lunes 01.06.2020

Reescribir el relato

Quienes nos aseguraban alegremente que la independencia estaba a tocar, que no iba a pasar ninguna desgracia y no había que tener ningún miedo, nos aseguran ahora exactamente lo contrario. Marta Rovira, número dos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y candidata in pectore de Oriol Junqueras para la presidencia de la Generalitat después de las próximas elecciones ilegítimas, cuenta a quien la quiera oír (en RAC1) que desde “Madrit” se amenazó al Govern legítimo con muertos en las calles si se tiraba adelante con la DUI.

No fue esa la sensación que tuvimos en su momento. Como pruebas en contrario, se pueden señalar por lo menos dos: 1) que sí se tiró adelante con la DUI; 2) que no hubo – afortunadamente – víctimas personales como consecuencia de aquel poco memorable “acto simbólico”, para darle la calificación elegida por Carme Forcadell, presidenta del extinto Parlament y que ya ha anunciado su intención de reincidir en el intento, en las filas precisamente de ERC.

Nos encontramos así ante un relato perfectamente duplicado: no habíamos de tener miedo, y por ello se tiró la independencia para adelante, pero sí habíamos de tener miedo, y por esa razón se recurrió al simbolismo, no fuera que alguien prenguès mal. En consecuencia, no disponemos aún de una independencia de la buena, pero todo se apañará en una próxima legislatura si mantenemos la fe, y ampliamos en lo posible el voto masivo al mismo circo que nos ha colocado en una situación insoportablemente desairada. Después del sí pero no, ahora es llegado el momento del no pero sí. Adelante una vez más con los faroles. Del simbolismo del que nunca fuimos informados vamos a pasar ahora a la realidad real, sin ser informados tampoco de cuáles son las circunstancias que han cambiado. El paso se hará sin necesidad de rendir cuentas a nadie por el estropicio causado, y sin aclarar quién ni cómo habrá de pagar la cuantiosa factura.

Eso sí, se nos aclara que la nueva independencia llegará esta vez sin DUI, para evitar que llegue la sangre al río. Ahora el proceso incluirá la búsqueda de un consenso pacífico y relajado con un gobierno central dispuesto a freírnos a todos a tiros, a la más mínima.

Lo decididamente insoportable de Marta Rovira no es que sea mentirosa, que Deu n'hi do, sino que además es redicha. Me trae recuerdos ominosos de una “seño” que tuve en el parvulario: ella siempre lo sabía todo, y nosotros/as, la liga de los con bata, no solo no sabíamos nada sino que tampoco merecíamos saberlo.

No se puede humillar así la dignidad innata de un/una párvulo/la. Si Marta Rovira sabe más que nosotros, que nos lo cuente. Pero sin trampas. No a través de dos relatos contradictorios que estamos obligados a creer a pies juntillas, los dos a la vez.

Reescribir el relato