miércoles 08.04.2020

El poder de la banca: un ejemplo histórico

Los Medici, patronos del Renacimiento, de Paul Strathern, traza la historia pública de una familia de banqueros que supo construir con prudencia y mucha paciencia un contrapoder consistente a la oligarquía dominante en Florencia, compuesta notoriamente por gibelinos como los Albizzi, los Uzzano y los Capponi, que ocupaban una mayoría de puestos en la Signoria y gobernaban la república con mano de hierro después de aplastada por la fuerza la revuelta de los ciompi.

Giovanni di Bicci Medici (“Bicci” era Everardo, el padre de Giovanni) dio los primeros pasos en el fortalecimiento de la Banca Medici y en su expansión. No se llevaba mal con la oligarquía, pero tampoco eran un secreto sus simpatías (recíprocas) con el llamado popolo minuto, el pueblo menudo, los trabajadores de la lana y los artesanos que sostenían la base de la economía de la ciudad.

Ya seriamente enfermo, es tradición -recogida por Maquiavelo en su Historia de Florencia, tachada de “medicista” por la oposición- que convocó a su lecho a sus hijos Cosimo y Lorenzo, y les aconsejó lo siguiente: «No rondéis con mucha frecuencia el Palazzo della Signoria, aunque os lleven allí los negocios. Id únicamente cuando os convoquen, y aceptad solo las tareas que os asignen. No hagáis nunca alardes ante el pueblo pero, caso de que no podáis evitarlo, no os excedáis más allá de lo estrictamente necesario. Manteneos apartados de la mirada del público, y nunca os manifestéis en contra de la voluntad del pueblo, a menos que esté en marcha un proyecto desastroso…»

A partir de la roqueña solidez de sus relaciones bancarias internacionales, se fraguó la posterior hegemonía política de la familia, en Florencia y en Europa

Cosimo trató de seguir a rajatabla esos consejos, pero además alargó sus tentáculos hasta convertir la Banca Medici en una institución “demasiado grande” para desaparecer en caso de crisis. Tenía veinticinco años cuando su padre le envió al concilio de Constanza como banquero de uno de los pontífices en litigio en el Gran Cisma de la Iglesia: Baldassare Cossa, electo con el nombre de Juan XXIII. Cosimo atendió con diligencia los intereses de su cliente, pero además conoció en la ciudad imperial a representantes de todas las grandes casas de banca lombardas y venecianas, e incluso a los Fugger centroeuropeos, banqueros del emperador Segismundo. En los años siguientes, estableció oficinas de la firma en Brujas, centro europeo del comercio lanero, y Londres.

Cossa se vio en el trance de huir de Constanza disfrazado de ballestero, para evitar su prisión por cargos muy graves. Giovanni Medici le había hecho un préstamo personal de 12.000 florines, y Cosimo consideró que no debía desentenderse de la suerte de aquel cliente tan especial. Huyó asimismo de Constanza, probablemente también disfrazado y llevándose consigo la garantía de su préstamo al papa: un báculo pontifical de oro con piedras preciosas engastadas. De regreso en Florencia, trabajó en favor de Cossa, que había sido apresado y encerrado en Heidelberg. Toda su selecta clientela quedó gratamente impresionada por aquella lealtad sin esperanza de recompensa.

Sin embargo, Cossa nombró a los Medici administradores de su herencia personal, y finalmente la Banca pudo resarcirse en parte de las resultas de un crédito incobrable. El nuevo papa, Martín V, resentido por el asunto del báculo, frustró las expectativas de Giovanni y eligió otra casa como proveedora de fondos para sus negocios, pero acabó fatalmente por recurrir a los Medici después de la quiebra de la firma que había preferido. Su sucesor, Eugenio IV, mantuvo su confianza en la Banca Medici, y la prosperidad de los negocios romanos de Cosimo ascendió en flecha.

Fue entonces, sin duda demasiado tarde, cuando el gonfaloniere de la República de Florencia, Rinaldo degli Albizzi, quiso poner coto de forma drástica al auge de los Medici. Encerró a Cosimo en la pequeña celda situada en lo alto de la torre del Palazzo, justo debajo de las campanas: el llamado alberghetto.

Cosimo estaba seguro de sus aliados, pero no de lo que podía suceder mientras tanto. Mantuvo un ayuno riguroso durante tres días, hasta que su carcelero le ofreció compartir todas sus comidas para garantizarle que no estaban envenenadas; también sobornó Cosimo al jefe de la guardia, que hizo la vista gorda en cuanto a visitantes y contactos con el exterior.

Ferrara, Venecia, el Papado, el Imperio, Flandes y la Hansa se interesaron sucesivamente ante la Signoria por la suerte del prisionero. Albizzi insistió en que había cargos fundados contra él por traición y conspiración para establecer una tiranía; todos le dieron a entender que aquello eran milongas. Convocó entonces una Badía (asamblea popular) con acceso restringido a sus propios partidarios, para condenar a Cosimo a muerte; pero sus propios partidarios no quisieron llegar tan lejos, y la sentencia fue de destierro por diez años. Cosimo aún tuvo la prudencia de evitar salir en libertad en pleno día, para no ser apuñalado a la vuelta de una esquina por sicarios de Albizzi. La liberación se llevó a cabo de noche y con las calles guardadas por leales suyos.

Así, a partir de la roqueña solidez de sus relaciones bancarias internacionales, se fraguó la posterior hegemonía política de la familia, en Florencia y en Europa.

El poder de la banca: un ejemplo histórico