jueves 05.12.2019

El día que el orden público fue hacia la luz

Esto es una historia de grises y verdes, una historia de lucha por los derechos y libertades desde una perspectiva atípica, desde la de quienes eran la punta de lanza para reprimir las de la población. Una historia de militares y ciudadanos, ciudadanos y militares.

comisariaPartiré para desarrollar esta atípica concepción, pues lo que ocurría en el franquismo ya lo saben, de un hecho sin precedentes. Del punto de inflexión que significó una manifestación totalmente ilegal, debido a su carácter militar, transcurrida en un 17 de diciembre del año 1976, me niego a pensar en qué año de la Victoria, fecha en que efectivos del Cuerpo de Policía Armada y Guardia Civil se alzaron pidiendo escapar del control de las cúpulas militares franquistas demandando y tendiendo la mano de aquella otra España que quería avanzar. Para avanzar, juntos.

Los entonces servicios de inteligencia militares y policiales no percibieron, y si lo hicieron pecaron de abuso de confianza, unas reuniones entre miembros de ambos Cuerpos en la Casa de Campo de Madrid, en donde debatieron que todo el ideario que les habían marcado a fuego debía concluir, por ellos mismos y por todos, y acordaron manifestarlo al mundo abiertamente un día 17 tras considerar un día 15 que lo hacía coincidir con un referéndum convocado por el Gobierno de entonces para aprobar la reforma política del Estado.

Durante todo aquel mes de diciembre de aquel esperanzador año 1976 marcado por los movimientos sociales y obreros, las emisoras de los vehículos policiales no cesaron de emitir un mensaje que todos escuchaban y que no era localizable y por tanto identificables los dicentes, como las emisoras policiales de hoy día. "Todos a la Plaza de Oriente, día 17, 12 horas".

Los mandos policiales y militares y sus superiores no daban crédito. Su España Grande y Libre se les iba de las manos desde el punto que nunca hubieran creído posible.

Ni que decir tiene que fueron muchos los intentos de abortar aquello, y de las formas más innombrables que pudiera imaginar el lector.

Llegó el día señalado y unos 400 ó 500 miembros, como citaron algunos medios progresistas de comunicación, pertenecientes a la Policía Armada y Guardia Civil se congregaron en el lugar previamente fijado y leyeron un Manifiesto en donde reclamaban también derechos tan básicos como tener seguridad social para ellos y sus familias, e iniciaron una marcha por las céntricas calles de Madrid.

Aquello era demasiado, tanto que el propio General de Brigada del Ejército, que también ostentaba el cargo de Subinspector General de la Policía Armada, Jaime Chicharro Lamamie de Clairac, desde su propio coche oficial intentó detener a algunos de los participantes con la ayuda de su chófer, algo que no consiguió.

Cómo transmitiría todo un General de Brigada del Ejército franquista, acostumbrado a poderes y privilegios infinitos, esta novedad a su entonces superior e Inspector General de la Policía Armada y General de División del Ejército José Tomé Marín, y éste a su vez al entonces Ministro que quizás les suene de algo más a Ustedes, el apodado "la porra de la Transición" Rodolfo Martín Villa.

Llegaron hasta la mismísima puerta del Ministerio de la Gobernación del citado, actualmente del Interior. Empezó a lloviznar y algunos de los participantes se hicieron y pusieron un gorro de papel en la cabeza. Esta acción, tan indecorosa para un militar y tan tan civil, debió indignar aún más al General que entre los manifestantes andaba como pollo sin cabeza, que preso de la impotencia se dirigió pistola en mano hacia ellos y que perdió a continuación su engalanada prenda de cabeza dando con sus huesos en el suelo hinchándosele un ojo después. La razón puede imaginarla el lector.

Por esto el General ordenó cargar a las C.R.G. -Compañías de Reserva General- , que Ustedes recordarán como "los grises", y su Unidad de Caballería contra los policías y guardias manifestantes, que no actuaron.

Ante esta negativa de las C.R.G. ordenaron intervenir a guardias civiles, que también se limitaron a observar con los brazos cruzados lo que estaba ocurriendo.

A su vez se dieron órdenes a una brigada del Cuerpo General de Policía, -"la Secreta"-, para que hicieran fotos de los manifestantes, que salieron ¿inexplicablemente? veladas o desenfocadas.

El Mando solamente contó con las hechas por una Unidad denominada "Segunda Sección Bis" de la Policía Armada para identificar a participantes en la manifestación, que fueron posteriormente detenidos, interrogados, torturados, encarcelados, y expulsados.

policiasAquellos policías y guardias civiles, militares al fin y al cabo, no quisieron seguir siendo instrumento de represión utilizado contra su pueblo, no quisieron seguir siendo soldaditos de plomo de los militares franquistas, quisieron integrarse y caminar con sus conciudadanos anhelando la consecución de una ruptura que se aventuraba en el horizonte para un nuevo amanecer para todos.

Por aquella manifestación, la cárcel de Soria fue habilitada como prisión militar y recibió a cientos de elementos de aquellos subversivos de las Fuerzas de Orden Público, como se denominaba a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la época. Fueron torturados en cuarteles del Ejército, golpeados no sólo físicamente, sus días de reclusión comenzaban al amanecer con la sorpresiva apertura de la puerta de una lúgubre celda y un "arriba, ahora ha llegado tu hora" tras escucharse en el patio de la prisión ráfagas de disparos.

Fueron algunos de ellos juzgados y condenados por sedición militar, por insulto a superior, otros directamente expulsados, otros sancionados con meses de arrestos, igualmente encarcelados. A los que menos, tras extraerles información con torturas fueron trasladados forzosamente a otros destinos debiendo con ellos sus familias de abandonar sus vidas, donde marcados para siempre sufrieron todo tipo de maltratos, acosos y persecuciones.

En aquel acto podían verse también guardias civiles bajo las siglas de un sindicato que existía en sus anhelos, que se darían a conocer y serían igualmente perseguidos y purgados en la década de los 80, ya pasada la Transición y gobernando un signo contrario que antaño había sido perseguido e ilegalizado como lo eran ellos. Justamente, en la década de los 80, en que a mediados de la misma se propició un avance en la policía siendo refundidos la Policía Armada y el Cuerpo Superior de Policía, creado en el período transicional, en la nueva Policía Nacional desmilitarizada.

Todavía hoy, guardias civiles ingresan en prisiones militares por cosas ni tan siquiera reprochables penalmente en el ámbito civil

Hoy, en el último trimestre ya de 2019, guardias civiles aún ingresan en prisiones militares por cosas ni tan siquiera reprochables penalmente en el ámbito civil y policías nacionales han vuelto a lanzar salvas en formación militar cantando "La Muerte no es el Final" a los caídos en servicio en actos protocolarios.

Para todo esto, coincidente con el auge de la ultraderecha y con generales del Ejército que han apoyado públicamente un Manifiesto de respeto a Franco sentados en el Congreso, en este momento político de polémicas, de inestabilidades, de nuevas y polarizadas movilizaciones en las Fuerzas de Seguridad que se manifiestan como un jugoso caladero de votos, de tensiones territoriales y por exhumaciones, y con el tibio apoyo a quienes vistiendo también uniformes militares han condenado y se han declarado contrarios al franquismo desmarcándose y marcándose a su vez, espero de todo corazón que sean Ustedes plenamente conscientes.


*Un firmante del Manifiesto Contra el Franquismo en las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil como carácter militar que posee, que permanece en el anonimato. Pues así están, todavía, las cosas.

El día que el orden público fue hacia la luz