lunes 30/11/20

¡Votar, votar y votar!

Como dice el refrán: “la cabra siempre tira al monte”, impedir la participación política de los ciudadanos inmigrantes es una piedra en el zapato de cualquier proyecto aglutinador y  transformador

La política es  participación, implicación y compromiso. Cuando es así, el hecho político en  general e ir a votar en particular deja de ser solo el ejercicio de un derecho para convertirse en un instrumento de lucha y de cambio. 

Acudir a votar el próximo día 26 de mayo es un imperativo democrático tan necesario y decisivo como lo fue el voto en las últimas legislativas. Los resultados del pasado 28 de abril supusieron un alivio pero  de relativa satisfacción, porque no es permitido pretender vivir de las rentas y mucho menos dormir  en los laureles. Las derechas están al acecho y van a tratar de recuperar el poder en las administraciones locales y autonómicas, y de conjurar la formación de un  grupo reaccionario en el parlamento europeo que sirva de base para la extensión de sus sombríos propósitos.      

Hay que mantener la movilización intacta y puesta a punto, en primer lugar para dar consistencia y continuidad a la reconciliación de los ciudadanos con la política. En estos momentos este hecho por sí solo  supone un logro de gran valor porque pone coto a los que denigran a la política con sus prácticas,  sus planteamientos y doctrinas, al tiempo que dignifica a los que hacen de la política el arte de servir a los intereses colectivos.

En segundo lugar, hay que mantener la movilización para defender las conquistas, las libertades, los derechos sociales, el feminismo, el pluralismo, la diversidad, la igualdad, el medio ambiente, la solidaridad, la convivencia, la concordia, el progreso y la paz, porque los del otro bando vienen con el propósito de desmantelar todo lo que se menea con la vista fijada en el retrovisor. Ya ni se molestan en disimularlo. 

Son valores universales que costó mucho sacrificio conseguir y costará mucho más conservarlos y extenderlos. No hay que cejarse en recordarlo las veces que sean necesarias, y sobre todo no hay que cejarse en promover el activismo social y ciudadano para contener esa confabulación reaccionaria y regresiva que acecha desde muchos frentes y bandos. 

En otro orden de cosas, la humorista y economista, Marta Flich dijo recientemente en una entrevista: “los únicos que han sobrevivido a la crisis son los ricos, las grandes riquezas y las rentas de capital”. No estoy de acuerdo con esta afirmación porque los ricos son los que  han provocado la crisis y la han inducido, precisamente para multiplicar los dividendos y sobre todo para apoderarse de los resortes y engranajes del poder real para revertir la situación, imponiendo alteraciones sustanciales en las reglas del juego para reemplazarlas por otras a la medida de sus intenciones. 

En los comicios del próximo 26 de mayo no se trata solo de rematar la faena. Se trata de ensanchar todo lo que se pueda el espacio de los “progresistas, los demócratas, y las fuerzas vivas y sanas de este país”, que permita una gobernabilidad y una convivencia que no se rigen  ni se condicionan  por las citas electorales, ni por los ciclos económicos y políticos. Se trata de conseguir amplio respaldo electoral para permitir primero una gobernabilidad segura, que diera lugar, a posteriori, a la apertura de una reflexión sosegada y constructiva  sobre el proyecto de sociedad que queremos construir, donde los ciudadanos más allá de sus orígenes, colores, orientaciones, procedencias y condiciones sean el eje  sobre el cual se fundamenta y se vertebra.

Para terminar, y como dice el refrán: “la cabra siempre tira al monte”, impedir la participación política de los ciudadanos inmigrantes es una piedra en el zapato de cualquier proyecto aglutinador y transformador. Miles y miles de ciudadanos por ser de otro origen y procedencia no pueden ejercer un derecho fundamental y clave en la inclusión y la integración. Privar a los inmigrantes de votar en las elecciones legislativas hasta que tengan la nacionalidad (muchos de los cuales se les exige diez años de residencia continuada), y privarles de participar en las municipales por lo mismo y/o por la falta de acuerdo de reciprocidad  con el país de origen, es un recorrido a la inversa en el proceso de construcción de una sociedad abierta, inclusiva, igualitaria y más justa. 

Miles de ciudadanos inmigrantes en provincias como por ejemplo Almería ven cómo una fuerza política reaccionaria y racista, les pone en la diana incesantemente para conseguir votos, mientras ellos, en la mayoría de los casos en condiciones de precariedad y vulnerabilidad, son los que sostienen la capacidad productiva de la zona más rica en renta per cápita de toda Europa, recluidos y arrinconados sin  posibilidad de defenderse y menos de reivindicarse.

Siguen bajo el yugo instaurado desde los acontecimientos de El Ejido por el famoso alcalde Juan Enciso: “a partir de las 8 de la mañana todos los inmigrantes son necesarios, y a partir de las 8 de la noche sobran todos”. Este yugo rige también en otras zonas y provincias de España

Los inmigrantes, a pesar de Enciso y de Vox y semejantes, juegan un papel fundamental en la construcción y el mantenimiento del bienestar de la sociedad. Ese papel por razones objetivas va in crescendoirremediablemente, y la dependencia de los ciudadanos inmigrantes se va a ensanchar. Optar por un modelo de sociedad u otro tiene que tener en cuenta esta disyuntiva. A la hora de votar también. 

¡Votar, votar y votar!