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viernes. 09.12.2022

Del “no tinc por” al “bueno, pues molt bé, adiós”

rambla gente

Toda Europa asiste conmocionada a los crueles sucesos ocurridos en el Paseo de Las Ramblas de Barcelona y los posteriores en Cambrils. Se repite el terror, sólo cambia el escenario. Asesinatos encadenados “low cost”, sin más razón que la sinrazón. Un yihadismo importado de tierras lejanas, herederos de batallas vergonzantes que Occidente inició para vender, sin vencer, para así continuar vendiendo armamento.

El terror de la muerte se ha instalado en muchas ciudades europeas, al modo “Todo a Cien”, sin AK-47 o Kalashnikovs. Esas armas, y otras más atroces, quedan reservadas para las trincheras en Oriente Medio. Allí donde los muertos no tienen derecho al minuto de silencio. Sólo forman parte de las frías estadísticas. Son los daños colaterales del mercado de la muerte. Cambiamos petróleo por armas.

¿Alguien recuerda algún atentado en Arabia Saudí, Qatar, Dubái, Kuwait, Emiratos Árabes…? La respuesta es sencilla: Pagan al terrorismo de ISIS para no ensangrentar las alfombras de sus Centros Comerciales para disfrute de la Jet-Pig. El terror que baña las calles de Europa son las cartas credenciales de protocolo entre realezas.

Barcelona, al igual que sucedió en otras ciudades, ha dado un magnífico ejemplo de serenidad. Un sentimiento de solidaridad recorrió sus calles y plazas. Una inmensa manifestación gritó al unísono: “NO TINC POR”.

El mensaje fue alto y claro. Esta hermosa ciudad ha vuelto a demostrarle al mundo de lo que es capaz.

Van transcurriendo los días y se van despejando incógnitas. Van quedando al descubierto las miserias humanas, los adoctrinamientos de jóvenes musulmanes, casi niños, impartidos por pseudo-imanes, perfectamente localizados, aunque sin identificar. De no ser por la tragedia causada, podríamos calificar de grotescos los medios utilizados, más propio de reyertas callejeras entre pandillas rivales.

Pero no, no ha sido así, ha sido muchísimo más. La realidad oculta, aquella que pretenden enmascarar entre ruedas de prensa y reuniones de pactos sin pacto, asoma verdades que nadie quiere asumir. Nos venden, sin sonrojarse, un éxito sin precedentes en la lucha antiterrorista. Dicen que la colaboración ha sido perfecta. Aplausos al aire y, discúlpenme la expresión: “Como si las fuerzas de orden público obtuvieran tal éxito que las víctimas quedasen en un segundo plano”. Es indigno el comportamiento de los responsables políticos.

Nos están mintiendo sin el menor pudor. Sin sonrojarse, van narrando unos acontecimientos que la realidad pone en entredicho.

Seamos claros: No hubo colaboración entre las diferentes fuerzas de seguridad, los sindicatos lo avalan. La comunicación con Europa fue ninguneada. Jueza puesta en entredicho por alertar de terrorismo. No ha existido ninguna acción preventiva, los acontecimientos iban superando a las fuerzas de seguridad. Prefiero no extenderme en la contundencia de las bajas terroristas. Es delicado y puedo herir sensibilidades.

Un Consejero de Interior que reparte nacionalidades ad hoc entre los asesinados en Las Ramblas. Unos aprendices de guardianes del Gulag, ponen CUP-o al derecho de admisión en la manifestación de este sábado. Por último, para emponzoñar más el ocaso, comienza “la guerra de las lenguas”.

Ruedas de prensa con más de un centenar periodistas extranjeros, que asisten atónitos a declaraciones con doblaje, incluso “triplaje” -disculpen el palabro-. Es penoso que lo más importante, un twitt que ha barrido, sea una frase del comisario jefe de los Mossos d´escuadra, Josep Lluis Trapero, reaccionando ante un periodista que abandonaba el recinto, al no soportar más aquella pantomima. Recuerden: “Bueno, pues molt bé, adiós”

Hace unos años ya, durante una estancia en Sabadell, entré en una librería para comprar la prensa, era un domingo cualquiera. Tras elegir un par diarios, con sus suplementos, me dirijo al empleado de la librería y le pregunto por el importe de la compra. Este señor, creo que era el propietario, me respondió en catalán. No me pareció correcto, yo le había hablado en castellano. Insistí en requerir una respuesta. Sin inmutarse, volvió a responderme en catalán. Hice un tercer intento con similar resultado. Con los diarios bajo el brazo, medité la situación y, sin más, decidí abandonar el local sin haber abonado los ocho euros que me habían reclamado, por triplicado. La reacción del librero fue inmediata: ¡”Ehhhh, óigame señor, tiene que pagarme los ocho euros por los periódicos”! Ahora sí, en perfecto castellano. Volví sobre mis pasos. Rescaté de mi bolsillo el importe reclamado y, tras mirarle fijamente a los ojos, añadí: “Disculpe, no le había entendido. Bon día, senyor”.

Hasta aquí la anécdota. Que cada cual ocupe su asiento. Por mi parte, me dirigí a la cafetería que había enfrente y leí la prensa, entre las migas de un delicioso pa amb tomàtec.

Toda mi admiración, cariño y empatía por el pueblo catalán. Un recuerdo especial a mis amigos de Barcelona, de los que tanto he aprendido. Respeto sus ansias de catalanidad.

Rechazo, deploro y muestro el mayor desprecio por una clase política, con honrosas excepciones, que utilizan, por ambas partes, a una ciudadanía que ya está harta de que le mientan al capricho de: “cuanto peor, mejor”.

Del “no tinc por” al “bueno, pues molt bé, adiós”