lunes 01.06.2020

Cifuentes tiene un hámster, España un terrible problema

Cifuentes es el ejemplo paradigmático de la clase social que ha ocupado el poder político en este país, los otros poderes nunca dejaron de tenerlos. Personas de una soberbia de tal tamaño que sólo es comparable a su egoísmo

Se acercaban las Navidades mientras estudiaba matemática de conjuntos que apenas entendía. Me parecía todo tan obvio en aquellas circunferencias y óvalos que siempre creí escondían algo más. Llegó el día de las notas y en la cartilla apareció un insuficiente en esa asignatura. Era la primera vez que me suspendían y un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. Mi padre, persona maravillosa, sólo nos pedía que nos esforzásemos en los estudios y yo, evidentemente, o no me había esforzado o mi esfuerzo había sino vano. Nervioso, dejé el instituto y fui casa de un amigo. Con una cuchilla de afeitar raspé la i y la ene hasta adecentar la calificación. Después de comprobar varias veces que apenas se notaba y pensando que mi padre vendría muy cansado, fui a casa y le entregué las notas poco antes de comer. Tras  unos minutos de silencio gelido, mi padre me miró con gesto serio y rotundo. No tuvo que decirme nada, pero me lo dijo: “No sólo has intentado engañarme a mí, lo peor es que has querido engañarte a ti mismo y no voy a consentir que vayas por ese camino. No existe ningún motivo para que me tengas miedo, pero sí muchos para que te respetes. En esta casa somos gente honrada”. Mi padre era hijo de maestros republicanos depurados formados en la Institución Libre de Enseñanza. El imperativo categórico kantiano era casi un dogma de fe: “Obra de tal modo que tu conducta pueda servir de ejemplo a los demás”. Evidentemente me había saltado el imperativo y todas sus enseñanzas, quizá Cristina Cifuentes y sus compañeros de partido nunca conocieron a una persona así, a alguien que antepusiera el servicio a los demás a su interés personal; a alguien que pudo enriquecerse ejerciendo su profesión si no hubiese tenido escrúpulos pero que los tuvo y prefirió vivir en perfecta armonía con ellos; a alguien incapaz de mentir o favorecer a quien no tenía razón por muy poderoso que fuese; a alguien que recitaba a sus hijos poemas de Machado, Espriu, Cernuda, Vallejo y Valery bajo un enorme retrato de Don Francisco Giner de los Ríos.

Cristina Cifuentes es el ejemplo paradigmático de la clase social que ha ocupado el poder político en este país, los otros poderes nunca dejaron de tenerlos. Personas de una soberbia de tal tamaño que sólo es comparable a su egoísmo; de una formación ética tan pobre que ni siquiera les da para respetar la libertad de los demás; seres tan poco formados que llegan a confundir su tristísima concepción de España con los intereses, las creencias y la ideología pacata de una casta vieja y podrida. Cifuentes tiene un hámster, y España, con personas como ella en el poder, un terrible problema que puede llevarnos a todos a un callejón sin salida o con una salida violenta y traumática. Ahora mismo, como pueblo adormecido y escarmentado, no existe una respuesta social como merecen los acontecimientos propiciados por el partido de Cristina y por los que callan, por los unilateralistas catalanes que con su actitud insolidaria han reforzado a la derecha más corrupta y autoritaria de Europa, pero esto no va ser siempre así. 

Cifuentes tiene un hámster, y España, con personas como ella en el poder, un terrible problema que puede llevarnos a todos a un callejón sin salida o con una salida violenta y traumática

Gracias a la política del partido de Cifuentes, España tiene un déficit próximo al cien por cien del PIB, cosa que puede parecer baladí para muchos, pero que hay que pagar con los dineros de todos con unas cantidades cada vez más abultadas que se detraen de las políticas sociales. Con la irresponsabilidad de quien toma al país por un cortijo o un coto vedado, los políticos del PP han conseguido que España tenga la mayor deuda de su historia, y no para lograr mejoras para las clases más desfavorecidas o para inversiones en investigación y futuro, sino para pagar los gastos corrientes de la Administración o para que determinados grupos acrecienten sus ganancias con cargo a los presupuestos: Privatizaciones de hospitales, escuelas, asilos,energéticas, autopistas que luego hay que rescatar porque los amigos pierden, empresas públicas con beneficios demuestran con nitidez que quienes nos gobiernan no se preocupan del interés general, sino de su propio interés, importándoles un bledo que las bolsas de pobreza se estén enquistando en el tejido social del país, que el nivel cultural de los españoles esté regresando a niveles de 1980, que los jóvenes más preparados tengan que huir de su tierra como de la peste porque sólo hay trabajo para los que forman parte del clan. Salvo la oligarquía que flota alrededor del poder y se beneficia de él, no hay ahora mismo un sólo sector de la sociedad española que se pueda sentir tranquilo, los jóvenes porque no encuentran modo de sacar su vida adelante con un mínimo de decencia, los viejos porque  ven como se han cargado el sistema de pensiones dejándolo sin fondos de reserva y sin medios financieros que lo aseguren, los de edad mediana porque ven como sus condiciones de trabajo se deterioran día a día y porque si caen en el paro ya saben que es para toda la vida, los funcionarios porque han perdido mucho poder adquisitivo y saben que son una de las bolsas a las que acudir en tiempos de crisis, los protestantes que ejercen su libertad de expresión, manifestación y protesta porque saben que les espera la cárcel o la sanción económica gubernativa que sus majestades decidan imponerles, los ateos porque esta es la tierra de María Santísima, los librepensadores porque aquí los únicos que pueden pensar libremente son Sánchez Dragó y Jiménez Losantos. 

Sí, en poco menos de seis años lo habéis logrado, habéis conseguido que vuestra corrupción sea entendida por gran parte de la población como la corrupción de todos, como si todos los partidos fuesen responsables de vuestras fechorías; a fuerza de escándalos inimaginables habéis conseguido que muchos dejen de creer en la política, que piensen que nadie se preocupa de la Cosa Pública y que todos y cada uno de los que se sientan en el Congreso, el Senado y los Parlamentos autonómicos sólo se preocupan de buscarse la vida. El uso enfermizo de las televisones, radios y periódicos, con la indispensable colaboración de periodistas indecentes y sumisos, nos ha llevado a una situación cercana a la que sufríamos cuando sólo había una televisión y las noticias se redactaban por los criados del hombre de El Pardo.  Otro tanto podemos afirma de la Justicia, utilizada como instrumento de persecución de la disidencia, llegando hasta el extremo de acabar con la credibilidad del Tribunal Constitucional, órgano que tenía que ser por esencia, el verdadero intérprete de las leyes constitucionales y nunca parte activa de los conflictos. En fin, vuestra concepción franquista de la política -no sabéis de otra cosa, es vuestro caldo de cultivo- está arrasando el país, dejándolo fuera del mundo civilizado y a merced de los más desalmados. Por si faltaba poco, ahora habéis decidido acabar con la Universidad tal como hicieron en tiempos pasados vuestros admirados Fernando VII y Francisco Franco. Yo quiero independizarme de vuestro país, apesta.

'Diccionario del franquismo', protagonistas y cómplices (1936-1978), de Pedro L. Angosto, ya a la venta.

Cifuentes tiene un hámster, España un terrible problema