sábado 07.12.2019

Nuestro apoyo al cabo Santos

Comunicado Coral de los firmantes del Manifiesto en contra del franquismo en las Fuerzas Armadas en honor de su compañero Cabo D. Marco Antonio Santos Soto.

Las sanciones continuadas al Cabo D. Marco Antonio Santos Soto, han culminado, por parte de la autoridad militar, con la resolución del contrato que le unía a las Fuerzas Armadas.

Solo falta que la Sra. Ministra comparta y firme la resolución; o no lo haga.

El franquismo nació en julio de 1936 para destruir la democracia española a sangre y fuego. Fue un golpe feroz y asesino contra los valores democráticos y contra la lealtad y obediencia, debida y jurada, al pueblo español y a sus legítimos representantes.

También fue el triunfo de la indisciplina militar más absoluta.

Franquismo y democracia representan dos polos opuestos e incompatibles.

Franquismo y disciplina son antagónicos.

Esto lo sabe muy bien el Cabo D. Marco Antonio Santos Soto. No parecen saberlo, sin embargo, muchos de sus superiores.

En un país democrático como España, ser antifranquista no es una opción política. Es una obligación de todos los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones.

Por lo tanto, la sanción impuesta al cabo Marco Antonio Santos Soto por firmar el Manifiesto antifranquista es un disparate. Su justificación que se redacta así: “efectuar con publicidad manifestaciones o expresar opiniones que supongan infracción del deber de neutralidad política” no se sostiene.

La Sra. Ministra de Defensa en funciones dijo en su día, en relación con el expediente abierto al Cabo Santos, que no es adecuado que – los militares- “hagan manifestaciones políticas en ningún sentido”, y que “tienen que cumplir la Constitución hasta el final y los valores y libertades constitucionales”, añadiendo que “las frases hay que verlas en su contexto”.

Pues bien, en un contexto de amenaza de un grupo numeroso de militares de alta o muy alta graduación, retirados o en la reserva, a los valores y libertades constitucionales, haciendo del respeto y admiración al General Franco, su bandera, nace el Manifiesto en contra del franquismo en las Fuerzas Armadas, que hace frente sin tapujos a esa amenaza.

El cabo Marco Antonio Santos lo firma y lo comparte.

No es un acto partidista, es un acto en defensa de la Constitución, y del pueblo soberano.

Ha llegado el momento de que la Sra. Ministra repase y defienda sus propios principios.

Los militares tenemos la obligación de ser valientes en defensa de nuestro país. Ud. también Sra. Ministra. De lo contrario no sirve para el cargo que ostenta.

A modo de prólogo:

En el año 1936 los cabos de la Marina lucharon muy mayoritariamente a favor de la República.

En la mar y en tierra, los cabos, auxiliares, y suboficiales – principalmente los primeros- se opusieron al golpe de Estado.

En la mar, se hicieron con el mando para la República, de casi todos los buques de la Flota, desobedeciendo y anulando a sus oficiales golpistas.

A casi todos, su lealtad, disciplina, y cumplimiento del deber, les costó la vida.

Muy pocos oficiales compartieron aquella lucha.

Solo en la Base de Ferrol fueron acusados de rebeldía y ejecutados o “paseados” 42 Cabos.

Los Cabos merecen todo nuestro respeto. Nadie los ha homenajeado por estos hechos nunca.

En el día de hoy siento que el Cabo D. Marco Antonio Santos Soto los representa.

Arturo Maira Rodríguez, Capitán de Navío retirado
Portavoz del Manifiesto contra el franquismo en las Fuerzas Armadas

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La publicación del manifiesto criticando la decisión del Gobierno de exhumar a Franco demuestra lo arraigado que sigue el franquismo en las Fuerzas Armadas. Es impensable que un hecho así se pueda producir en ningún país de nuestro entorno. Si ya es sorprendente que no se hayan tomado medidas contra los firmantes del manifiesto franquista en situación de reserva, es aún más increíble que expulsen del Ejército al cabo Marco Santos por oponerse a ese manifiesto y entre otras cosas decir “salud y república”.

Se procesa a titiriteros, raperos, bromistas sobre la muerte de Carrero etc., y ahora se persigue a un militar por decir, “salud y república”, como si los militares tuviésemos la obligación legal de ser monárquicos. Estamos en pleno retroceso de la libertad de expresión, lo que demuestra una vez más que esta democracia es manifiestamente mejorable y que ha sido injustamente homologada a las democracias europeas.

