domingo 25.08.2019

Venezuela, ese país maravilloso…

Estamos ante un país rico, muy rico en recursos; y que sin embargo, lucha a toda costa, por no hundirse y no caer en la bancarrota de un sistema ineficaz y con demasiados agujeros por los que se escapan sus recursos

Hacía cuatro años desde mi última visita a Venezuela, en la que estuve recorriendo el País y sus varios paraísos escondidos…,  como Los Roques, Roraima o Los Cayos, o el pequeño pueblecito de Chuao al que solo se puede acceder por Mar.

En aquella ocasión acababan de elegir a su nuevo presidente, Nicolás Maduro, en unas elecciones en las que, todos los observadores internacionales, certificaron como limpias y sin incidencias que reseñar. A pesar de lo cual, en las calles, grupos de manifestantes pedían ya su dimisión.

Al frente de aquel despropósito político, se situaba el hoy en detención domiciliaria, Leopoldo López. Ese para quien el gobierno del  Partido Popular en España, no se cansa de pedir la libertad.

Aquellas, “guarimbas”, se zanjaron con varias decenas de muertos en las calles y varios detenidos, entre ellos el citado Leopoldo López que más tarde sería juzgado y condenado a varios años de prisión.

En esta ocasión, mi llegada a Caracas responde al interés que existe entre la opinión pública española, que comparto, por saber y conocer sin interferencias, qué es lo que ahora mismo está ocurriendo en nuestra querida Venezuela. En saber cómo se preparan las ya próximas elecciones presidenciales y legislativas, y en poder conocer de primera mano qué opinan los diversos sectores que componen la sociedad venezolana.

Un plan sin duda ambicioso para cubrirlo en los doce días que durará mi estancia en Venezuela en esta ocasión.

Mi primera impresión, es la de que sin cambios radicales en el sistema económico y social, será muy difícil lograr una transformación suficiente en las estructuras sociales y en las actitudes de las personas, a todas luces cuestión imprescindible para una nueva Venezuela.

Quizás conviene recordar llegados a este punto, que estamos ante un país rico, muy rico en recursos; y que sin embargo, lucha a toda costa, por no hundirse y no caer en la bancarrota de un sistema ineficaz y con demasiados agujeros por los que se escapan sus recursos.

Es como si no se hubiera aprendido nada de la grave crisis financiera que provocó la mega corrupción de la banca entre los años 2009/2012, y que hubo de afrontarse con la intervención de 21 Bancos, más de 50 Casas de Bolsa y siete Aseguradoras; todo a cuenta de los recursos públicos. Tal y como documentaron en su libro “Sobre cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela”,  Carlos Tablante y Marcos Tarre el año 2013 con un buen prólogo del Juez Baltasar Garzón.

A estas alturas, y con todo lo sabido sobre la actuación de las mafias organizadas, debería estarse en ese tiempo en el que, el País, sus ciudadanos y ciudadanas con el gobierno al frente, lucharan juntos por aislar a la delincuencia organizada y por mantener la independencia de sus decisiones al margen de las “poderosas injerencias interesadas” por sus recursos naturales de Petróleo y oro principalmente.

Debería estarse en ese tiempo de poder elegir a los mejores, sean hombres o mujeres, para llevar a cabo esa tarea y la ingente labor que va a exigir la necesaria transformación de la economía que Venezuela necesita.

Una economía que debe estar basada en gran medida, en conseguir a medio plazo, una importante tasa de auto abastecimiento. Para lo cual se debe suspender  la subsidiación  de los precios y se debe acometer, gradualmente, la eliminación del Ticket alimenticio conforme se normalice la situación de abastecimiento y de salarios.

De forma que los precios fluctúen en la misma banda de precios de los países fronterizos con Venezuela. Única fórmula  capaz de conseguir que los sectores productivos del País vuelvan a producir y a ser atractivos y rentables, que los productos vuelvan a los estantes de los comercios y que buena parte de la pequeña y mediana corrupción termine muriendo por, “falta de alimento y oportunidad de traficar”.

Y paralelamente se debería estar en ese tiempo en el que, el mensaje a la delincuencia organizada de todo tipo que hasta ahora ha venido campando  a sus anchas en el País, fuera claro y rotundo; con detenciones y juicios rápidos, hasta revertir los tremendos datos oficiales de que sólo  un porcentaje mínimo de los homicidios que se producen son esclarecidos y juzgados. Según los datos del Observatorio Venezolano de la Violencia, se determinó que en los tres años desde el 2010 y hasta finales del 2012, habían quedado impunes 91 de cada 100 homicidios. O sea, solo se había hecho Justicia en el 9% de los casos de asesinatos…

Y ahí siguen estando las estadísticas para cualquiera que las quiera mirar…

Venezuela, ese país maravilloso…