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miércoles. 08.02.2023

Versión Original

La alcaldesa Manuela Carmena, ese lobo feroz disfrazado de abuelita, se cansó un día de preguntar "pero ¿de dónde ha salido esa barbaridad?".

Ante el aluvión de noticias “inexactas o matizables” que bombardean desde la prensa libre las actuaciones del Ayuntamiento de Madrid desde el mismísimo día después del cambio de equipo de gobierno, la alcaldesa Manuela Carmena, ese lobo feroz disfrazado de abuelita, se cansó un día de preguntar «Pero ¿de dónde ha salido esa barbaridad?» y creó la web Versión Original para restablecer la verdad consistorial en sus justos términos.

Parece una iniciativa pacífica y plausible, pero no. Es una afrenta a la libertad de prensa. Tiene «un halo de censura», según doña Elsa González, presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Prensa (FAPE), a quien por lo visto le preocupan mucho más los desmentidos del Ayuntamiento que las mentiras reiteradas de sus muchachos.

La diferencia es evidente y nada sutil. Hay censura cuando se impide a alguien divulgar un hecho cierto, por razones que importan al poder o a la razón de estado, que viene a ser lo mismo. Hay desmentido cuando se corrige una información no veraz. Las informaciones no veraces, por mucho que las avalen las cabeceras más reputadas de los medios de comunicación, no tienen bula ni por parte de nuestra tan baqueteada constitución del 78, ni por la reiterada jurisprudencia de los tribunales, incluida la más torticera que imaginarse pueda.

Si la alcaldesa, en lugar de querellarse cada dos por tres contra quienes la acusan de hacer lo que no hace, ha elegido crear una web donde los raros espíritus delicados que aún subsisten puedan informarse de forma veraz para evitar engullir las pesadas ruedas de molino que se les sirven cada mañana con el desayuno, debería ser objeto de alabanza antes que de censura. Se diría que su iniciativa es cosa de sentido común, una cualidad muy alabada por nuestro presidente del gobierno, pero tan de capa caída en nuestro país como las rentas de las clases medias y bajas. No solo doña Elsa González se apunta al derrape generalizado de las meninges; también, y ya es maravilla, el compañero de consistorio de Manuela, Antonio Miguel Carmona, que tiene sin duda suficientes datos en la mano para saber quién se está comportando de forma ética y quién no, en este rifirrafe.

Versión Original