José Ignacio Domínguez
Teniente Coronel del Ejército del Aire retirado

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¿Qué entendemos como neutralidad política de los ejércitos y hasta dónde entendemos que llega? ¿Desde cuándo en una democracia se castiga una crítica a Francisco Franco, traidor a España y a su juramento, quien, junto a otros militares traidores causaron un golpe de estado, una guerra civil y la muerte y destrucción en toda España de la mano de Hitler y Mussolini? Esta condena no se debe a ninguna violación de la neutralidad política, obedece a  que aún arrastramos demasiado peso de actitudes totalitarias propias de la dictadura, de ese franquismo sociológico que aún en el Siglo XXI pervive en ciertos sectores en España; y más en aquellos, como las Fuerzas Armadas, las cuales mantienen un gran grado de opacidad y de tradicional inmovilismo, y en donde los desmanes y corrupciones, que no son infrecuentes, se tapan y cubren, muchas veces por parte de los propios tribunales y auditores supuestamente responsables de evitarlos; pero que también son militares, y pueden muy fácilmente caer dentro de la rueda de corrupción y patriotismo muy mal entendido. Y a la vez, aquel que se manifiesta claramente a favor de la democracia y en contra de ideas dictatoriales, es castigado por poner en peligro ese statu quo que daña a nuestras Fuerzas Armadas desde dentro y a toda España.

Alberto Romero García
Ex marinero de la Armada

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La adhesión al Manifiesto Contra el Franquismo de Santos fue una reacción indignada a la veneración de otros militares de una figura quien él consideró faltó a los más altos valores como la disciplina y la subordinación, a sus mandos y a la voluntad emanada de las urnas.

El Ejército justifica el inicio de su persecución disciplinaria por el debate político y social en aquel momento de la exhumación del dictador por adherirse un militar en activo a un Manifiesto donde no se dice una palabra sobre ese tema. Y he aquí el dato.

Por el contrario, son los firmantes del Manifiesto de Respeto a Franco los que sí adoptaron una posición política clara coaccionando las decisiones parlamentarias.

Así, la represión a este militar nos deja en una disyuntiva difícilmente entendible cuando se da a los militares a jurar lo que se da para llegar a ser lo que son.

Sin valorar nada más, lo claro es que la acción de Santos y otros pocos ha acercado lo militar a la ciudadanía llana más que todos los actos y campañas de propaganda de Defensa desde que el ahora ya exhumado fue inhumado.

Primer tiempo del saludo, cabo Marco Antonio Santos Soto. Si ellos llamaron a Franco “Soldado de España”, tú lo eres ya de sus ciudadanos.

Un guardia civil
Comprometido con los derechos y libertades, como debiera ser obvio en un guardia civil

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La expulsión de las Fuerzas Armadas Españolas del Cabo Marco Santos por firmar un Manifiesto de condena al filo-franquismo en nuestras instituciones militares actuales, es -en primer lugar-, una muy mala noticia para las propias Fuerzas Armadas (FFAA), y, en segundo lugar, un bochorno para el país, España, al cual amamos, hemos servido, y seguimos sirviendo. Y un país -añado, para ya terminar-, que no puede identificarse con el abominable Golpe de Estado fascista de julio de 1936, mas con la legalidad democrática representada entonces por la II República española. Que fue defendida por heroicos civiles y militares también. Hoy, honor para el Cabo Marco Antonio Santos, y tristeza hacia quienes, al expulsarle, no han hecho sino debilitar a España y a sus Fuerzas Armadas.

Miguel Pastrana de Almeida
Ex-Cabo profesional especialista de la Armada española. Funcionario civil actualmente

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Por si alguno tenía dudas, la injusta expulsión del Ejército del cabo Marco Antonio Santos viene a confirmar que en el Ejército todavía perdura el franquismo. No hay más que echar una ojeada a las distintas varas de medir con las que han castigado a los firmantes defensores de un dictador genocida y a los que- como Santos- hemos firmado el manifiesto antifranquista.  Hemos querido mostrar nuestra repulsa a un asalto al poder sangriento. Hemos querido reivindicar la democracia en nuestra profesión.  La memoria de nuestros compañeros represaliados (tanto civiles como militares) cuyos cuerpos todavía permanecen sepultados en multitud de fosas comunes.

La maldad debe ser algo cíclico pues estamos en pleno auge de lo rancio. De los partidos que fomentan el odio a las mujeres, a los inmigrantes, a lo distinto y a los distintos, a la pluralidad, al progreso…

No sería de extrañar que alguno de los participantes en la cacería de Santos acabara afiliado a la ultraderecha o en el organigrama de la fundación Francisco Franco.

