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miércoles. 28.09.2022

Com el procés no hi ha res

La aceptación de nuestro Procés por parte del entorno europeo no ha avanzado mucho hasta ahora...

Cataluña es un país pequeño. Lo dijo un día Pep Guardiola y nadie le creyó porque hablaba desde la conquista de seis grandes copas en un año. Pero la realidad es esa. Para hacerse una idea de los parámetros en los que nos movemos, es útil consultar las medidas aproximativas calculadas a ojímetro por Pere Quart (1): tres colinas forman una cordillera, cuatro pinos un bosque espeso, cinco cuarteras un latifundio. El poeta se refería en concreto a una comarca, el Vallès, pero créanme, el resto de la geografía catalana no contradice de forma sustancial ese paradigma.

Quizá como consecuencia de esa escala reducida, el llamado Procés hacia la independencia se ha concebido al modo de la miniatura grabada en un camafeo, más que como una epopeya grandiosa. El viaje a Ítaca se ha reducido a las dimensiones de una jira campestre. Ni Circes, ni Escilas y Caribdis, ni cíclopes, ni lestrigones: el único obstáculo es Madrid.

Madrid es también de lo único que deseamos liberarnos. Aceptamos la OTAN y la defensa occidental, las nucleares, los fondos monetarios de todo tipo, la Unión Europea con su Banco Central, la regla del equilibrio presupuestario. Todo menos Madrid. Y esperamos convencer a las autoridades internacionales acreditadas (a las que reconocemos y respetamos) y a los mercados financieros (cuyas leyes caprichosas adoramos tanto como los que más) de que somos distintos de los vecinos de la otra orilla del Ebro: no solo somos más solventes, sino además gente encantadora con la que da gusto convivir.

La aceptación de nuestro Procés por parte del entorno europeo no ha avanzado mucho hasta ahora. Vamos, que está aún en pañales, es preciso reconocerlo. Hay serios obstáculos en ese sentido, pero cabe destacar uno por su carácter novedoso: las cosas han empezado a moverse de pronto del lugar donde estaban.

Es decir, había en Europa un pelotón de los torpes, los PIGS (Portugal, Ireland, Greece, Spain), con el que por nada del mundo deseábamos ser confundidos. Nosotros estábamos más cerca de Estrasburgo y de Bruselas, nosotros nos identificábamos más con el pensamiento de Merkel y Lagarde, nosotros llegado el caso seríamos alumnos aplicados de las recetas propuestas por la troika, bendita troika si nos salvaba de Madrid.

En esas estábamos, timoneados por los dos Mas (Artur y Colell) y los otros numerosos Mas-ters que arrastran. Escuela de Chicago, oiga, poca broma. Y de pronto, en las profundidades de la anatema surge un hecho nuevo que todo lo desbarata: Syriza gana las elecciones griegas, sin necesidad de plebiscitarias ni nada, y nos sitúa frente a otra realidad, frente a un horizonte distinto. Cambian de un día para otro los puntos cardinales, la brújula se vuelve loca, ya no se puede estar seguro de que el Norte sea el Norte y de que el Sur no exista. Justo en el momento en que teníamos desplegadas ya las cartas sobre la mesa, cuando empezábamos a planear la creación de estructuras de Estado, sean ellas las que fueren.
Y todas estas turbulencias distraen al personal. Ya nadie está seguro de que el 27S vaya a ser un acontecimiento mundial, de que el Procés acaricie su meta última, de que la independencia aparezca inscrita en la agenda del año que viene. El personal se ha puesto a mirar en otra dirección.


(1) Para quienes no conozcan el pequeño poema de Joan Oliver/Pere Quart, incluido en Corrandes de l’exili:
En ma terra del Vallès
tres turons fan una serra,
quatre pins un bosc espès, 
cinc quarteres massa terra.
Com el Vallès no hi ha res.

Com el procés no hi ha res