lunes 01.06.2020

Monólogo de sordos

La idea de no pactar con el enemigo es bella en sí misma, pero cuando los pactos se hacen necesarios para impedir la degradación acelerada de las situaciones, ¿con quién se ha de pactar, si no es con el enemigo?

Eulàlia Reguant, ex diputada al Parlament de Cataluña por la Candidatura de Unidad Popular (CUP), y Natalia Sánchez, cabeza de lista de la misma formación por Girona, han pedido a Esquerra Republicana de Catalunya, en un acto de campaña celebrado en Blanes, que renuncie al “diálogo de sordos” con un Congreso de amplia mayoría conservadora, y una monarquía y un poder judicial decididos a negar la libre expresión del pueblo catalán. ¿Cuántos años se han perdido ya en ese diálogo de sordos?, se ha preguntado retóricamente a sí misma la impetuosa Reguant.

El remedio, dicen las dos activistas, que no saben cómo no se da cuenta Esquerra, es la vía unilateral iniciada con la efemérides del pasado 1-O. “Nadie podrá borrar de la memoria aquel día”, dice Sánchez, y es difícil no darle la razón. Pero ella misma, a lo que parece, lo ha olvidado por completo, o lo ha transformado en otro relato de un contenido abiertamente distinto.

“Si no lo hacemos nosotros mismos, nadie lo va a hacer”, ha apostillado Reguant. Pero no queda claro si ese “nosotros mismos” se refiere al conjunto de la ciudadanía (la CUP evita en general ese término, prefiere encomendarse al “pueblo”, y en palabras de Sánchez al “pueblo digno”, lo que excluye a una considerable cantidad de personas que, no obstante, en cualquier definición democrática, tienen los mismos derechos de expresión y de decisión que las dos abnegadas militantes.)

Es entonces a una vanguardia minoritaria pero aguerrida a quien se adjudica la misión de salvar a Cataluña de la opresión de ser gobernada por los mismos que la gobiernan desde la unión política decidida hace unos seis siglos por los reyes llamados católicos, sin hablar de las fuerzas sociales que lo hacían desde varios siglos antes a través de un rey de Aragón soberano y unas corts catalano aragonesas formadas por varones representantes de los tres estamentos de la iglesia, la nobleza y el pueblo no tan llano.

La idea de recuperar la autodeterminación por la vía unilateral, solo significa más de lo mismo respecto de lo ya vivido. Estaríamos frente a un nuevo 1-O, esa jornada que nadie nos borrará ya de la memoria, y frente a sus mismas repercusiones más o menos mediatas sobre la economía y la riqueza del país, respecto de las cuales las activistas de la CUP se esfuerzan con denuedo en pasar la esponja para que las olviden a toda costa quienes las sufren.

Una estrategia, en suma, concebida desde el maximalismo y para la vanguardia, sin tener en cuenta las prioridades y las necesidades de los más. Los éxitos que puedan conseguirse con una gimnasia revolucionaria de ese tipo, si algún éxito se alcanza, no serán duraderos. Tienen en contra todo el peso muerto de las cosas tal como son, y las aristas incómodas de una realidad particularmente tozuda.

La idea de no pactar con el enemigo es bella en sí misma, pero cuando los pactos se hacen necesarios para impedir la degradación acelerada de las situaciones, ¿con quién se ha de pactar, si no es con el enemigo?

Monólogo de sordos