¿…Y usted por dónde andaba, aquel 23 F?


-Don Faustino Muñoz García
-Si
-Don Joaquín Muñoz Vidal
-Si
-Don José Nasarre Ventosa Conde
-Si
-Don Carlos Navarrete Merino
-No
-Don Manuel Núñez Encabo

….En estos momentos se ha oído un disparo… o un golpe muy fuerte en la Cámara. No sabemos lo que es, porque La Policía, la Guardia Civil entra en estos momentos en el Congreso de los Diputados. Hay un teniente coronel que con una pistola sube hacia la tribuna…en estos momentos apunta…

QUIETO TODO EL MUNDO…!

…Es un guardia Civil. Entran más policías…Está apuntando al Presidente del Congreso de los Diputados con la pistola... Cuidado…La Policía…

AL SUELO! ¡AL SUELO TODO EL MUNDO!

…No podemos emitir más porque nos están apuntando…

AL SUELO!... ¡AL SUELO!... -Ráfagas de disparos- …

-No intentes …nar a la cámara, que te mato. ¡Desenchufa eso! ¡Desenchúfalo!…

                (Relato literal de la emisión en directo de la Cadena Ser, la tarde del 23F)

                ¿Pero qué coño está pasando ahí?... ¡Esto no puede ser cierto! ¡La Guardia Civil en el Congreso! ¡Tócate los cojones, un golpe de Estado…!

Grité con desesperación. Ira y cautela se instalaron al unísono en mi razón. Regresaba de Santiago de Compostela, tras pasar el día inspeccionando unos trabajos. Viajaba en mi coche por la Autopista, a la altura del Área de Servicio de Ordes, en dirección A Coruña. Iba escuchando tranquilamente la radio, la Cadena Ser, que retransmitía en directo las votaciones desde el Congreso de Los Diputados. Serían alrededor de las seis y veinte de la tarde de aquel fatídico día, 23 de Febrero. Existen datas que no precisan más datos del calendario. Tienen personalidad propia y el año en el que ocurrió el suceso, pasa a ser secundario.

23F 1

”…para que no te olvides…”

23F o la crónica de un golpe anunciado y no evitado. En un lugar… Donde las esquirlas del techo del Congreso se mantienen vivas…”para que no te olvides…”

Decidí no pasar por la Oficina e irme directamente a casa, en Riazor. Llegué alrededor de las siete de la tarde, saludé a mi pequeño, a su madre y encendí de inmediato la televisión, al tiempo que sintonizaba la radio. Estuve sentado en aquel sofá hasta las nueve de la mañana del día siguiente al 23F. Decidí ducharme e ir al Despacho. Sabía que el día iba a ser largo. Nunca supuse que la oscuridad de aquella agitada noche llegaría hasta nuestros días.

Le llamaron la noche de los transistores. Incluso “butanito” -el poliédrico José María García- se convirtió en improvisado reportero político, a pie de valla, al lado de Neptuno.

23F o la crónica de un golpe anunciado y no evitado. En un lugar… Donde las esquirlas del techo del Congreso se mantienen vivas…”para que no te olvides…”

Mi memoria sobre aquel vergonzoso suceso se mantiene intacta, fresca como pez en anzuelo. Al poco de llegar a casa hice dos llamadas. Una a Santiago Compostela, precisaba localizar a alguien, y la otra a Oporto, era prioritario mantenerme en contacto con unos amigos portugueses. Pasadas las cuatro de la madrugada volví a repetir ambas llamadas, mostrando una cautela activa, pero desactivando posibles escapes improvisados. Carecía de garantías de que mis antecedentes penales, de pasados disturbios universitarios, hubieran sido eliminados, en conformidad con las órdenes emitidas, meses atrás, por la Dirección General de Seguridad a todas las Comisarias de España. Vieites, un conocido de la infancia, Subinspector de la Brigada Político/Social, nunca me aseguró que aquellas fichas fuesen destruidas... Ante la duda, la cautela era imprescindible.

Todo lo que se pueda elucubrar es historia pasada, contada por distintas fuentes, que beben de diferentes manantiales.

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-actores de un relato inacabado y censurado-

Tejero y su “Galaxia consentida”, Armada y su “elefante blanco”, Miláns del Bosch y sus tanques valencianos, Pardo Zancada y la acorazada Brunete, Sáenz de Santamaría “El botones del Palace”, García Carrés y su “Arriba España, coño”, Fernández Campo y su “…no está, ni se le espera”… Sólo son actores de un relato inacabado y censurado. Las salas de banderas de los cuarteles marcaron los límites, bajo amenazas de ruidos de sables.

Han transcurrido treinta y siete años desde aquella tarde en la que el “caballo de Espartero” se convirtió en Tejero. Mucho se ha escrito, mucho se ha dicho. Nunca sabremos la realidad que escondían aquellos visillos golpistas. Nunca conoceremos las verdaderas razones de la inexplicable demora del comunicado real en TVE. Siete horas son más que un Telediario…

Aquel Rey ha pasado a ser “emérito” y su hijo Felipe, sin más mérito, ha pasado a ser Rey.

Aquellos que ya vivimos en el ático de la vida miramos al pasado con la sonrisa de la experiencia y el relato de un tiempo ya transcurrido, con el riesgo evidente de pasar a ser el narrador de mil “batallas”. Por cierto, por si ya peina canas ¿…Y usted por dónde andaba, aquel 23 F?