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sábado. 02.07.2022

No hubo ruptura en Andalucía

Las elecciones andaluzas, inauguración oficial de un curso político apretado, han deparado novedades y sorpresas menores: apariciones, eclipses, permanencias y declives.

Las elecciones andaluzas, inauguración oficial de un curso político apretado, han deparado novedades y sorpresas menores: apariciones, eclipses, permanencias y declives. La mala noticia es que no ha habido ruptura. El viejo molde ha servido para instalar en nuevos nichos a las fuerzas emergentes; apenas ha habido que agrandar las sisas y retocar algunas costuras en el traje que ya sirvió para el ciclo anterior. Quienes esperaban un terremoto pueden constatar que en efecto lo ha habido, pero su intensidad medida en la escala Richter apenas habrá llegado al 1,5 o al 2, como ya predijo hace algún tiempo el observador agudo Carlos Arenas Posadas.

No ha habido lucha de ideas ni contraste de programas en la campaña: solo son de destacar algunos golpes bajos, muy bajos, en la peor tradición de nuestro parlamentarismo. Ha habido también muchas apelaciones a la emoción. La emoción es algo que se transmite bien por twitter y es capaz de arrancar a través del “Pásalo” una concentración puntual considerable de personas, si se eligen bien el día y la hora; pero en términos de propuesta política a cuatro años vista, resulta muy poco eficaz.

Sin embargo, a Susana Díaz le ha bastado con envolverse en la bandera andaluza para repetir sus resultados anteriores. El otro partido de gobierno (hasta diciembre del año pasado), Izquierda Unida, ha caído en un socavón, pero la liberación de sus ataduras como socio minoritario de un proyecto dudoso puede permitirle resanar sus expectativas a medio plazo, con nuevo liderazgo y mayor proximidad a sus bases de siempre. El Partido Popular, por su parte, ha sufrido los efectos de un fuerte desgaste, pero sus 33 escaños aún quedan muy por encima de los 15 obtenidos por la fuerza emergente Podemos. No creo que Pedro Arriola esté del todo disgustado con la performance; de pronto los malos augurios en relación con el resto de las consultas programadas para 2015 dejan paso a la sensación de que el PP va a bajar, sí, pero tampoco va a ser para tanto.

Por lo que respecta a la ciudadanía, tanto en Andalucía como en otras latitudes, desmovilizada, pasiva, expectante ante un prodigio anunciado que vendría de más allá de las fronteras de la política, entiendo que ha sufrido aquella decepción que tan bien supo describir Constantino Cavafis (cito la traducción de Pedro Bádenas en Alianza Editorial, 1999):

«¿Por qué reina de pronto esta inquietud y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!) ¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían y todos vuelven a casa compungidos?

»Porque se hizo la noche y los bárbaros no llegaron. Algunos han  venido de las fronteras y contado que los bárbaros no existen.

»¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.»

No hubo ruptura en Andalucía