martes 17.09.2019

Disculpa, dimisión o cese

Cuando uno de lo problemas de la política es la soberbia, saber pedir disculpas es un ejercicio muy saludable: “me he equivocado”, “reconozco el error”, “no volverá a pasar”, “lo siento sinceramente”,..., son palabras que pueden reflejar la condición falible pero bien intencionada de quien actúa. Solo no se equivoca quien es espectador, y quizá entonces el error es limitarse a serlo.

Cuando uno de lo problemas de la política es la soberbia, saber pedir disculpas es un ejercicio muy saludable: “me he equivocado”, “reconozco el error”, “no volverá a pasar”, “lo siento sinceramente”,..., son palabras que pueden reflejar la condición falible pero bien intencionada de quien actúa. Solo no se equivoca quien es espectador, y quizá entonces el error es limitarse a serlo.

El filósofo Karl Popper ha teorizado como el error acecha en la actividad científica, y si afecta a la ciencia, ¡cómo no va a ser habitual en la política!

El reconocimiento del error de Ponferrada por parte del Rubalcaba es bueno, acompañado de rectificación es mejor, ¿pero es suficiente en este caso? Entendemos que no.

Siguiendo con Popper, el error es consustancial a la acción humana, los datos pueden, podrían ser engañosos o las muestras tomadas pueden estar contaminadas. Si hay errores se corrigen, el error puede servir de ayuda en muchos casos. El error nos enseña humildad y nos obliga a ser más rigurosos con nosotros mismos. Pero en ciencia el error es distinto que el fraude. El fraude marca el límite del error.

El equivalente en política del fraude en ciencia es traicionar el ideario, la base moral en la que se apoya todo proyecto. Lo que se ha producido en Ponferrada no es un error es lo más equivalente a un fraude. Los errores se corrigen, contra los fraudes se actúa sancionando al infractor.

En Ponferrada, el Secretario de Organización del PSOE, Oscar López, ha sido partícipe de la acción. Se debe aceptar la dimisión o proceder al cese. Tapar o dejar correr invalida el reconocimiento del error, le quita toda credibilidad.

Sean bienvenidas las disculpas siempre que no sean usadas para evitar lo que en rigor requiere el caso: dimisión y consecuente aceptación, o cese de sus funciones. Comprendo que el cese fulminante a quien ha servido fielmente es duro humanamente, pero sin ella no se recupera la credibilidad.

El olvido de la política como instrumento para convertirla en un fin en si misma conlleva estas situaciones: en el día de la mujer se consigue una alcaldía gracias a un acosador vengativo.

Otro asunto que no debe obviarse, fundamental para la cultura de izquierda, es el derecho a rehacer su vida del condenado una vez que ha cumplido la pena. El exalcalde ha cumplido con la ley, ¿pero ha cumplido moralmente disculpándose con la persona a la que a acosó?, ¿ha mostrado alguna vez arrepentimiento?¿Se debe volver a otorgar poder a quien ha abusado de él?

El argumento de que gracias al acuerdo de Ponferrada hay un acosador menos en política es un agravante: se reconoce la gravedad del hecho y se retuerce la razón. Triste.

Sígase el camino del reconocimiento de los errores pero no úsese como mal menor cuando las medidas requeridas son otras.

Disculpa, dimisión o cese