El expediente abierto y su resolución es una aberración. Un proceso anacrónico.La firma que expulsa de nuestro Ejército a alguien que reivindica la Democracia frente a un golpe de estado quedará para vergüenza de su firmante, de nuestras Fuerza Armadas y de todo un país.

Francisco Maceira
Contramaestre de la Armada en situación de Retiro

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La imposición, por el jefe del Estado Mayor del Ejército, de la sanción de resolución de compromiso por la conjunción de dos faltas muy graves tipificadas en la Ley Orgánica, 8/2014, de 4 de diciembre, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas, al cabo don Marco Antonio Santos Soto, vuelve a mostrar, una vez más, la imperiosa necesidad de modificar la actual legislación y normativa aplicable a los militares en relación con su libertad de expresión pública fuera del ámbito militar, reduciendo el concepto de neutralidad política a las Fuerzas Armadas como institución y no a todos y cada uno de los militares, ciudadanos de uniforme a la postre, que todavía hoy en día ven mermados sus derechos humanos y constitucionales como consecuencia de los residuos autoritarios heredados de la pasada dictadura.

Enrique Vega Fernández
Coronel de Infantería (retirado)

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Finalmente, se consuma la expulsión del Ejército del Cabo Marco Antonio Santos Soto. El mando militar se inclina definitivamente por castigar las expresiones de lealtad democrática, convalidando así las del franquismo golpista.

El procedimiento seguido contra él puede calificarse de persecución: castigado por firmar el manifiesto antifranquista, no era suficiente para expulsarlo; en vista de lo cual, el mando militar le abre dos nuevos expedientes, recurriendo a hechos que, habiendo sucedido con anterioridad al manifiesto antifranquista, no habían merecido reproche penal o disciplinario alguno. Y para que no resulte demasiado escandaloso, dado que afectan a sus derechos fundamentales, se hace por la vía disciplinaria, cuyas resoluciones están clasificadas y protegidas por la Ley de Secretos Oficiales.

De manera que el mando militar utiliza las vías más retorcidas para salirse con la suya en una controversia en la que la decisión, la expulsión de Marco, estaba tomada de antemano, laminando de camino toda seguridad jurídica y sus derechos fundamentales.

Se demuestra así que, en definitiva, lo que se persigue es dejar claro que el talante y las convicciones democráticas y populares no caben en una Fuerzas Armadas cuyos códigos morales, procedentes del golpismo militar y del fascismo, se han perpetuado en su seno hasta 44 años después de la muerte del dictador.

El hecho se entronca así con el resurgir de las fuerzas de extrema derecha, a las que varios de los militares firmantes de la "Declaración de respeto y desagravio al General Francisco Franco Bahamonde, soldado de España" han prestado su apoyo explícito, sin que ello haya causado el más mínimo rubor de sus compañeros de armas.

Entre tanta fingida indignación por el ascenso de Vox, suponemos que el Gobierno de Pedro Sánchez se estará cuestionando hasta qué punto es responsable de ello por su inacción histórica ante el desafío de los militares franquistas. Todavía está a tiempo la Ministra Margarita Robles de detener este atropello y de enviar una señal clara de que es inaceptable la imposición de criterios antidemocráticos por parte de la jerarquía militar.

Manuel Pardo
Capitán de Navío de la Armada retirado

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El Ejército de Tierra, cuya propaganda corporativa habla siempre de valores morales como el honor, ha expulsado al Cabo Marcos Santos Soto tras defender públicamente el orden constitucional y repudiar la defensa de Francisco Franco, dictador y genocida, con la que cientos altos mandos militares decidieron echar un pulso a la democracia, firmando y haciendo público un manifiesto de exaltación personal de su figura.

Así, al Cabo Santos se le depura por “la emisión pública de expresiones o manifestaciones contrarias al ordenamiento constitucional” e “infringir los deberes de neutralidad política”. Una burla cruel, como cuando en el 36, los sublevados juzgaban y fusilaban por "rebelión militar" a los militares leales a la República.

Porque quizá, para estos mandos militares el honor es solo un recurso retórico que no posee ninguna cualidad, y para ellos, los valores militares a defender sean la monarquía, la propiedad privada, la iglesia, el militarismo, el rechazo a la pluralidad democrática y cultural, y el ideal una nación uniformada y, sobre todo, defender la apoliticidad militar, que no resulta en otra cosa más que la callada adhesión a la ideología del mando y sus costumbres ajenas a la cultura democrática.

