domingo. 21.07.2024

Hello Brexit. Good bye TTIP

BREXIT

Una frase se hizo famosa en los partes de guerra, durante la 2ª Guerra Mundial, incluso Winston Churchill -con un sentido del humor impropio de aquellos tiempos- se la atribuía como propia, cuando en realidad fue un titular de The Daily Mail, a propósito de la climatología: Niebla en el Canal, el continente aislado. Los europeos, los españoles, ocupados con fosas comunes y poetas entre las tinieblas de recodos inconfesables, atribuimos aquella frase a la flema inglesa y a su peculiar insularidad, un tic propio de imperios pasados. Han pasado los años, lustros, décadas y ese gesto se mantuvo e incrementó, pasando a ser un signo más de los británicos, al mismo nivel que el té de las cinco y las chaquetas de cuadros insufribles, a prueba del esperpento.

Formar parte de Comunidad Económica Europea fue un parto difícil, controvertido y con muchas aristas, tantas que la Dama de Hierro, Margaret Thacher, logró lo impensable: el cheque británico compensatorio, por formar parte de la Europa de los mercaderes. Tiempos aquellos difíciles para los derechos individuales y sociales, con Reagan al otro lado levantando tempestades. Ambos eran la horma de un mismo calzado: la bota hermética Neocon. El laborismo, de manera pusilánime, intentó suavizar y relativizar el sentimiento antieuropeo con gestos de cara a la galería y así lo han pagado, arrinconados entre sus propias contradicciones. Nadie duda ya de que aquellos polvos se convertirían en estos lodos. El Reino Unido nunca atravesó el Canal, pasando de ser imperio a fiel aliado del yanqui, su antigua colonia. Seguirían tomando whisky aunque, a veces, fuese de Kentucky. Denuestan ser europeos y el continente mira hacia otro lado -cosas de los ingleses- rumorean por Bruselas.

La crisis económica, los errores dramáticos de la UE, apostando por políticas restrictivas ruinosas para sus miembros más débiles. Schengen saltando por los aires, víctima colateral de xenófobos encriptados, toda una tormenta perfecta se ha instalado entre Dover y Calais, amenazando con pasar del GREXIT al BREXIT. El Reino Unido pretendió resolver el problema europeo con “menos Europa “y de tanto tensar la cuerda se ha llegado al descaro indignante de la “asimetría en derechos individuales”. Las cosas por su nombre: David Cameron logró restringir los derechos sociales de los europeos al pisar suelo británico. El acuerdo logrado fue la espita que abrió una “caja de Pandora” que nadie pretendía abrir y que, entre todos lo lograron: la consolidación del “EXIT” paulatino de las islas.

Mientras, somos espectadores en primera fila de un genocidio de refugiados que huyen de guerras fomentadas por Occidente y alimentadas por el Zar, Putin I, desde su Palacio del Kremlin, respaldando a sátrapas y ajustando cuentas con turcos que masacran kurdos, al amparo de silencios vergonzosos. Unos descerebrados yihadistas portando armas humeantes con olor a Occidente y petrodólares, completan el delirio del terror. Los responsables rodean a la moribunda Europa: Angela Merkel, rehén de sí misma y en huida libre cerrando fronteras; Françoise Hollande, la frustrada esperanza blanca socialista, convertido en una marioneta con revueltas sociales de calibre similar a aquellos lejanos tiempos de Mayo del 68. Por no hablar de nuestro presidente en funciones de gobierno, Mariano Rajoy, arrastrado por el ridículo de sus intervenciones y apostando por el “repetir”. Un individuo mimetizado, sometido a su propio ridículo y que compra el “cuponazo” de los viernes -alguien le dijo que eso le resolvería la situación-. Siempre le quedará el vaso, el plato y el alcalde. Al tiempo que el país se ve sometido a un estrés que recuerda tiempos lejanos, confiando que no sea preciso aquello de: “a la 3ª va la vencida”.

El proyecto europeo es insostenible mientras la excepción sea la norma y ésta no se cumpla. El acuerdo con los británicos es un cúmulo de excepciones adaptados al posibilismo dialectico que sirve de referente para otros socios tales como Noruega, Polonia, etc. Los ciudadanos europeos somos los grandes rehenes de esta UE que privilegia a los oligopolios y servil con los poderosos grupos de presión. La inestabilidad social precisa frenar toda costa el acuerdo que tratan de lograr en insonorizados despachos, el TTIP, cuya puerta de entrada es Gran Bretaña. El gran Minotauro del siglo XXI se mueve entre el Wall Street neoyorquino y la City londinense.

Esta Europa moribunda, envejecida y trufada por elementos neocon, precisa una refundación, un cambio radical en sus principios, con los ciudadanos como razón de ser. Quizás en algún sitio y en alguna parte se comienza a gestar el mejor de los acuerdos posibles: Good Bye TTIP. Hello BREXIT.

Hello Brexit. Good bye TTIP