miércoles 20.11.2019

Disciplina militar, con anécdotas

Arturo Maira Rodríguez | El Artículo 8 Disciplina, de las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas dice:

La disciplina, factor de cohesión que obliga a mandar con responsabilidad y a obedecer lo mandado, será practicada y exigida en las Fuerzas Armadas como norma de actuación. Tiene su expresión colectiva en el acatamiento a la Constitución y su manifestación individual en el cumplimiento de las órdenes recibidas.

No voy a tratar de teorizar sobre disciplina militar. Después de toda una vida dedicado a la milicia creo que me basta con revisar lo que he visto y aprendido por mí mismo.

En cualquier caso, la disciplina tiene que ver al menos con lo siguiente:

  • Mandar con responsabilidad, siempre dentro de las leyes y normas militares, y con acatamiento a la Constitución.
  • Obedecer al que se le ha dado la potestad de mandar, siempre que las órdenes no constituyan un desacato a la Constitución vigente, o a las Leyes y normas que derivan de ella.

La disciplina, como factor de cohesión que es, se establecerá en la práctica, sobre todo, con el buen ejemplo del mando, y el respeto a la dignidad y responsabilidades de todos. Debe tenerse en cuenta que los derechos y obligaciones afectan a todos independientemente de la jerarquía. Los privilegios siempre son un factor de desunión:  deshacen la igualdad que debe haber para compartir los sacrificios, los esfuerzos y los honores.

En los ejércitos de un país el objetivo general es la defensa del territorio y de sus habitantes frente a un ataque externo.

Los Ejércitos franquistas

En los ejércitos franquistas la disciplina no cumplía ninguna de estas condiciones. Tampoco su objetivo real y prioritario era la defensa del territorio y de su población. Su único objetivo era el poder absoluto sobre los ciudadanos- un Estado para los militares-.

Nacieron del peor acto de indisciplina que se puede concebir: La rebelión en armas contra el régimen legal y legítimo nacido de la voluntad democrática de todos los españoles. Los rebeldes perdieron con sus actos la potestad de mandar a sus tropas y fueron expulsados de los ejércitos.

Los rebeldes obligaron a sus supuestos subordinados, que ya no lo eran, a obedecer en el incumplimiento de las leyes. Los hicieron cómplices de su rebelión. Los hicieron cómplices de sus asesinatos. El que se negó, lo pagó con su vida.

Ahí nació el manido y desastroso concepto de la obediencia debida. Se obedece a los jefes militares y punto. Las leyes civiles tienen siempre una validez relativa. El derecho no existe.

La desigualdad entre las diferentes Clases de los ejércitos era absoluta. Los suboficiales y la tropa y marinería no pintaban nada, no se les permitía dignidad alguna, ni otra responsabilidad que obedecer las órdenes de sus superiores militares.

Y así, con la muerte del dictador llegó la Transición política, controlada desde dentro por los que tenían el poder real. Pocos cambios en los Ejércitos, nada definitivo. Cuarenta años más tarde muchos militares se declaran franquistas, y los políticos y la propia sociedad civil no reacciona.

Tenemos dentro la semilla de la indisciplina militar.

Pequeñas anécdotas

Años sesenta, un buque de guerra abarloado al muelle. Acaba de atracar después de unos días en la mar. Se instala el portalón.

Inmediatamente un marinero salta a tierra con su pequeña motocicleta, es el “cartero”. Su misión es importante. Debe recoger en Correos la correspondencia para el buque y sus tripulantes. Las noticias de las familias y los papeles oficiales vuelan con él.

Regresa a bordo. La marea está alta, y el portalón apunta hacia arriba. No es fácil subir a cubierta. Lo hace de la única forma posible, arrastrando la motocicleta a tirones. No puede mirar hacia la cubierta. El último tirón lo sube al buque, la moto detrás. Da un traspiés y casi se cae. Su cuerpo golpea al de un oficial. No se han visto. El oficial, un capitán de Infantería de Marina, se vuelve, y como un resorte le da un empellón colérico al marinero. Este humillado y dolido se retira sin decir nada.

Un guardiamarina en su primer viaje de formación contempla la escena desde el muelle. No entiende lo que ve. Siente vergüenza.

Aprendizaje de Disciplina franquista, generadora de injusticia y rencor.

Años sesenta, tres buques en un puerto español del norte de África. Los guardiamarinas hacen su viaje anual de formación.

Visita a cuarteles de Regulares y de la Legión. Pequeños despliegues tácticos de exhibición. Desfile de las tropas delante de los guardiamarinas. Pechos fuera, virilidad extrema, disciplina de movimientos apabullante. Desfile a paso legionario. Sentimiento de fuerza, de coraje, y de potencia indestructible.

Después los Jefes y los Oficiales “africanos” acompañan a los marinos a tomar una copa de compañerismo en su comedor.

La” leche de pantera” (1) alimenta los vasos. Los guardiamarinas, de menos de 18 años casi todos, sucumben borrachos uno a uno. Pocos resisten. No se dan cuenta. Es una especie de bautismo que los deja groguis, como boxeadores noqueados.

Los soldados, de reemplazo, hacen de camareros y sirven las viandas. Deben estar amedrentados y atónitos.

Cuando me despierto siento vergüenza. El barco ya navega. No sé cómo he subido a bordo.

Aprendizaje de Disciplina Franquista aplicada a los más jóvenes, generadora de unidad.

Años setenta, el dictador se nos muere. La sociedad empieza a respirar aliviada. Los militares sienten preocupación, pueden perder su poder. Su mundo se tambalea. Tratan de reforzarse como grupo.

En una dependencia de la Armada, en Galicia, se anuncian unas conferencias obligatorias para todos los jefes y oficiales. Las dará un grupo de Jefes y Oficiales del Ejército de Tierra destinados en la misma ciudad. Es obligatoria la asistencia y no se admiten preguntas.

Las “conferencias”, todas de una pobreza mental apabullante, nos hablan de la subversión que ya llama a la puerta -el conferenciante ayuda a sus palabras con golpes de llamada en la mesa-; los traidores de la UMD -Unión Militar Democrática- ya han sido juzgados -sus esposas han tenido un comportamiento chulesco durante los consejos de guerra-; Rosalía de Castro era poco más que una hija ilegítima de un cura-; y los saharauis no son más que un grupo de ignorantes manipulados. Así fue, aunque parezca increíble.

Me dolió en el alma lo de Rosalía. Aquellos bárbaros no tenían derecho a insultarla, y mucho menos en Galicia.

Por supuesto a aquellas charlas no asistieron los suboficiales y soldados. Ellos solo están para recibir órdenes.

Aprendizaje de disciplina franquista: Usted. se calla; Usted no tiene dignidad propia; Usted no opina.

Continuará…

Arturo Maira Rodríguez | Capitán de Navío de la Armada retirado | Portavoz del Manifiesto en contra del franquismo en las Fuerzas Armadas

(1) “Leche de pantera”, mezcla de ginebra y leche condensada, de efectos etílicos muy acusados.

Disciplina militar, con anécdotas