sabía pese a que muchísimos sabían mucho más que él y no necesitaban ninguna explicación: Pablo Motos, Abascal, Casado, Ana Rosa Quintana, Susana Griso, Rivera Ordóñez, Miguel Sebastián, Ayuso, Bosé, Rodríguez Medel y Sergio Ramos, todos ellos virólogos de reconocido prestigio mundial.

Como se ve, el Gobierno Trotskista está llevando a cabo una política de confiscación de la propiedad privada y de nacionalización de los medios de producción, ha implantado la censura previa y ha convertido los estadios de fútbol en campos de concentración. Muy al contrario de lo que hace la señora que dirige la Comunidad de Madrid que en plena pandemia, y siempre por España y por la libertad, insiste en privatizar servicios hospitalarios, continuando con la nefasta política de Esperanza Aguirre y Gallardón que dejó en mantillas a la Sanidad Pública y que ha impedido que se pudiese atajar la epidemia en los mermados y maltratados centros de atención primaria donde el personal sanitario se ha dejado la piel, como en los hospitales, sin los medios que necesitaban.

La estrategia de la mentira goebbeliana no es legítima en un Estado democrático, es propia de personas, partidos y países poco desarrollados éticamente que añoran formas de organización autoritarias y clasistas. Está claro que el Gobierno ha cometido errores, muchos, también que ha intentado crear un escudo social para que los trabajadores y las personas más desfavorecidas no fuesen arrasadas por la crisis. El Gobierno quiso coordinar la atención sanitaria porque ante una epidemia del calibre de la actual era imprescindible tomar medidas uniformes en todo el Estado, pero el ministerio de Sanidad no existía y hubo de componerlo sobre la marcha. En ningún momento ha intervenido el Gobierno central en la gestión de los hospitales de ninguna Comunidad Autónoma, como tampoco lo ha hecho, por mucho que vociferen Abascal y sus empleado Casado y Ayuso, en los asilos que el neoliberalismo ha convertido en campos de exterminio. La mentira es enemiga mortal de la democracia y la libertad, darle alas es una invitación a la dictadura. Qué cada cual asuma su responsabilidad.

Goebbels contra el “Gobierno social-comunista”