Entre las limitaciones de derechos y libertades admisibles para una eficaz defensa militar del estado, tal vez pueda encajar algo como el “deber de neutralidad”, con el que se trata de preservar la supremacía del poder civil sobre el militar, y con ello la propia disciplina. Pero, para que las Fuerzas Armadas sean neutrales no es imprescindible que los militares lo sean, al igual que para que la administración sea laica no es necesario que los funcionarios también deban serlo. Lo que debe evitarse es que la actividad política del sujeto pueda ser considerada como representativa de la administración militar, y lo evidente, es que no adquieren el mismo significado al respecto, las manifestaciones de un cabo, que las vertidas públicamente en un manifiesto suscrito por decenas de generales y cientos de oficiales, que además han ostentado representación, mando en plaza y competencia sancionadora.

Es evidente que, durante cuarenta años de democracia, el régimen disciplinario militar ha facultado de competencia para valorar a nuestros militares a un grupo de personas alienadas de la sociedad civil y absolutamente opuestas a la pluralidad ideológica y a los cambios políticos que se están dando. Estas personas, solo ellas, han gozado del poder y la plena libertad para imponer su concepto de neutralidad al ciudadano que se encuentra debajo del uniforme.

¿No representa una enorme temeridad haber dejado que la conducta y la cohesión interna de la Fuerzas Armadas se haya forjado en manos de militares contrarios a la democracia?

Es norma jurídica que, si las limitaciones no son idóneas para los fines perseguidos, son incongruentes y por tanto inadmisibles y hasta peligrosas. El consenso político de no enfrentarse con la cúpula militar ha alimentado al monstruo del franquismo en la institución militar, con sus hábitos, instintos y pulsiones, conservando todo su poder dentro del estado democrático y haciéndolo vulnerable, y esto se debe corregir.

Además, mientras a Marco se le ha provocado un daño extremo, hemos de preguntarnos si la respuesta pública de este cabo ha tenido alguna clase de impacto ideológico entre los militares o ha afectado de algún modo a las Fuerzas Armadas, como para que deban imponerle la máxima sanción posible. Y la respuesta es evidente negativa, ya que no hemos tenido relevancia alguna dentro de los cuarteles. ¿Cómo es posible tal abuso y desproporción?

Nunca hubo intención de provocar perjuicio alguno a la institución, porque nosotros, cuando nos pronunciamos contra del franquismo, éramos conscientes del alcance de esa acción, que no pretendía afectar a las Fuerzas Armadas, sino tan solo manifestar que nosotros estábamos ahí para recordar lo que sucedió y para declarar que ellos siguen ahí y no deben volver a hacerlo. Era una respuesta moral, de cara a la sociedad y por respeto a las víctimas del franquismo, ya que nosotros no las olvidábamos, ni estábamos esperando pasivos un nuevo alzamiento.

Un cabo
Firmante del manifiesto en contra del franquismo en las Fuerzas Armadas

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Como firmante del manifiesto contra la exaltación del franquismo por parte de determinadas personas ligadas a las Fuerzas Armadas, me parece indigno que un gobierno democrático mire hacia otro lado mientras se tramita la expulsión de uno de los integrantes del ejército, por el simple hecho de manifestar públicamente su opinión y rechazo al franquismo en las FFAA. No solo indigno, es muy preocupante que se permita la exaltación, por parte de personas ligadas al Ejército y la Guardia Civil, de un golpista contra la legalidad democráticamente establecida en su día, la 2ª República, y que mantuvo a España bajo un gobierno fascista durante 40 años. El cabo del Ejército Marco Antonio Santos debe de ser restituido en su honor y reintegrado en su unidad con todos sus derechos. Si España quiere ser un país democrático de verdad, tiene la obligación de democratizar su ejército y romper con su pasado fascista.

Un fuerte abrazo para Marco Santos y un gran aplauso por su valentía para impulsar los valores democráticos desde el interior de las FFAA.

Enrique Ramírez
Ex Cabo-Electrónico de comunicaciones de la Armada

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Mi más enérgico rechazo por lo ocurrido a nuestro compañero en activo.
Todavía nos queda mucho por alcanzar. Hemos evolucionado poco desde mi ya lejana estancia en la Armada.


Ángel A. Martínez Sobrino
Capitán de Corbeta retirado

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Los derechos consolidados como ciudadanos no pueden ser menospreciados en un estado de derecho democrático por una Justicia Militar totalmente anacrónica que no tendría que existir en territorio nacional en tiempo de paz.

Cabo del Ejército de Tierra

Nuestro apoyo al cabo Santos