sábado 21.09.2019

Los Papeles de Panamá: el otro escándalo

Estos documentos representan un compendio de acuerdos relacionados con actividades de elusión fiscal que implican a miles de personalidades conocidas.

El pasado domingo 3 de abril, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), desveló los conocidos "papeles de Panamá": una filtración masiva de documentos en manos de la firma panameña Mossack-Fonseca. Estos documentos, unos 11 millones en total, reflejan los beneficiarios efectivos de diferentes sociedades y fondos de inversión establecidos en diversos paraísos fiscales y han tenido un enorme impacto en los medios de comunicación mundiales.

Estos documentos representan un compendio de acuerdos relacionados con actividades de elusión fiscal que implican a cientos, e incluso miles, de personalidades conocidas. La lista es significativa, desde personalidades políticas de primer orden, familiares cercanos a responsables europeos, miembros de destacadas familias reales, renombrados deportistas etc. Pese al claro sesgo político en la selección de las personalidades publicadas, el compendio de personas da una idea de la dimensión de la elusión fiscal en el mundo.

Nos referimos a elusión debido a que no ha habido tiempo físico para examinar la posible existencia de delitos fiscales. Y sabiendo que, con las normativas fiscales de nuestras jurisdicciones, es más que probable que no exista delito alguno e incluso existan las bases legales necesarias para demandar a quien publica la información. En concreto, España fue uno de los primeros países en dejar de considerar a Panamá como un paraíso fiscal al firmar un convenio de doble imposición con dicho país en 2011, abriendo a que la propia OCDE considerara a Panamá como una administración cooperativa en materia de información fiscal, basándose en los estándares por los que estados de la propia UE o los EEUU desaparecieron de la lista. En materia fiscal, según parece, todo vale, y la existencia un sistema fiscal progresivo que garantice que pague más quien más tiene es un requisito en que ya solo creemos algunos locos utópicos.

Pero lo realmente importante de todo este nuevo escándalo, una filtración necesaria, no deberían ser solo las personalidades y el número de nombres propios. La información verdaderamente transcendente debe ser la vinculación de los principales actores del sector financiero mundial con este tipo de paraísos fiscales. Si observamos la prensa la única compañía que parece estar implicada en el escándalo es la ya citada Mossack-Fonseca, pero, como algunos medios han revelado, la compañía trabajaba con importantes bancos que actuaban como sus principales "conseguidores" de clientes.

Este dato debería señalar la verdadera naturaleza del escándalo que debemos afrontar. Entre los principales bancos señalados en los papeles encontramos renombradas firmas del sector de las finanzas: nombres como HSBC, UBS, Société Générale, Credit Suisse... Y otras españolas como Santander, Sabadell o BBVA. Bancos cuyo tamaño los convierte en actores relevantes del sistema financiero mundial y que tiene en plazas europeas su principal núcleo de actividad. Cabe entender así la disponibilidad de los Estados europeos a firmar tratados de doble imposición que acaban convirtiéndose en nuevas piezas de un sofisticado sistema de elusión fiscal. Se trata, por lo tanto, de un escándalo que va más allá de nombres individuales y apunta a una realidad sistémica donde el sistema financiero en su conjunto utiliza las legislaciones nacionales de estados "respetables" para desviar fondos a enclaves offshore. Es por ello que afirmamos que los estados sociales, en una economía global de mercado regulada en interés de las finanzas, se convierten en una mera ilusión.

El sistema bancario mundial es el principal partícipe de la evasión fiscal y es este sistema bancario el principal protegido de nuestros estados. El compendio de compañías financieras no sólo controla el flujo del crédito en las economías europeas sino el flujo de ingresos fiscales a los estados. La fuerte caída de la recaudación fiscal desde el inicio de la crisis financiera internacional que está disparando los niveles de déficit público, alimenta la tenencia de deuda bancaria y tiene por lo tanto su causa y su beneficio en las prácticas de las propias finanzas. Para llevar a cabo todo tipo de recortes y desarrollar las políticas de austeridad en nuestros países la Comisión Europea nos repite la necesidad de hacer nuestras economías atractivas a los inversores financieros. Pero son estos inversores son los mismos que asaltan las arcas del estado con la connivencia de la banca y los Gobiernos.

No debemos olvidar esta enseñanza ante este nuevo escándalo tributario: los grandes circuitos financieros no son un activo, sino un cáncer. Es ahora, más que nunca cuando debemos apostar por una alternativa real: una banca estrictamente regulada, con una fuerte presencia de la banca pública.

Un sistema financiero que solo atiende a su propio beneficio no puede servir para el desarrollo de una sociedad en su conjunto. Un sistema financiero que viaja a las jurisdicciones que le apetece y trabaja por el interés de los más ricos no sirve para recuperar una economía. Solo un sistema financiero democrático puede garantizar los intereses de todos y suponer una verdadera alternativa a la crisis en la que nuestro actual sistema financiero nos ha metido.

Ahora los utópicos son aquellos que piensan que el sector financiero va a "entregar las armas" y colaborar con los estados para recuperar la economía y los niveles de empleo, cuando pretende hundirnos hasta que no quede ningún retazo del estado social que tan solo unos años era capaz de garantizar los derechos fundamentales en nuestra sociedad.

Los Papeles de Panamá: el otro escándalo