…A veces madre y siempre madre madrastra

goya

Españolito que llegas al mundo….

Pareciera como si el “que se jodan”, tuviese más rédito que el “cuenten conmigo”. Esa fatiga no hay nación que la soporte

El frentismo es un error político y estratégico de proporciones colosales. ¡Se tienden puentes! Solo existe ese camino: la mano tendida y nunca el búnker. Cuando la estrategia de Junts pel Si y la CUP se ha derrumbado contra la realidad legal y entre luchas intestinas, el pueblo catalán se muestra frustrado y engañado. Una tensa realidad divide a Cataluña en dos orillas. Ahí deben estar los puentes, si se izan, una orilla suelta amarras y ambas son arrastradas a la oscuridad de los tiempos.

Nada bueno existe en los bunkers salvo troneras y nidos de ametralladoras. Que Rajoy se equivoque es normal, no pretendamos comprender la estupidez. Que lo haga Rivera, también es normal, es más españññolista que aquel escatológico Millán Astray pero con rostro amable. En cambio no se entiende que el PSOE se alíe entre las dos orillas, una estrategia más propia de Ada Colau y su funambulismo imposible. Una muestra más de un “corta y pega” y carecer de instinto político su Secretario General, Pedro Sánchez. No es suficiente con una buena sonrisa y selfies al tanto por ciento. Confiemos en el buen juicio de Iceta y su sentido del “ritmo” político.

palomaEl pueblo español lleva más de quinientos años encorsetado en una camisa de fuerza, sujeto con nudos de monarquías decimonónicas e inquisiciones que frustraron cualquier atisbo de pensamiento ilustrado. Un país construido por la fuerza de las armas y la tortura de la fe. Quedamos desplazados a una esquina de Europa, donde la razón sobrevolaba entre páramos. Donde germinaron rencores y las envidias formaron parte del paisaje. Donde el “unos contra todos” sustituyeron al bien común. Pareciera como si el “que se jodan”, tuviese más rédito que el “cuenten conmigo”. Esa fatiga no hay nación que la soporte. Hemos generado tal cantidad de resentimientos que debemos detener esta noria de inmediato. Que deje de girar alrededor de un pivote central, por todos conocido. (Imagen: “…Cuenten conmigo.”)

Un país no se construye con Esparteros, ni se formula desde las sacristías. Este proyecto está trasnochado y, sobre todo, ha creado tal rencor entre el centro y la periferia que ya no vale como hoja de ruta. Estamos ciegos, como Edipo tras matar a su padre y casarse con su madre. Pero no contamos con la compañía de Antígona para que nos guíe, ni siquiera con Sófocles para que reescriba nuestra historia, que tiene mucho de tragedia griega pero con los pinceles de Goya.

España, camisa blanca de mi esperanza, a veces madre y siempre madrastra, navaja, barro, clavel, espada….” Blas de Otero, el genial poeta vasco, nos muestra de manera clara ese extraño sentimiento de repulsión. España no puede hacer como el poeta y exiliarse de sí misma. Nunca ha existido un problema catalán, ni vasco, ni gallego, aunque por antigüedad, a Galicia le corresponda “la mejora” en la herencia (Breogán ya andaba por allí cuando otros tiraban piedras al aire).

El único encaje posible de este trágico sudoku, en forma de país, sería tratar de aunar lo mejor de nosotros mismos y sentir orgullo de una riqueza lingüística y cultural forjada en siglos de historia. Aunar voluntades será indispensable, si alguna posibilidad existiera todavía, aunque comienza ya a ser tarde para intentarlo. De lo contrario, démonos la mano y sonriamos, que más vale un vecino bien avenido que una trinchera con alambradas de espino en forma de odios.