sábado 07.12.2019

¡No es Greta, es que nos derretimos!

En estos días se va a desarrollar la COP 25, conocida como la cumbre de la ONU sobre cambio climático. Para algunos medios la noticia destacable de estos días será si llega a intervenir o no Greta Thumberg. Por ello es preciso repasar un poco de historia.

Fue a finales de los años cincuenta cuando las observaciones del científico norteamericano Charles D. Keeling, sobre los incrementos de CO2 en la cumbre del Mauna Loa en Hawai, empezaron a señalar que la naturaleza no estaba siendo capaz de absorber el incremento de los gases de efecto invernadero y de que algo estaba cambiando en el clima mundial. Con los datos obtenidos compuso la conocida Curva de Keeling, en la que se predice la concentración en partes por millón (ppm) de este gas, que es determinante en el aumento de la temperatura de la atmósfera.

En 1972, se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, más conocida por Conferencia de Estocolmo. En ella se proclamaba, entre otras cosas: “…A nuestro alrededor vemos multiplicarse las pruebas del daño causado por el hombre en muchas regiones de la Tierra : niveles peligrosos de contaminación del agua, el aire, la tierra y los seres vivos ; grandes trastornos del equilibrio ecológico de la biosfera ; destrucción y agotamiento de recursos insustituibles y graves deficiencias, nocivas para la salud física, mental y social del hombre, en el medio por él creado, especialmente en aquel en que vive y trabaja” (1). Aquel fue el punto de partida para la sucesión de conferencias, cumbres y acuerdos internacionales, que han llevado al cambio climático a la, al menos teórica, máxima preocupación global.

Los hitos clave han sido: la primera Conferencia Mundial sobre el Clima en 1979; la creación de la llamada Comisión Brundtland sobre Medio Ambiente y Desarrollo en 1983; la creación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en 1988; la conocida como Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, en la que 154 países firmaron la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático; la COP 3 en 1997, en la que se adoptó el Protocolo de Kioto que establecía objetivos concretos vinculantes de reducción de emisiones para alcanzar en 2012, aunque no entró en vigor hasta 2005; y finalmente el Acuerdo de París en 2015, que puso como objetivo : “Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C…” (2) y que debe estar vigente a partir  del próximo año.

Ha sido pues una larga trayectoria de más de sesenta años la que nos ha llevado, desde las primeras observaciones científicas de que estaban aumentando los gases que convierten a la Tierra en un invernadero hasta el convencimiento actual también científico, de que, si no limitamos de manera urgente y drástica la emisión de esos gases, el invernadero se va a convertir en una barbacoa.

En estas décadas ha habido muchos escépticos que hoy ya no lo son tanto. Aún tengo fresca en mi memoria unas jornadas sobre este asunto, celebradas en Zaragoza en 1998, en las que expuse los resultados de una investigación llevada a cabo por el Instituto Wuppertal de Alemania para Amigos de la Tierra Europa (3), en la que, entre otras cosas se avanzaba que la contaminación atmosférica en las ciudades produciría graves daños a la salud de sus habitantes de no tomar medidas drásticas sobre la utilización del vehículo privado de combustión. Algunos asistentes me acusaron a mí, que era un mero transmisor de la información, de exagerar y alarmar indebidamente.

Esa ha sido la constante de aquellos que han querido usar la táctica del avestruz y no querer ver las evidencias que nos indican que vamos por muy mal camino. Aún hoy día nos encontramos casos palmarios de esta actitud.

El primero nos los proporciona el que debía ser anfitrión de esta cumbre decisiva: Chile. No ha podido ser porque ha estallado en protestas causadas por la enorme desigualdad social de un sistema en el que, con la dictadura de Pinochet aplicando al dictado las políticas neoliberales de la Escuela de Chicago se agravaron terriblemente las condiciones de vida de la clase trabajadora y con el gobierno de Piñera se intenta volver a esas mismas políticas.

El segundo y muy importante es el anuncio oficial que ha hecho Trump, de que EEUU se retirará del acuerdo firmado en París por John Kerry, pasando de una actitud diletante a otra claramente beligerante contra quienes desean mantener la limitación del aumento de la temperatura del Planeta en menos de 1,5ºC.

Ya entre nosotros, no tenemos más remedio que hacernos triste eco de la gesticulación grotesca de los políticos del PP más destacados, como la presidenta de la Comunidad, Sra. Díaz Ayuso, quien desea hacer patente su apoyo al evento, regalando botellas de agua del grifo. Y del alcalde de Madrid, Sr. Martínez – Almeida, para quien esta cumbre va a fortalecer la imagen internacional de la ciudad y la va a convertir en “referente en el ámbito de la sostenibilidad”. Desde luego referente están siendo los gobiernos de la capital y de la región, pero por lo contrario a lo que proclaman estos dirigentes y no hay más que mentarles la reversión de Madrid Central o la incapacidad para evitar que duerman al raso unas pocas docenas de inmigrantes.

Pero también se merece un reproche la actitud del alcalde de Vigo, que en estos días ha desatado una absurda carrera para ser la ciudad más iluminada de la Tierra en Navidad. A ver si explica cómo consigue que el millón de luces led no supongan más anhídrido carbónico y más despilfarro a mayor gloria de un alcalde que debería estar preocupado por el nivel que va a alcanzar el mar en su ciudad en la próxima década y cuántas playas, embarcaderos y urbanizaciones costeras van a desaparecer, por actitudes irresponsables como la suya.

De los que todo esto lo despachan como “consenso Progre”, nada que decir, se descalifican a sí mismos.

Así pues, la noticia de esta cumbre de la ONU de Madrid, no debería ser si llega Greta Thumberg a tiempo o no, sino que todo el mundo se entere que ¡nos estamos derritiendo! 

cuadro 2 cambio climatico

cuadro 1 cambio climatico


(1) ONU. Informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Estocolmo 5 a 6 junio 1972. Nueva York, 1973.
(2) ONU. Acuerdo de París. 2015.
(3) Friends of the Earth Europe - Wuppertal Institute. “Towards sustainable Europe: the study”.Bruselas, 1995.

¡No es Greta, es que nos derretimos!