¿Por quién doblan las campanas en El Tarajal?

María del Carmen Serán, en funciones de jueza, ha decretado el sobreseimiento del caso contra 16 guardias civiles por delitos de lesiones y homicidios, tras la muerte de 15 personas, en riesgo de ser inmigrantes, el 6 de febrero de 2014 en aguas fronterizas a Ceuta, en un intento de entrada repelido por el Instituto Armado con pelotas de goma y botes de humo.

Pongamos que hablamos del Caso Tarajal y la muerte de 15 seres humanos…

tarajal

Urge que Europa revise este crimen impune.

Podemos ver reflejadas en el auto expresiones y  absurdos fundamentos de derecho que apartan del recto proceder a la jueza y la sitúan en el campo del fraude de ley, en connivencia flagrante  con los supuestos referidos por el Ministerio del Interior. Síganme…

“Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil”

…Y prosigue en su auto:

“Los inmigrantes no eran personas en peligro en el mar que precisasen ayuda en el sentido referido en el Convenio Internacional para la seguridad de la vida Humana en el mar (SOLAS) y la Convección Internacional sobre SAR Marítimo”.

Permítanme cerrar este macabro y sonrojante relato…:

“…por la data de las muertes y de las fechas en las que fueron apareciendo los cadáveres no se puede afirmar que los fallecimientos se produjesen el día 6 de febrero del 2014 con motivo del intento masivo de entrar en territorio ceutí, ni siquiera el primer cadáver”

Poco tiempo más tarde se producen curiosidades coincidentes…:

tarajal2Una instrucción interna de la Guardia Civil prohibió expresamente el uso de estos elementos (pelotas de goma y botes de humo) en el agua, tras las muertes producidas aquel fatídico 6 de febrero de 2014. (En la imagen: Impactos de pelotas de goma).

No pretendo recrear unos sucesos infames. No pretendo caminar sobre aquellos instantes donde unos inmigrantes eran víctimas del tiro al blanco, con pelotas de goma y botes de humo. Quizás, estos botes se usaron además, para que los asfixiantes gases enmascararan unas imágenes, que pusieron luz sobre las tinieblas. Víctimas inocentes, sujetos pasivos de un Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, culpable de homicidios múltiples, junto a su colaborador, el falangista ferrolano, Arsenio Fernández de Mesa, quien recibió en compensación por los servicios prestados, un mullido sofá en Red Eléctrica Española, con el generoso salario de 175.000 Euros anuales.

En aquellos tiempos del gobierno de Rajoy éramos testigos de cómo se saltaban las normativas europeas en materia de DDHH, que impiden las “devoluciones en caliente”. Pues no sólo eran “en caliente”, también lo eran “en mojado”. Al tiempo que se declaraba territorio español todo aquello que se encontraba tras el culo del ministro. Ministro que, tiempo más tarde, tras misa de diez y ostia entre los labios, se dedicaba a delinquir en despachos mal insonorizados, en conspiración catalanofóbica.

Los muertos del Tarajal fueron víctimas de dos Estados represores, el marroquí y el español. Fueron asesinados en caliente y los supervivientes devueltos “en mojado”.

Mintieron en sede parlamentaria. Los verdaderos culpables no son la tropa que acataba órdenes, son aquellos que se pasean por pasillos, al amparo de magistrada en espera de mejora.

Tras cuatro años de maniobras de distracción, somos testigos atónitos de una sentencia emitida por una Juez, María del Carmen Serán, que será lo que ella quiera, menos imparcial y justa. Recaerá sobre sus espaldas, para siempre, el “valor añadido” de una sentencia.

Espero y deseo fervientemente que estos criminales sucesos lleguen a las máximas instancias europeas y un Tribunal, fuera del alcance de las redes clientelares gubernamentales españolas, devuelva la verdad a las aguas del Tarajal. Otorgue el sello de inocentes a aquellos seres humanos, víctimas de comportamientos xenófobos y criminales.

Quizás en algún rincón de aquellas aguas sin fronteras se siga oyendo el tañer de las campanas, que no tocan a muerto...Sólo es el sonido metálico de la Injusticia.