Nuevatribuna

Después del 'pinchazo' de Colón

Digamos que Pedro Sánchez ha ganado en este pulso llevado a la calle por una parte sustancial de sus oponentes

Hace poco que se han vuelto a casa las personas que acudieron a la manifestación convocada en la Plaza de Colón de Madrid por toda la derecha unida, para derribar a Pedro Sánchez de la presidencia del gobierno, contra el diálogo con los independentistas catalanes y por la convocatoria de elecciones generales.

Es evidente que ha supuesto una derrota palmaria para quienes, utilizando el modelo Guaidó, pretendían autoproclamarse legítima representación del pueblo español frente a los traidores socialistas, aunque no está nada claro los que pueden cantar victoria.

De entre los primeros, Casado, con un discurso ultraderechista e insultante, ha sido quien ha recibido el más sonoro bofetón, pues su partido es el que más ha invertido política y económicamente en atraer a Madrid a miles de personas, cuyo número ha quedado muy por debajo de sus expectativas. Rivera también ha recibido un serio correctivo, sobre todo porque con su foto con Abascal confirma lo que, desde la formación del gobierno andaluz nadie duda: su inclusión en un proyecto de tripartito con la derecha más extrema.

Dentro del PSOE, aquellos que actuaron de altavoces de una supuesta disidencia frente a Sánchez, llámense barones o “jarrones chinos”, también deberían sentirse frustrados en su afán de minar la confianza en el resucitado secretario general de su partido y, al menos los que están en activo, sacar las lógicas conclusiones.

Digamos que Pedro Sánchez ha ganado en este pulso llevado a la calle por una parte sustancial de sus oponentes. Pero, como todo en política, las palmas se pueden volver lanzas en cuestión de días o incluso horas. Y para recordárselo está el inapelable calendario de la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado.

Su aliado en la izquierda, Iglesias, intenta aprovechar el tirón y le exige “un diálogo sin exclusiones con los independentistas catalanes”, que es como no decir nada, porque no dice quién o qué ha sido excluido del diálogo mantenido hasta hace unos días.

Ada Colau, aliada a su vez de Iglesias, más volcada esta vez hacia los independentistas, encabeza a un nutrido grupo de alcaldes de ese signo político y exige un juicio justo e imparcial y que se libere a los presos preventivos, como si ello estuviese en manos del ejecutivo.

El partido del gobierno debe estar muy hábil para leer en la clave correcta lo que los ciudadanos están expresando con su asistencia o ausencia a las manifestaciones, con las opiniones expresadas en las redes sociales, en las encuestas y en los medios de comunicación, sabiendo que el único punto de referencia real es el manifestado en las urnas.

El presidente ha salido reforzado. Los insultos y descalificaciones, lejos de hundirle, han servido para elevarle por encima de la barahúnda de los dos nacionalismos enfrentados: el catalanista y el españolista.

Pero eso no debe significar que el PSOE aparente de ninguna manera abrirse a los planteamientos independentistas. Hasta ahora, ha sido claro a este respecto, incluso la declaración de Pedralbes del 20 de diciembre, pactada por los gobiernos de la Generalitat y de España lo deja negro sobre blanco al condicionar el diálogo a la “seguridad jurídica”, que no es otra, que la que marca la Constitución.

El margen para el diálogo está trazado en ese marco. No existe posibilidad de avanzar en un supuesto derecho de autodeterminación de las autonomías y Torra lo sabe. Intentar saltarse ese margen, lleva directamente a enfrentarse a la Justicia porque es entrar en el campo del Código Penal.

Los que ahora deben decidir si desean que se aprueben unos presupuestos con un marcado acento social, que revertirían recortes y dotarían con nuevas capacidades económicas a las autonomías o que el presidente del gobierno se vea obligado a una convocatoria adelantada de elecciones generales son los nacionalistas catalanes.