sábado 14.12.2019

El “acuerdo (casi) histórico” de la reforma laboral en Francia

Me permito parafrasear el título del editorial de Le Monde del 14 de enero a propósito del acuerdo concluido entre la patronal francesa (MEDEF) con 3 sindicatos (CFDT, CFTC y CGC), porque apunta tanto a la importancia del reto que se habían planteado hace tres meses la patronal francesa y los cinco sindicatos más representativos en nuestro país vecino, como a los resultados alcanzados. Otros dos sindicatos (CGT y FO) no lo han suscrito.

Me permito parafrasear el título del editorial de Le Monde del 14 de enero a propósito del acuerdo concluido entre la patronal francesa (MEDEF) con 3 sindicatos (CFDT, CFTC y CGC), porque apunta tanto a la importancia del reto que se habían planteado hace tres meses la patronal francesa y los cinco sindicatos más representativos en nuestro país vecino, como a los resultados alcanzados. Otros dos sindicatos (CGT y FO) no lo han suscrito.

La CGT, primer sindicato del país, y la CFDT, el segundo, han explicado el resultado de estas negociaciones desde razones y conclusiones contrapuestas. Resulta difícil valorar a distancia el texto concluido y las explicaciones, porque exigiría un profundo conocimiento del ámbito en que se aplica, sus relaciones laborales, su marco legislativo y convencional, la historia de sus relaciones sociales, así como la coyuntura en la que se concluye.

Las materias tratadas nos resultan familiares y abordan los temas candentes en el mercado de trabajo y las relaciones laborales e industriales, materias que se encuentran esencialmente en la misma línea de lo pactado en nuestro II AENC, donde junto a la formación, la cobertura del desempleo, los derechos sindicales o la agilización de los trámites administrativos para las empresas, se prioriza la denominada ‘flexibilidad interna’. En un acuerdo suscrito en el marco de la crisis, que necesariamente ha de suponer concesiones y avances mutuos, ha de resultar decisivo para su equilibrio el entorno económico y social en el que se sitúan. Y no sólo el nacional, sino, tanto o más que éste, el supranacional, como la realidad nos demuestra cada día.

Por ello, sin entrar a valorar las virtudes o deficiencias del acuerdo francés, incluso más allá del hecho positivo de que algunas de las reformas contempladas en el acuerdo estén directamente relacionadas o condicionadas a la obligación de las empresas a mantener el empleo, quiero dar la bienvenida a las noticias que nos llegan de Francia, en la medida que sirven para reiterar que la mejor salida de esta situación sólo podrá venir de la mano de un amplio acuerdo social y político. Y si bien su contenido no podría ser un referente para nuestro país –debido a las distintas realidades-, debería ser una lección para el Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, y para todos aquellos dirigentes que hablan y reclaman la necesidad de acuerdos y pactos con los agentes sociales.

Sería muy positivo que tomaran en cuenta las formas y las bases sobre las que se ha sustentado el inicio y el proceso de negociación de este Acuerdo en Francia. Primero, por la apuesta decidida y la voluntad de liderazgo del Presidente de la República francesa, quien, en su primera declaración de gobierno, expresó sin matices que el centro y la base de su mandato residirían en construir el llamado "nuevo contrato social". Segundo, por la clara y decidida voluntad del gobierno francés de hacer del diálogo social un arma contra la crisis y un instrumento para repensar Francia juntos, esencialmente con el diálogo de los agentes sociales. Y tercero, considero necesario el estudio y consideración del método utilizado para la gestación del Acuerdo, que se inició reuniendo a más de 300 representantes del Gobierno, los sindicatos y la patronal en una Conferencia Nacional, con el objetivo de trazar una hoja de ruta común que definiera las líneas maestras del diagnóstico compartido de la situación del país a corto y medio plazo. El plan anunciado por el Gobierno de Francia es utilizar el Consejo Económico y Social para discutir y desarrollar los grandes bloques de la política económica francesa: empleo, sistema productivo, igualdad de mujeres y hombres, industria.

La diferencia más importante en esta materia entre los dos países reside en las concepciones tan diametralmente opuestas entre el Presidente de Francia y el de España, el primero porque entiende imprescindible, como definió gráficamente, que para resolver los problemas de su país es preciso "quitar el barro de los engranajes que paralizan la maquinaria francesa y que necesitan de un alto el fuego entre sindicatos y empresarios" y el segundo, Mariano Rajoy, quien desde el día de su elección se ha dedicado a tirar toneladas de arena a los engranajes de la maquinaria de las relaciones laborales española despreciando el diálogo social con el aplauso de importantes sectores de la patronal. Así que, bien pensado, podríamos sacar del Acuerdo (casi) histórico de nuestros vecinos franceses algunas experiencias útiles para nuestro país, cuando menos sus formas, porque el contenido seguro que lo mejoraremos con nuestra voluntad de diálogo y propuestas. ¿Por qué? Porque sobran razones: Francia 10 %, España 26,02% de paro.

El “acuerdo (casi) histórico” de la reforma laboral en Francia