jueves 09.04.2020

Invitación al baile

Arriba las citadas “Dos Tazas”, Batet y Cruz, transfiguradas en Cardinale y Lancaster, lideran el baile en el Parlamento con la cristalina intención de no dar de ningún modo por perdida la oportunidad que se nos ofrece, tanto a catalanes como a españoles

La operación Dos Tazas, concebida por Pedro Sánchez como Plan B después del veto del soberanismo catalán a la designación (no “elección”, que es cosa muy distinta) de Miquel Iceta como representante territorial en el Senado, ha situado esta mañana a Meritxell Batet en la presidencia del Congreso y a Manuel Cruz en la del Senado. Dos catalanes por falta de uno.

No era esa, sin embargo, la clave de la propuesta socialista, sino precisamente el hecho de que Iceta llegara a la presidencia del Senado avalado por el Parlament como “su” representante en una institución que expresa la soberanía plural del Estado, y reconoce (a medias, porque la labor constituyente del 78 dejó sin concretar ese fleco) la condición de Estado que tienen las Autonomías en un conjunto reconocido precisamente con el título de Estado de las Autonomías.

Lo que no puede ser no puede ser, y el viraje del soberanismo, desde la anterior “trayectoria de colisión” hacia una posición de “conflicto normalizado” con apertura de vías hacia consensos futuros, quedó momentáneamente abortado. Esquerra Republicana hizo una vez más costado a Puigdemont en la votación del Parlament, ya sea por la fuerza de la costumbre o por la misma compulsión irresistible que llevó a Adán, según la Biblia, a morder la manzana que le tendía Eva: esa solidaridad con la familia próxima en la desgracia común.

En la votación a la presidencia del Congreso, esta mañana, los representantes de Esquerra han optado por escribir en sus papeletas la palabra “Llibertat” junto a un lazo amarillo. Ni a favor, ni en contra, ni abstención: voto nulo. Testimonialismo, en una palabra. Congruente, por lo demás, con esa república testimonial que se sigue enarbolando en Cataluña como si fuera real en algún sentido. Política de los sentimientos, y no de la razón.

Miquel Roca i Junyent, político emérito catalán también del sector nacionalista, pero comprometido en su día con la arquitectura constitucional y hoy situado en el sector templado del catalanismo postconvergente, analiza en un artículo de opinión en lavanguardia la ocasión que ofrecía el plan Iceta de revitalizar la función constitucional del Senado mediante el añadido de una nueva dimensión, necesaria y urgente, al dibujo que la práctica, más que la letra, de la Constitución ha establecido en el curso de los años. Una práctica viciosa, debida sobre todo a la pereza inmovilista de la clase política para emprender cambios, remozar rutinas y taponar vías de agua cada vez más críticas de la ley suprema.

Titula Roca su aportación “¿Oportunidad perdida?”, y esto es lo que dice de la propuesta Iceta: «De hecho, era una iniciativa enriquecedora. Era una apuesta para incorporar al diálogo ideológico, absolutamente ne­cesario, un debate territorial imprescindible. Era reconocer que la realidad plural necesita escenarios institucionales específicos para un diálogo entre las partes de un proyecto colectivo. Era una oportunidad que se debería no dar definitivamente por perdida.»

Arriba las citadas “Dos Tazas”, Batet y Cruz, transfiguradas en Cardinale y Lancaster, lideran el baile en el Parlamento con la cristalina intención de no dar de ningún modo por perdida la oportunidad que se nos ofrece, tanto a catalanes como a españoles.

Invitación al baile