lunes 13.07.2020

¡Marca España!

Cuando el Estado qatarí contrató a una cuadrilla de forofos españoles para jalear a su selección en el mundial de balonmano que ellos mismos organizaban...


Españoles “alquilados” para animar al equipo que juega contra su propia selección por obra y milagro de santa guita es, como mínimo, peculiar

Cuando el Estado qatarí contrató a una cuadrilla de forofos españoles para jalear a su selección en el mundial de balonmano que ellos mismos organizaban, no consideraron la posibilidad de que en algún momento de la fase eliminatoria, la citada selección qatarí pudiera tener que enfrentarse a la selección española. En todo caso les daba igual porque  piensan y actúan  de esa manera, porque están acostumbrados a conseguir lo que quieren a base de talón y fajos de billetes,  desde lo más básico hasta el alquiler de aficionados. 

Pues bien, la casualidad ha querido que a la primera de cambio España y Qatar hayan coincidido en un partido clasificatorio. Si bien es cierto que la diferencia de nivel entre las dos selecciones impidió disfrutar de un espectáculo de calidad, la verdad es que la contienda nos dejó algún momento que podríamos calificar como tragicómico, digno de ver y por supuesto de analizar.

Españoles “alquilados” para animar al equipo que juega contra su propia selección por obra y milagro de santa guita es, como mínimo, peculiar. En todo caso, no se puede dudar de su entrega dado que entre los jaleadores, los había que incluso estaban dispuestos a aprender árabe para dar mayor realismo a la parodia, y de paso, quién sabe, quizá hacerse un hueco como jaleador profesional. En todo caso, es comprensible cuando la alternativa es volver a los lunes al sol.

 Otra paradoja que nos dejó la contienda es que el seleccionador qatarí es español y  tiene un hijo que juega con la selección española. Ambos tuvieron que enfrentarse, uno por defender los colores de su país, y el otro porque es un profesional, supongo. El caso es que  entre la profesionalidad y la necesidad, los que andan sobrados de dinero tienen la capacidad de  enfrentar a padres e hijos y desnaturalizar los sentimientos y los vínculos afectivos. Es fácil imaginarse el inicio del partido con padre e hijo mirándose a los ojos y diciéndose entre sí: tú en tu sitio y yo en el mío, por obra y gracia de don dinero que Dios o Allah, guarde.  

Por lo general, el deporte es uno de los ámbitos donde se exteriorizan los sentimientos de apoyo y seguimiento con más vehemencia, a un equipo, a una ciudad y a un país. Con la excusa de la adhesión a unos colores, a unos escudos y a unas banderas, muchas veces esas manifestaciones rozan lo intolerable y lo fanático. Más de una vez, esos episodios se han visto salpicados por actitudes intolerables de índole violenta y racista.  Pero esos comportamientos, al fin y al cabo, responden a unas pautas de actuación alentadas por factores y por baremos de pertenencia,  supongamos hasta “justificados”, por la influencia que se ejerce desde el entorno, desde ciertos medios y por culpa de ciertas carencias y desatenciones.  Pero en el caso de estos forofos que estaban eufóricos por haber descubierto una nueva tendencia  “marca España” a exportar, con un devenir prometedor ante tanta falta de expectativas en el propio país,   lo irónico fue cuando se toparon con  un dilema inesperado que  les sometió a un examen  que ponía en cuestión su grado de adhesión y de pertenencia a un grupo y/o a un país y  que determinaba a su vez lo que se denomina  el apego a una identidad.  Desgraciadamente la disyuntiva pasta/identidad se cruzó por el camino.  Bruscamente se ha puesto de manifiesto que la tan glorificada identidad tiene también  precio, se compra, se vende y hasta se adecua a las circunstancias.   

No sé porqué al llegar a la conclusión de este artículo me ha venido a la cabeza ese juez de Getafe, encargado de “examinar” a los inmigrantes que desean obtener la nacionalidad española y que entre las preguntas que realiza para comprobar el nivel de adhesión a España y sus sentimientos hacia este país, está la medida de la espada del Cid Campeador o qué fumaba Valle Inclán. También me vino a la mente que todos los jugadores  de futbol de élite adquieren la nacionalidad en un santiamén mientras el resto de los mortales pasan el calvario de una espera infinita y la amargura de mirar a la cara a un juez que les dice por las claras que nunca  la van a conseguir. ¡Es una pena que en España no necesitemos importar forofos!

¡Marca España!