lunes 23.09.2019

La estrategia de la provocación

Ciudadanos debe tener una asesoría de imagen que parece ser la que rige sus decisiones. Su objetivo es conseguir, mediante la estrategia de la provocación permanente, una aparición constante en los medios de comunicación. No importa por qué ni cómo. Lo único que persigue es cubrir con una capa de invisibilidad el vendaval político en el que está inmerso y la extraña situación de su líder Albert Rivera.

Desde el punto de vista mediático, no cabe duda que la estrategia tiene éxito. Así, con ocasión de la celebración de la manifestación del Día del Orgullo Gay, Inés Arrimadas ha conseguido salir en todos los telediarios y en las portadas de los periódicos como acosada, vituperada e insultada por una masa de lesbianas y homosexuales inducidos por el PSOE. Tirando luego por elevación, ha exigido a voz en grito la dimisión del ministro del Interior, Grande Marlaska y ha rematado la faena al denunciarlo ante la Fiscalía. Su proyección ante los sectores sociales retrógrados ha sido grandiosa. No hay más que ver los editoriales y comentarios de los periodistas y tertulianos más carcas presentándola como una nueva Juana de Arco conservadora, frente a los cobardes partidarios de la depravación de las costumbres. Ha logrado lo inimaginable: sobrepasar al PP y a Vox por la derecha.

Ciudadanos desarrolla esa estrategia en un momento especialmente difícil, tras la ruptura con Valls y cuando algunos de sus dirigentes con mayor connotación liberal se le empiezan a escapar por las costuras de unos pactos, realmente existentes, con la ultraderecha, en docenas de ayuntamientos, en Andalucía, y en varias comunidades autónomas más.

No es muy complicado desmontar el sofisma de Arrimadas, repetido como loros por los charlatanes de la caverna mediática

No es muy complicado desmontar el sofisma de Arrimadas, repetido como loros por los charlatanes de la caverna mediática. Dice que el día del Orgullo Gay es una fiesta de todos y por tanto pueden asistir como partido a la manifestación, aunque cuenten con el rechazo expreso de las organizaciones convocantes por su pacto con la extrema derecha que los denigra.

Siguiendo ese mismo razonamiento, el próximo 1º de Mayo, fiesta de los trabajadores, Ciudadanos podría decidir - y no hay que descartarlo– asistir a la manifestación que tradicionalmente convocan CCOO y UGT, con una pancarta en la que se pida el despido libre. Pueden incluso llevarse con ellos también a los neofranquistas de Vox, ahora que se han unido en tareas comunes. Imagínense que estos se presentasen con un puñado de mozalbetes machotes, heterosexuales probados por supuesto, en uniforme deportivo y de chicas angelicales con pololos, ejecutando ejercicios de aquellos que nos mostraban por la televisión obligatoria en las demostraciones sindicales del Régimen. Al fin y al cabo ese día también entonces era fiesta, la de San José Obrero y la presidía Franco.

Según esta opinión toda convocatoria reivindicativa, sería susceptible de acoger a partidos o grupos que defiendan lo contrario, hayan sido invitados o no, incluso, como dijo el consejero del gobierno del PP de la Comunidad de Madrid, Jaime de los Santos, los intolerantes. O sea que si se presentasen los de los bates de béisbol también deberían ser bien recibidos.

Claro, no sé si el argumento les valdría para otros actos públicos. Por ejemplo, si en una procesión de Semana Santa, se presentase un grupo de partidarios de Pilatos portando en andas un enorme lavamanos.

Obvian el derecho, que nadie les niega, a montar su propia manifestación con sus seguidores, como hicieron en la famosa concentración de la gran derecha española en su versión más reaccionaria en la misma plaza de Colón de Madrid en febrero de este año.

La estrategia de la provocación