sábado 28/11/20

Apelación última al Partido Socialista Obrero Español

Si los militantes de buena voluntad del PSOE no son capaces de obligar a quienes lo dirigen a iniciar una nueva etapa de comprensión y diálogo, de justicia social y de libertad, mucho me temo que ante nosotros se abrirá una etapa durísima de represión, desasosiego y malestar generalizado que marcará otra patética época de nuestra historia

Como todo el mundo sabe, el 2 de mayo de 1879 se fundó en la taberna Casa Labra de Madrid el Partido Socialista Obrero Español por un grupo de veinticinco personas. Liderado por Pablo Iglesias y el gremio de tipógrafos, el nacimiento del partido en plena Restauración alfonsina no fue fácil debido a la persecución policial y a los recelos de una parte de los partidos antimonárquicos. Hasta bien adentrados en el siglo XX, los socialistas españoles se mantuvieron alejados de cualquier pacto con los republicanos debido a que Pablo Iglesias, seguidor de las teorías de Guesde, consideraba que la colaboración con la burguesía sólo serviría para corromper los ideales socialistas. Posteriormente, aunque en su programa máximo en Partido Socialista mantenía la supresión de la democracia burguesa y su sustitución por un régimen socialista, se impondría una línea más pragmática que pretendía la conquista del poder por vía parlamentaria. No fue hasta 1910, treinta y un años después de su fundación, que el partido obtuvo su primer diputado en la persona de su fundador y primer Secretario General gracias a la conjunción republicano-socialista. Desde entonces, siempre hubo dos corrientes dentro del socialismo español, una más moderada y pragmática que abogaba por reformar el sistema y el régimen desde el Parlamento, otra que seguía pensando en su sustitución: Indalecio Prieto y Largo Caballero serían los jefes de cada una de las tendencias. Pese a ello, llegada la República se impuso la línea más moderada, llegando a apoyar decididamente a los Gobiernos presididos por Manuel Azaña. Al producirse el golpe de Estado africanista, los socialistas españoles supieron donde estaba su lugar y optaron por defender la República. La dictadura franquista se encargó de exterminar a varias de sus ejecutivas del interior durante su larga trayectoria criminal.

Poco después de la fundación del PSOE, en 1885, Cánovas y Sagasta se reunieron en El Pardo para tratar de apuntalar al régimen mediante el turno pacífico en el poder de dos partidos, el Conservador y el Liberal, turno que se conseguiría gracias al caciquismo y a la manipulación masiva de los sufragios. Pablo Iglesias, el Dr. Vera, García Quejido y otros muchos dirigentes socialistas fueron encarcelados en muchas ocasiones por denunciar a un régimen que había fundamentado su supervivencia en la corrupción, la represión y la falsificación de los resultados electorales. Pasados casi cien años desde la desaparición de la primera Restauración, hoy nos encontramos en una situación parecida a la de entonces, sólo que cambian los protagonistas: El Partido Conservador está formado por herederos y admiradores del dictador Franco que no saben actuar de un modo que no sea autoritario porque ignoran como se hace, como se dialoga y en qué consisten las reglas de una democracia; el otro partido del turno pacífico en el poder de la segunda Restauración borbónica es ahora, aunque parezca increíble, el Partido Socialista Obrero Español, una organización que nació para defender los intereses de la clase trabajadora, pero que ha decidido sacrificar a esa clase, a su ideología y a su historia para salvar a un régimen cada vez más reaccionario que, como su antecesor, sólo sabe solucionar los problemas que van surgiendo a palos. Se apalea a los soberanistas catalanes, a quienes defienden que la ciudad de Murcia no esté dividida por un muro ferroviario, a quienes protestan por la situación de la Seguridad Social, a los estudiantes, a los cantantes, a los viejos, a todo el que denuncia la deriva ultraliberal del régimen y las injusticias cada vez más sangrantes que esas políticas provocan. Sin embargo, se deja que fascistas, franquistas y nazis se manifiesten con símbolos horripilantes por las calles de todo el país al mismo tiempo que se gastan millones en la restauración del mayor monumento del mundo al fascismo, ese mamotreto construido por esclavos republicanos en las montañas de Cuelgamuros, en plena sierra de Guadarrama.

Al implicarse directamente en política, como hizo su bisabuelo Alfonso XIII, Felipe VI se ha separado de las monarquías constitucionales del resto de Europa que llevan muchas décadas sin intervenir en tales menesteres. Si el Partido Socialista Obrero Español, ya muy perjudicado por la crisis general de la socialdemocracia europea de tanto pactar con la derecha y usar las puertas giratorias, decide atar su devenir al de la monarquía de Felipe VI, probablemente tenga un futuro incierto y poco halagüeño para los trabajadores, parados y excluidos españoles, que eran su razón primigenia de ser. Desde la llegada al poder del Partido Popular, la democracia española ha sufrido un retroceso sin precedentes que afecta a todas las instituciones del Estado, desde el Tribunal Constitucional a las Universidades, pasando por la policía, la judicatura y el Parlamento, paralizado de facto por un pacto tácito entre ese partido, Ciudadanos y el Partido Socialista. La crisis catalana, que debía haberse solucionado mediante el diálogo y el pacto, ha servido para fortalecer a los elementos más retardatarios de un Estado cada vez más corrupto e inepto que carente de imaginación y voluntad democrática, está decidido a recortar todas nuestras libertades sin el menor miramiento. Un régimen, un gobierno y una oposición doméstica que se empeñan en encarcelar a tuiteros, jornaleros, raperos, tirititeros, actores en el sacrosanto ejercicio de la libertad de expresión, está enfermo, muy enfermo. Podrá subsistir un tiempo indeterminado gracias a la política de las porras y las balas de goma, el clientelismo y la venganza, los bulos y las malas artes, pero carece de futuro.

En estos momentos, España atraviesa un periodo crítico, el Partido Popular gobierna gracias al apoyo implícito que le presta el PSOE debido a una nomenclatura que hace tiempo dejó de saber lo que aqueja a su pueblo. Desde aquí, me permito hacer un llamamiento a la militancia de ese partido, donde habitan miles de personas de buena voluntad, socialistas de intelecto y de corazón, para que obliguen a su partido a presentar una moción de censura previo pacto con Podemos y los partidos nacionalistas con el objetivo puesto en el interés general, zanjar esta etapa de represión y corrupción y abrir un periodo constituyente que permita a todos los ciudadanos y pueblos de España sentirse a gusto en este territorio secularmente maltratado y saqueado por sus clases dirigentes. De no ser así, si los militantes de buena voluntad del PSOE no son capaces de obligar a quienes lo dirigen a iniciar una nueva etapa de comprensión y diálogo, de justicia social y de libertad, mucho me temo que ante nosotros se abrirá una etapa durísima de represión, desasosiego y malestar generalizado que marcará otra patética época de nuestra historia. En sus manos está. ¿Quién se acuerda ya del Partido Liberal de Sagasta y García Prieto? Nadie. Ser o no Ser.

'Diccionario del franquismo', protagonistas y cómplices (1936-1978), de Pedro L. Angosto, ya a la venta.

Apelación última al Partido Socialista Obrero Español