jueves 21/1/21

Una jornada particular (Congreso CCOO Catalunya)

Una fórmula infalible para reafirmar el tópico demasiado común de que los sindicatos “no hacen nada”, es silenciar sistemáticamente desde los medios informativos las actividades de los sindicatos.

Estuve ayer, como invitado, en la jornada de inauguración del Congreso (el onceavo) de las Comisiones Obreras catalanas. Vi a muchísimos conocidos y tuve ocasión de saludar a algunos de ellos. No me tomé la ocasión como una jornada para la nostalgia, sin embargo; para el “parece que fue ayer”. Me interesaba el hoy. No tomé notas, lo fie todo a la memoria, que va dejando poco a poco de ser la que fue. Pero estuve atento a las intervenciones: a las dos “institucionales” de Colau y Puigdemont, y a las del secretario saliente Joan Carles Gallego, más las de María Recuero, de USOC, y Camil Ros de UGT, que entonaron un “canto a tres voces” a la unidad de acción.

Por supuesto. Pero también escuché, sin faltar una, las intervenciones de todas las delegaciones de federaciones y uniones en torno al Informe General presentado al Congreso.

Ahí asomó de alguna forma la actividad obstinada e incesante de un sindicato maltratado por los medios durante los cuatro últimos años. El debate en torno a un informe general suele centrarse mayormente en temas generales; es lógico. Se habló bastante de la propia organización. Con orgullo: “hemos resistido en tiempos duros”, “aquí seguimos”, “hemos crecido”, “hemos ganado las elecciones una vez más”, “somos más fuertes”, “es el momento de retomar la ofensiva”.

No son bravatas, la CONC es la entidad catalana con más socios, después del Barça. La diferencia entre ambas es que en el caso del sindicato se trata de socios activos, socios para empujar las cosas todos los días laborables, no solo para movilizarse los días de partido. Ellas y ellos son, discúlpeme el club de fútbol, mucho más socias/os, cuantitativa y cualitativamente.

Y al hilo de las intervenciones de los mandatados por las delegaciones congresuales asomaron de pasada nombres de empresas, historias de conflictos resueltos o por resolver, negociaciones felices o infructuosas, movilizaciones. Historia menuda si se quiere, pero que es la de los días que pasan, la de los puestos de trabajo que se defienden, la de las alternativas discurridas colectivamente a propósito de todo, frente a un poder inmóvil que sostiene que no hay alternativa.

En la pantalla del escenario, el logo del congreso era un número 11 formado por bocadillos de diálogo de diferentes colores, que se formaban y se desvanecían sucesivamente. Imagen de un diálogo sindical frondoso, que haría mucha falta estimular en otros ámbitos institucionales de la política.

Y dos últimas notas a una jornada particular: una, la gran presencia femenina, en la mesa, en la platea, en las delegaciones. Magnífica intervención de Aurora Huerga, que hablaba por la Federación de la Construcción y Servicios y aprovechó sus últimos segundos, avisada ya desde la mesa de que debía ir acabando, para recitar un poema sobre las mujeres y condenar la violencia de género con un “¡Las queremos vivas!”, levantando el puño.

Y esa, la de la poesía, es la segunda nota. No fue Aurora la única en recitar. Salió también a colación, entre otros, un poema de Miguel Hernández. Y hubo palabras de reconocimiento a Gallego por haber introducido en el sindicato el gusto por la poesía. No es poca hazaña, lo digo desde mis recuerdos de otras épocas en las que la cultura se nos aparecía mucho más lejana.

Una jornada particular (Congreso CCOO Catalunya)