martes 15.10.2019

Andalucía no es un laboratorio

Iñaki Pardo Torregrosa subtitula en lavanguardia su crónica andaluza: «El primer test electoral después del otoño catalán se convierte en un laboratorio para la pugna de PP y Ciudadanos entre ellos y contra Pedro Sánchez, con Cataluña de fondo.»

Es discutible que lo que se avecina en Andalucía sea un test, es decir una prueba para otra cosa distinta; más aún lo es que Andalucía misma sea un laboratorio para experimentar lo que sea; y definitivamente es incierto que Cataluña esté “de fondo” en lo que se dirime en Andalucía.

Sin embargo, Pardo Torregrosa no inventa nada. Esto es lo que ha dicho Pedro Sánchez: «El tren de las victorias socialistas tiene su primera parada en Andalucía, y la segunda en las municipales y autonómicas de mayo.»

Y esto es lo que le ha replicado Pablo Casado: «Lo que pase el 2 de diciembre va a configurar lo que pase en las elecciones municipales y generales.»

A ver, estas cosas se dicen siempre en campaña, desde la idea de que, ya que te tomas el trabajo de quedarte afónico para los andaluces siendo como eres un líder nacional, no está de más un giro de la frase adecuado para que se queden con la copla los electorados de circunscripciones distintas. No es exactamente un brindis al sol, sino más bien un pase de pecho mirando al tendido del 9.

Ocurre siempre en campaña, como he dicho. Los mismos protagonistas asegurarán el día siguiente de las elecciones ─ lo han hecho siempre, una norma consuetudinaria tan arraigada no se revoca de un día para otro ─ que los comicios andaluces “NO” son extrapolables a las municipales ni a las generales. Todos se declararán ganadores, eso sí, pero todos también habrán quedado descontentos de los resultados y considerarán de forma unánime que “sus” expectativas son claramente mejorables en el futuro inmediato.

Una cosa es que las elecciones de Andalucía no sean extrapolables a otras situaciones y otros electorados ─ no lo son, en efecto ─ y otra muy distinta que no nos afecten a los demás. Incluidos los catalanes, por más que no estemos “de fondo” en lo que se ventila. Estamos metidos dentro de un aparato que funciona con varios motores, y no es indiferente el funcionamiento bueno, malo o regular, de cada uno de ellos. Un buen funcionamiento equilibra los esfuerzos y ayuda al conjunto. Uno malo, hace que todo el conjunto se resienta. En ese sentido, y no en la dudosa extrapolabilidad de los resultados, lo que pase en Andalucía trasciende el ámbito estricto de la región. Un buen resultado podría ayudarnos a los catalanes en la lidia con nuestros problemas propios e intransferibles. Y hay cuestiones en las que sería factible una colaboración, una puesta en común de esfuerzos y de sinergias, para sobrealzar en alguna medida el horizonte muy chato en el que unos y otros estamos sumidos.

¿Cuál sería entonces un buen resultado para Andalucía? Justamente el que a los andaluces mejor les cuadre para sí mismos, y que a quienes no somos andaluces nos sirva para interactuar mejor con ellos. Ni un Andalucía First y que se amuelen los demás, al estilo Trump; ni tampoco un “Aquí tienen a servidora para lo que gusten” dirigido a los grandes poderes fácticos que, ellos sí, están “de fondo” en el invento y se complacen en enredarlo y extrapolarlo todo.

Andalucía no es un laboratorio