domingo 12.07.2020

Gobierno de coalición, una buena noticia

Por fin tenemos gobierno de coalición, el primero en España desde la segunda república. Un ejecutivo con marcado perfil progresista dispuesto a emprender una inédita y quizás inexcusable experiencia política que salga al paso de la crisis del bipartidismo por un lado, y por otro, ponga en marcha programas de gobernabilidad opuestos a las tendencias conservadoras, cuando no reaccionarias, que abundan por la Unión Europea.

Es un gobierno que surge en un complejo contexto político, que va a requerir habilidad, tesón, tino, sentido común y firmeza democrática para lidiar con las adversidades y las conjeturas, pero y sobre todo, para responder a las demandas de la inmensa mayoría de la sociedad española.

Desde una perspectiva histórica los mayores periodos de estabilidad democrática han ocurrido cuando gobernaban los socialistas, desde Felipe González hasta Rodríguez Zapatero. No hay motivo ni justificación alguna para que con Pedro Sánchez no sea igual

Para empezar urge aislarse de los chantajes y las diatribas y remangarse porque esto no ha hecho más que empezar. De la misma manera, es preciso no bajar la guardia ni un instante, porque no va a haber tregua por parte de todos aquellos que se han situado en el lado opuesto de este ejecutivo para hacerle frente después de su proclamación con la misma vehemencia de antes y durante su constitución.

No hace falta recordar la relevancia de la cuestión territorial y la conveniencia de abordarla sin complejos desde la legalidad, pero sobre todo desde parámetros que se ajusten rigorosamente a las reglas del juego democrático que imperan en la Unión Europea. Digo Unión Europea porque no es normal ni de recibo que buena parte de las decisiones judiciales relacionadas con este asunto sean puestas en tela de juicio, cuando no rectificadas, por los tribunales comunitarios. La disonancia y disensión de las decisiones judiciales españolas con el acervo legal europeo de manera reiterada es, cuanto menos, síntoma de inadaptabilidad a los indicadores de justicia que rigen en Europa. La gravedad de este hecho es motivo más que suficiente para preocupar a propios y a extraños. La preponderancia jurídica no admite discusiones y cualquier resistencia y reticencia al respeto supone otro eslabón que erosiona la aplicación del derecho, y por tanto de la democracia. Ante un ataque a la legalidad, como el que perpetró el independentismo, el Estado solo puede actuar con la ley y sin atajos.

Muchos ciudadanos están ávidos y otros tantos preocupados por el barullo político montado por las derechas y alentado por sus aliados y voceros mediáticos, que se han embarcado en una deriva de acoso sin contemplaciones para combatir a un ejecutivo legítimo y democrático.

Desde una perspectiva histórica los mayores periodos de estabilidad democrática han ocurrido cuando gobernaban los socialistas, desde Felipe González hasta Rodríguez Zapatero. No hay motivo ni justificación alguna para que con Pedro Sánchez no sea igual. Otra cosa son las realidades y los contextos políticos actuales, tanto los nacionales como los regionales y los internacionales, que no se parecen en nada con los de aquellas épocas.

Durante las negociaciones de formación del gobierno de coalición se hablaba del modelo portugués como una de las posibles salidas en los momentos de mayor titubeo; sin embargo desde ciertos espacios de la izquierda tampoco faltaron quienes volvieron a evocar “las dos orillas” de antaño, menospreciando cualquier opción de alianza de izquierdas como experiencia que merece la pena intentar. Creo que este gobierno es una conquista y una oportunidad histórica para convertir la gobernabilidad y la práctica política en una tarea noble al servicio de los ciudadanos y ciudadanas. Sólo desde esa perspectiva se puede aspirar a una mejor distribución de la riqueza, a una mejor proyección de los hechos culturales y territoriales que componen y distinguen a la sociedad española. Es más, pienso que esta coalición, desde una perspectiva progresista, es un eslabón más evolucionado que el modelo de gobernabilidad portugués. Es de justicia darles una oportunidad, apoyando en lo que se pueda y deseándoles suerte para que acierten y tengan los resultados que merecen, y de los que depende el bienestar de las trabajadoras y los ciudadanos españoles.

Para terminar, y como la cabra tira al monte, no desaprovecho la tentación de hablar del futuro de las relaciones hispano marroquíes al hilo del nuevo gobierno de coalición, máxime cuando he leído tanto aquí como en mi país algunas opiniones que contienen más recelos que razones.

Desde algunas esferas políticas y mediáticas en Marruecos abundan los prejuicios hacía el gobierno de coalición y hacía una parte en concreto. Practican la misma estrategia de las derechas españolas, de esparcir el desconcierto confundiendo la realidad con la duda y los deseos. La intensidad y la importancia de las relaciones bilaterales están en una fase de construcción y de profundización en todos los ámbitos de interés común, que supera los colores políticos del gobierno de turno en cada lado de las dos orillas del Estrecho. Este gobierno no va a ser la excepción, lamento decepcionarles. Lo que decepciona de verdad es el nivel de relaciones entre los partidos políticos y sobre todo de las organizaciones sociales, particularmente los sindicatos, que dejan mucho que desear porque no están a la altura del momento histórico, ni al nivel de las relaciones políticas y económicas de sus respectivos países, y mucho menos al nivel de los vínculos humanos y culturales de los dos pueblos.

Gobierno de coalición, una buena noticia