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domingo. 03.07.2022

Rafael Catalá y el Estado de Derecho en entredicho

moncho

El Poder Judicial pasó de puntillas, sin filtros ni cuarentenas, no hubo ningún problema en premiar a jueces del TOP, el maldito Tribunal de Orden Público, accediendo al CGPJ o al Tribunal Supremo. Nunca rompieron aquel juramento: “Fidelidad a los principios generales del Movimiento Nacional”

El Ministro Rafael Catalá se sube a la grupa de la Judicatura y destroza cualquier atisbo de Independencia Judicial, su objetivo es sembrar de docilidad al aparato judicial y así poder atravesar el Partido Popular la alambrada de espino de corrupción que le rodea. Amonesta a las fiscales Carmen García y Teresa Gálvez, que osaron involucrar al Presidente de la Comunidad de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, en “un plan criminal”, con una bronca de Telediario y cese a seguir. Manuel López Bernal, el ex fiscal Superior de Murcia denunció las presiones que están sufriendo los fiscales. Para redondear el círculo de la infamia, se nombra fiscal anticorrupción a Manuel Moix, un fiscal ultraconservador, un guante de seda en la mano de los macro juicios que le aguardan a la cúpula popular.

Para hacer posible tanta infamia, Consuelo Madrigal fue cesada de manera fulminante por Rafael Catalá, el quebrantahuesos del Gobierno, al negarse, esta, a ceder  a las presiones que ejercían sobre ella, conculcando la Independencia judicial requerida, para realizar nombramientos en puestos relevantes de la cúpula de la Fiscalía. Se negó a sustituir a Javier Zaragoza en la Audiencia Nacional, se mantenía en su puesto desde el año 2006. Se mantuvo firme en su postura al no apreciar razones fundadas que justificaran la renovación del cargo. Muerto el perro se acabó la rabia, El Consejo fiscal nombró a Jesús Alonso como nuevo fiscal.

El Gobierno nombra a José Manuel Maza, nuevo Fiscal General. El tercer fiscal general durante los gobiernos de Rajoy. Eduardo Torres Dulce dimitió a finales del 2014 por severas discrepancias con el gobierno popular, reclamando independencia. La Señora Madrigal ha permanecido poco más de dos años. Semeja ser un cargo no apto para personajes íntegros e independientes.

¿Quién es José Manuel Maza? Como magistrado Sala de lo Penal del Tribunal Supremo juzgó, junto a otros magistrados a Baltasar Garzón, por intentar investigar los crímenes del franquismo. El ex juez fue absuelto, pero Maza hizo un voto particular escandaloso. Una auténtica oda al franquismo y a su régimen. Representa el ala más conservador de la judicatura, aquella a la que el franquismo revistió de inmunidad para que no fuese filtrada por la Transición, El Poder Judicial pasó de puntillas, sin filtros ni cuarentenas, no hubo ningún problema en premiar a jueces del TOP, el maldito Tribunal de Orden Público, accediendo al CGPJ o al Tribunal Supremo. Nunca rompieron aquel juramento: “Fidelidad a los principios generales del Movimiento Nacional”. Magistrados contaminados en origen, un estamento, la Judicatura, con fuertes raíces clasistas, incluso parentales. Abrirse paso con el prestigio del trabajo realizado es rechazado por las componendas y las cuotas de poder. Y si hablamos de Magistradas, de mujeres profesionales asumiendo el ejercicio de su carrera, lo tienen más crudo que la mojama. No hay más que ver la composición del Tribunal Supremo, incluso la del CGPJ. Es más sencillo ser minera, astronauta o peona de albañil, que acceder a la cúpula judicial en primera persona del femenino.

Malos tiempos para el Estado de Derecho, forzado al entredicho, privilegiando a la monarquía con medidas cautelares bochornosas. Sólo entran en la cárcel los pringados, los deudores de 80 € y Bigotes amortizados. Se está sometiendo a tal nivel de estrés a las instituciones que a nadie sorprendería que se declarase la situación de Estado Fallido…

¡No hay tiempo que perder! ¡Tonto el último!, piensan en Génova. Con Ciudadanos haciendo de aguador y el PSOE en viacrucis permanente, la osadía de Rajoy y su banda se ha tornado galopante. Incluso exigen devoluciones de fianzas en B, por el pago de reforma de la sede. El Estado de Derecho en entredicho, al pie de los caballos de Catalá, tras los que el césped de la democracia es víctima pasiva, en fraude de Ley.

Rafael Catalá y el Estado de Derecho en entredicho